La Inquisición. Vergüenza de la Iglesia Católica  

 

 

 

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DEL MISMO AUTOR:

 

Los Mitos, Manipuladores Ideológicos

 

Efemérides y Semblanzas Fariegas

 

España en Puerto Rico

 

Democracia en la Iglesia Católica. Apostólica y Romana

 

Mitos grecorromanos para  jóvenes

 

Cuando un hijo se va

Ascensión Ramón Gómez. Biografía

 


Dedicatoria del Autor        

       

 

Querido Lector.

Aquí tienes este libro a tu entera disposición para su lectura. Eso sí, no está autorizada la reproducción total ni parcial del mismo.

 

Es mucho lo que se ha escrito y se escribe sobre la inquisición en general, inquisición medieval, la inquisición española, inquisición en América, la santa inquisición. No sé si aporto nada nuevo, pero he procurado estudiar el fenómeno de la Inquisición desde varios puntos de vista. Antecedentes, fundamentos mitológicos, religiosos, políticos, filosóficos y teológicos de los tribunales de la Inquisición. Su nacimiento y desarrollo. Sus recursos y sus métodos.

He estudiado de cerca varias instituciones (templarios, judíos, árabes) y casos muy especiales y notorios, víctimas de la inquisición, como los de Servet, Giordano Bruno y Galileo. Casos menos conocidos como los de Fray Luis de León, el Arzobispo y Primado de Toledo, Bartolomé de Carranza y otros.

Mi punto de mira ha estado siempre situado en el inconformismo con aquellos sucesos de la inquisición que han dejado miles de víctimas en el camino y que han lavado las mentes para ajustarlas a una única verdad. La verdad de la sumisión que tapona todo resquicio de libertad.

Este libro quiere ser un canto a la libertad que la inquisición sofocaba. La libertad de pensar siempre lo que se quiera y de hacer todo lo que no interfiera negativamente en el campo del otro.

 

Antes de abrirlo, te avanzo los contenidos más destacados del mismo


LA INQUISICIÓN Y LA LIBERTAD.
DISCUSIÓN SOBRE LOS FUNDAMENTOS DE LA INQUISICIÓN.
Zoroastro.
El Maniqueísmo.
La Alianza.
La Confesión de Pedro. Fuentes de los Evangelios .
Paulo de Tarso. El Estigma del Pecado, Instrumento de Domesticación .
Fundamentos Filosóficos: Hilemorfismo.


FUSIÓN DE LO TEMPORAL Y LO ESPIRITUAL .
Los Cristianos antes de Constantino.
La Constantinización de la Iglesia.
La Donación de Constantino. Nacen los Estados Pontificios.
Teoría de las dos Espadas.


PRECEDENTES Y NACIMIENTO DE LA INQUISICIÓN.
Los Cátaros.
Orden de Exterminio.
La Inquisición teje su Red.
Los Precursores de la Reforma Protestante.
Las Condenas.


CALDO DE CULTIVO DE LA INQUISICIÓN.
La Mentalidad Cristiana en el Medioevo .
El Estigma de Bruja: Infravaloración de la Mujer.
 El Martillo de las Brujas (Malleus Maleficarum): Fondo Misógino.
La Caza de las Brujas, Orgía de Destrucción.
Las Brujas vuelan al Sabbat.
El Ministerio del Diablo.
El Pacto Diabólico de Fausto.
Pseudoalumbrados y Solicitantes.


DESPLIEGUE DE LA INQUISICIÓN.
El Procedimiento Inquisitorial.
El Período de Gracia.
La Denuncia.
Cómo Interrogaba la Inquisición.
La Tortura.
Las Palabras en la Tortura.
Las Cárceles de la Inquisición.
Sanbenitos .
Autos de Fe.
El Terrorismo Inquisitorial.
La Hoguera.


INSTITUCIONES Y PERSONAS NOTABLES, VÍCTIMAS DE LA INQUISICIÓN.

Los Templarios.
La Trama Política y Religiosa en la Disolución de los Caballeros Templarios.
La Estratagema Política.
Orden de Arresto de los Templarios, 14 de Septiembre de 1307.

Los Judíos.
Los Judíos. Problemas de las Minoras Étnicas.
La Conspiración contra el Tribunal.
Peor que un Crimen: Un Error .

Los Árabes .
Los Árabes en España .
Los Árabes, Agentes de la Evolución Ibérica.
 
Personas Notables, Víctimas de la Inauisición.
Fray Luis de León y otros dos Agustinos, Víctimas de la Envidia .
Bartolomé de Carranza y Miranda, Primado de Toledo.
Miguel Servet, Origen de la Libertad de Conciencia.
Servet, el Lado Oscuro del Protestantismo.
Insólita Disputa Teológica con Calvino.
Giordano Bruno.
Nicolás Copérnico.
Diseño del Universo en la Edad Media.
Galileo, la Razón Humillada .
Carta del Cardenal Belarmino a Fray Paolo Foscarini.
Carta de Lorini, Dirigida al Cardenal Paolo Emilio Sfrondati.
Severa Amonestación de Belarmino a Galileo.
Y sin Embargo, se Mueve (Eppur, si Muove).
La Sentencia de la Condena.
Descartes: Inhibición Prudente.

 



OBSERVACIONES FINALES y DOCUMENTOS DE APOYO:
Impacto de la Inquisición en la Literatura y la Ciencia.
Bajo la Mirada de Bruno, Copérnico y Galileo.
El Caso Galileo y el Papa Juan Pablo II.
 



Presentación del libro en la Universidad de Puerto Rico.
El Gran Inquisidor.
Orden De Arresto De Los Templarios, 14 De Septiembre De 1307.
Defensa De La Fe Ortodoxa Contra los Errores de Miguel Servet. (Escrito De Calvino, refutado por Castellio).
Discurso De Juan Pablo II Sobre El Caso Galileo.
Fragmentos del Malleus Maleficarum.
Leyendas de Brujas.
Técnicas para la tortura.
Auto De Fe En La Plaza Mayor De Madrid, 30 De Junio De 1680.
Problema De Identidad Del Pueblo Judío.
Nuevo Tribunal. Razones Reyes Católicos Para Su Creación.
Ad Perpetuam Rei Memoriam .
Arzobispo Carranza.
Proceso De Giordano Bruno.
 

Saludos del autor

Primitivo Martínez

 

 

 

 

 

 

Presentación del libro en la Universidad de Puerto Rico


 

La Inquisición

La religión como estructura de poder


Antonio Mansilla

 

 

Difícilmente podríamos encontrar una frase que mejor pueda sintetizar el contenido de esta publicación, como la que Cervantes usa en el Quijote, al alertar a su ilustre escudero Sancho: "Con la Iglesia hemos topado, amigo Sancho".

 

El libro que hoy presentamos contiene un tema muy sugestivo, pero a la vez muy abarcador. La materia sobre la Inquisición ha sido siempre un asunto que ha captado gran interés, no sólo entre los historiadores, sino también el de otros sectores de la sociedad. Religiosos, sociólogos, psicólogos y políticos, entre otros, han hecho del tema objeto de sus investigaciones y de análisis, ya que implica aspectos de gran repercusión e interés en el ámbito humano, social y religioso. Hasta en el campo de la cultura, de la economía y de la ciencia, tuvo grandes y serias consecuencias e implicaciones la institución de la Santa Inquisición.

 

La lectura del libro de Primitivo Martínez sobre la Inquisición ofrece una amplia amalgama de puntos de vista de gran interés y sobre todo ofrece una magnífica oportunidad para la discusión del tema tan sensitivo de la religión, que para muchos y amplios sectores de la sociedad representa un auténtico tabú. Hasta esos extremos ha llegado la influencia de la religión con su notable pedagogía del miedo, la cual ha resultado ser sumamente efectiva, no sólo en los individuos, sino también en el ámbito social, político y cultural. Representa una verdadera estructura de poder. La obra está muy bien documentada desde el punto de vista histórico, filosófico, teológico y hasta bíblico y ofrece amplias perspectivas para el análisis del fenómeno religioso como instrumento de control y de poder.

 

Debido al contenido amplio y variado del libro, me veo obligado a sintetizar lo más posible, tratando de insinuar y hacer sugestiva su lectura para entrar después en el análisis del tema que considero la base del contenido de la obra. Ésta, organizada en secciones temáticas e ilustrada con un buen número de fotografías muy sugestivas, comienza con una exposición de la base ideológica con la que la Inquisición justificaba sus ejecutorias. Partiendo del concepto de religión revelada como el origen de las creencias judeo-cristianas, en las que están basadas sus ideas fundamentales, el autor expone con espíritu crítico las grandes similitudes que guardan dichas creencias con otras tradiciones religiosas anteriores, principalmente orientales, lo que hace ya cuestionable el que dicha religión tenga la condición de revelada. Primitivo señala como ejemplos el conflicto permanente entre el bien y el mal, la luz y las tinieblas, y la creencia en un dios supremo, Señor de la sabiduría. Estas y otras son ideas bien marcadas en la religión judeo-cristiana. Igualmente, señala el autor, Zoroastro ya anunciaba la venida de un Mesías o salvador (Saoshyant). Por otra parte, la narración del Génesis no es más que un recuento, no completo, de los mitos cosmogónicos mesopotámicos, caldeos y egipcios. Amenémope, sumo sacerdote del antiguo Egipto, donde era común las construcciones a base de barro y paja, tiene una máxima sagrada muy reveladora para definir la grandeza de Dios: "El hombre es arcilla y paja y Dios es su modelador". Expresión que guarda gran semejanza con la función creadora del Dios hebreo, que creó al hombre del barro de la tierra. Muchos de los mitos y leyendas sobre el pueblo judío contenidos en la Biblia, no dejan de ser meros plagios. Todo esto pone en tela de juicio la originalidad como religión revelada de estas creencias judeo-cristianas. Moisés es otra figura protagónica en la narración bíblica, que tiene también antecedentes similares. Cuenta una leyenda que Sargón, gobernante sumerio, también había sido colocado en una canasta de juncos y abandonado en las aguas del río Eufrates. Es también interesante considerar el papel que desempeña Moisés en su pueblo. Funge como intermediario entre Yavé, el Dios hebreo, y su pueblo, constituyéndose así en su caudillo. Las escenas dramáticas de su investidura como intermediario entre truenos y relámpagos, y retumbando por aquel contorno la voz divina: "No tendréis más Dios que a mí", proyectando miedo y terror, no pueden ser más reveladoras. El papel de intermediario ha sido muy frecuente en las tradiciones religiosas. Zoroastro, Buda, Ahura Mazda, Jesús de Nazareth, Mahoma, son algunos ejemplos. La misión de intermediario le faculta para hablar y actuar en nombre de Dios, lo cual le reviste de autoridad divina. Y, según cita de Martínez, "no hay nadie más peligroso que el que se cree poseedor de la ciencia divina y de actuar en nombre de Dios. Los intermediarios puentes inician su singladura y la culminan interpretando el silencio de Dios". Por otra parte, el pueblo hebreo, generalmente nómada, históricamente insignificante y pequeño, vio compensada su pequeñez al considerarse un pueblo escogido por su Dios. Esta condición le condujo a verse a sí mismo como pueblo único y además excluyente. Aún hoy, en pleno siglo XXI, sigue considerándose como un pueblo escogido y poderoso en todos los aspectos, incluso único, excluyendo a sus vecinos. No sabemos si los judíos interpretan la función de padrinazgo, que ejercen hoy día los EEUU sobre el Estado moderno hebreo, como la continuación de la mano protectora de su Dios.

 

Esta es la razón por la que el autor entiende que es necesario tener en cuenta las fuentes de las que se nutre el cristianismo, pues en ellas están basadas sus creencias y sus prácticas. Muchas de estas creencias han sido manejadas y manipuladas por determinadas agrupaciones, de tal manera, que lograron así convertirse en instituciones y estructuras de poder.

 

Las fuentes que dieron el origen y el desarrollo al Cristianismo son las llamadas narraciones bíblicas neotestamentarias o Evangelios. Estas, según investigaciones que se han realizado, fueron redactadas bastante tiempo después de la muerte de su fundador, Jesús de Nazaret. Son textos de finales del s. I y principios del II. La mayoría de sus redactores no fueron testigos directos de lo que narran. Esta circunstancia levanta serias dudas en cuanto a su autenticidad e integridad. Según estas fuentes, Saulo de Tarso es el personaje clave para entender la expansión del cristianismo más allá de las fronteras de Israel. Saulo, más conocido con el nombre de Pablo, no fue apóstol, él mismo se proclamó apóstol de los gentiles. El no fue testigo directo de los acontecimientos y doctrinas de Jesús. Contradictoriamente, Saulo, fanático judío, es el que sella un pacto con los pueblos gentiles, quienes en la tradición hebrea siempre fueron criminalizados y rechazados. Se trata de una Nueva Alianza. "Ya no habrá ni judío, ni griego, ni romano, sino unos en Cristo", dice Pablo. Aun después de su conversión al cristianismo, nunca renegó de sus creencias hebreas, manteniendo de esta manera las prescripciones mosaicas. Debido a la influencia de éstas, imprimió en el mensaje evangélico una tonalidad, en la que resalta más la justicia, que la compasión humana y el amor, aportación del nuevo mensaje de Jesús. Pablo fue el que resaltó por encima del amor, la idea de justicia y de pecado. Esto influyó grandemente en fomentar los prejuicios y aberraciones doctrinales que abundan en las doctrinas cristianas. Somos esclavos de la ley y del pecado. Verdadero estigma de la esclavitud cristiana. "Ahora bien, por un solo hombre el pecado había entrado en el mundo, y por el pecado, la muerte y luego la muerte se propagó a toda la humanidad, ya que todos pecaron". (Rom. 5,18). Es muy importante resaltar este concepto de pecado por las consecuencias negativas y morbosas que ha tenido posteriormente entre los creyentes. Ha sido y es el arma secreta de todas las religiones monoteístas para atemorizar y estigmatizar, principalmente la religión cristiana. La pedagogía del miedo. El pecado fue también el estigma religioso que la Inquisición utilizó para racionalizar sus procedimientos y justificar así sus atropellos y crímenes. Este estigma conlleva un complejo y sentido de culpa tal, que se convierte en un remordimiento continuo. Es un tormento psicológico. Es como un fuego interno que quema sin consumir las conciencias.

 

Otra base fundamental del cristianismo es el Papado. Su origen lo encontramos en la célebre confesión de Pedro, cuyo texto es seriamente cuestionado por razón de añadiduras posteriores. "Tú eres el Mesías" y lo añadido posteriormente "el hijo de Dios vivo" (Mat.16, 13-16). Este texto, ampliado con la añadidura señalada, sólo se encuentra en uno de los cuatro evangelistas. Según intérpretes reconocidos, lo añadido fue por razones de tipo apologético y dogmático. Estos antecedentes fueron, en parte, lo que sirvió de base ideológica para el origen y desarrollo de la Iglesia cristiana y dio base a los teólogos para toda la Eclesiología.

 

El autor expone algunos datos históricos, interesantes, a mi entender, para la mejor comprensión de cómo el cristianismo se fue desarrollando y extendiendo con rapidez más allá de las fronteras de Palestina. Después de sufrir largas persecuciones por parte del Imperio romano, logró adquirir legalidad con el edicto de Milán (313) de Constantino, en el s. IV. Posteriormente en el 380 con el edicto de Salónica del emperador Teodosio, se convirtió en la religión oficial del Imperio, al establecer como ley del Estado todos los acuerdos del Concilio de Nicea (325), ordenando al mismo tiempo apagar el Fuego Sagrado, símbolo de la religión pagana. Aquí comienzan los nefastos consorcios que, a través de la historia, la Iglesia astutamente ha sabido establecer con diversas estructuras políticas, obteniendo a la vez grandes beneficios económicos y políticos de toda índole. Con la famosa Donación de Constantino, la Iglesia logró convertirse en una teocracia, pues ésta le dio la base jurídica para la fundación de los Estados Pontificios. La Donación de Constantino es un decreto imperial apócrifo, atribuido a Constantino, según los historiadores. Debido a este documento, se le donaba al Papa Silvestre I la ciudad de Roma, así como las provincias de Italia y todo el resto del Imperio de Occidente, a la vez que se le reconocía como soberano. Este documento, que posteriormente fue descubierto como falso por el propio secretario pontificio Lorenzio Vall (1440), salió a la luz pública en el año 1519. No se hizo público anteriormente por miedo al Papa. Sin embargo, durante esa etapa la Iglesia Católica acumuló tal patrimonio económico y poder, que aún hoy vive de las rentas de aquel magno e infame delito. Famoso ha sido hasta hace poco el poderoso Banco del Vaticano, conocido con el nombre del Banco del Espíritu Santo, del que uno de sus ejecutivos, el director de dicho banco, apareció colgado en uno de los puentes del río Támesis.

 

El Papa y la Iglesia fueron ganando poder y prestigio. El Papa León III coronó a Carlomagno, durante la misa de la Noche de Navidad del año 800, como Emperador del Sacro Imperio romano-germánico. Las tropas francas en recompensa, pusieron a disposición del Papa una franja de tierra de 42,000 Km². en el centro de Italia. Por otra parte, el Dictatus Papae de Gregorio VII (1073-1085) constituye la proclamación oficial del Papado de una teocracia universal y absoluta. El Papa determina que su poder es absoluto y no está sujeto a ningún otro poder. No se puede olvidar que todos estos procesos se dieron en un vacío social. Se trata de una sociedad medieval, feudal. Una sociedad cristianizada en la que la Iglesia controlaba a una sociedad cautiva y fertilizada para aceptar sus enseñanzas. Una sociedad en la que, tanto la clase caballeresca y señorial como la inmensa población, estaban sometidas al vasallaje y servidumbre en una compleja red de dependencias mutuas. Esta sociedad, además, arropada por la ignorancia, la superstición, la pobreza y con grandes limitaciones, fácilmente aceptaba la promesa y la esperanza de una vida mejor que la Iglesia le ofrecía con su prédica constante en la otra "vida" del más allá. Los verdaderos valores humanos son los del alma, "porque al final de la jornada, aquel que se salva, sabe y el que no se salva, no sabe nada", según un dicho tradicional. La Iglesia sembró en todos los sectores sociales toda clase de prejuicios y contravalores. En estas circunstancias, la pedagogía del miedo cala hondo y profundo.

 

Martínez nos trae el dato de cómo Bonifacio VIII, basándose en la Donación de Constantino y con el auxilio del Derecho romano, se convirtió en jefe de Estado y, como expresión del nuevo rango, añade una tercera corona a su tiara, símbolo de los tres poderes distintivos del papado. La Iglesia, investida con estos poderes, da un nuevo paso en su dinámica eclesial: reprimir toda idea o práctica que no esté de acuerdo con la doctrina oficial de la Iglesia.

 

Primitivo analiza una de las campañas más vigorosas que desarrolló la Iglesia. Esta fue contra los Cátaros, a quienes consideraba herejes y rebeldes sociales. Para su exterminio se conjuraron la Iglesia y el Estado. En estas circunstancias, y con el propósito de mantener la "pureza de la fe y del dogma", se echaron las bases para el inicio de la Inquisición. En el año 1223 el Papa Gregorio IX promulga una bula con la que establece la "Santa Inquisición", cuya tarea fundamental sería "desarraigar la herejía donde quiera que se encontrase" y encomienda esta misión a la Orden de Predicadores de los dominicos, a quienes se les conocían como los "domini canes". La campaña contra los Cátaros se convirtió en una verdadera cacería, cuyo final fue el exterminio de la secta. La confiscación de sus múltiples bienes, aumentó considerablemente los bienes de la Iglesia. El autor describe con detalles todo este proceso. Valgan algunos ejemplos históricos. En el saqueo de la ciudad de Beziers (Francia) fueron asesinados 20,000 personas y al preguntarle al legado pontificio, el abad de Citaux, Arnaud-Amaury, cómo podrían distinguir a los cátaros de los católicos entre la población, les respondió: "Matadlos a todos. Dios sabrá reconocer a los suyos". En Bram, pueblo cercano a Carcasona, ordenaron cortar los labios y las narices y vaciar los ojos a todos los defensores de la población, excepto a uno, al que dejaron un solo ojo para que pudiera servirles de guía por aquella región.

 

El Papa Inocencio III da un paso más en la organización de la Inquisición. Logró una meta decisiva en los procesos de carácter jurídico: "La cuestión ético-religiosa de la lucha contra la herejía se transformaría en una cuestión jurídica. Por lo tanto la persecución de la herejía sería una cuestión de derecho público además de eclesiástico". El delito contra la fe debería ser considerado un pecado tan grave, que debía ser perseguido más allá de la muerte. Por esta razón, se debía proceder a la exhumación del cadáver del condenado como hereje para mostrar sus huesos que, colocados sobre una tosca plataforma, eran exhibidos en un macabro cortejo por las calles de la ciudad. El propósito de estas barbaries no puede ser más claro: "Ad majorem Dei gloriam". En el año 1231, el Papa Gregorio IX añadió, además, en la organización de la Inquisición, una red de cortes judiciales en todas las ciudades importantes de Europa. Un paso adicional se dio en el año 1252, cuando el Papa Inocencio IV publicó la bula "Ad extirpanda", con la que establece oficialmente el uso de la tortura por parte de la Inquisición. En uno de sus manuales, encontramos esta norma: "Mejor que mueran cien personas inocentes que un solo hereje quede en libertad". Con estos mecanismos la Inquisición estaba perfectamente organizada, con plenos poderes divinos, eclesiásticos y políticos, y armada, además, de toda clase de medios e instrumentos para lograr su meta: "La pureza de la fe y del dogma".

 

Especial interés reviste el capítulo que dedica Martínez a la brujería, cuyo objetivo principal fue la mujer, ensañándose con ella hasta desembocar en la bien conocida "cacería de brujas". El discrimen sobre la mujer es un tema característico en la tradición judeo-cristiana. Su origen se encuentra ya en el momento de la "creación" de la mujer por parte de Yavé. Este discrimen fue fomentado posteriormente en el cristianismo, principalmente por la actitud misógina de Pablo. Como consecuencia del mismo, todos los males se le achacan a la mujer: la brujería, los pactos con el diablo, la superstición y otras prácticas macabras. Estos prejuicios contra la mujer la hicieron víctima de oprobios, vejaciones, sufrimientos, angustias y persecuciones, a la vez de la más terrible marginación en la sociedad. La Iglesia, por otra parte, fomentó la creencia en el diablo y su relación con la brujería, achacándole a la mujer prácticas morbosas. Todo esto desembocó en una verdadera cacería de brujas que duró tres siglos y que produjo entre 70,000 y 300,000 relajados o muertos en la hoguera, según las estadísticas que aparecen en el libro.

 

La tortura es otro de los puntos sumamente interesantes que Primitivo nos trae en su publicación. El fraile dominico Nicolás Eymeric escribió el célebre Manual de Inquisidores, redactado en Avignon en el año 1376. Es un tratado que recopila detalladamente las leyes y normas inquisitoriales vigentes, que todo inquisidor debe saber y practicar. La Iglesia, una vez instalada en el Poder, se obsesionó con su magnetismo, con sus privilegios y prebendas y se arrogó el derecho de detener, interrogar y torturar, muy acorde con su pedagogía del miedo. Jesús había sentenciado: "la verdad os hará libres" y, como secuencia lógica, al interpretar la praxis de la Iglesia, se podría afirmar, según Martínez "la mentira os hará creyentes".

 

En la obra se describe en detalle los procedimientos de la Inquisición. El proceso se inicia con la denuncia, práctica muy común utilizada en los confesionarios eclesiásticos. Todo cristiano tenía la obligación de denunciar. Sometida la denuncia, seguía el tormento de las interrogaciones, en las que los inquisidores utilizaban toda clase de trucos y tretas. Como podemos apreciar, son prácticas muy comunes hoy entre los cuerpos policiales y represivos. Bien conocidos eran los utilizados por la Gestapo alemana, la GPU soviética y actualmente la CIA y otras muchas. Todas ellas han tenido un buen modelo en la Inquisición. El dominico Eymeric entiende que con el sistema de interrogatorio que se utilizaba, era suficiente para obtener la verdad solicitada "sin echar mano del potro y la tortura". Si el acusado era obstinado en su negativa, los inquisidores podían utilizar dos medios violentos: el encarcelamiento y la tortura.

 

A partir del Papa Alejandro IV, los jueces comenzaron a utilizar toda clase de torturas: la flagelación, el potro de tortura, la estrapada (torniquete) y el brasero. Posteriormente fueron añadiendo otras formas más sofisticadas, como la garrucha, el cepo, el aplasta pulgares, el tormento del agua, las tablillas, la doncella de hierro y otros.

 

Otra forma de tortura que Primitivo describe, era el encarcelamiento, que podía preceder o también como consecuencia de la confesión de un acusado de herejía. El cuadro tétrico que presentaban las cárceles de la Inquisición era uno de horror. Prisioneros macilentos aherrojados en lúgubres calabozos con la presencia de impávidos frailes sadomasoquistas trajeados con sus túnicas monacales. Al fondo de la escena, los verdugos encapuchados y rodeados de todos los instrumentos de tortura, inventados por mentes enfermas y como salidos de la fragua del horror. Juan Antonio Llorente, ex secretario de la Santa Inquisición, distingue tres clases de cárceles: públicas, en las que son encerrados los que, "sin ser acusados de crímenes contra la fe", eran simples delincuentes sociales. Familiares eran las utilizadas para los empleados de la Inquisición por haber cometido faltas administrativas. La secreta. Esta era destinada al hereje o sospechoso de serlo. Como podemos observar, el uso de las cárceles secretas, distribuidas en distintos países, no es algo nuevo para los agentes de la CIA norteamericana. Bien reciente tenemos los casos vergonzosos de Guantánamo, Abu-Ghrail (Bagdag) y otras que siguen siendo un secreto. Todo esto podía dar motivo para pensar que estos hechos horrorosos podrían ser producto de mentes desquiciadas, de algún psicópata o sociópata, o también de algún sádico, sadomasoquista, sin embargo, todo esto provino de la mente de la Santa Iglesia, de los Papas, de los Obispos, de los Inquisidores, de los Religiosos.

 

Otro medio de castigo señalado en esta publicación, fue el del célebre Sanbenito (de la palabra "saco Benito"). Este consistía en dos cruces de tela de fieltro amarillo, que se colocaban visiblemente sobre la vestimenta del acusado, una por delante y la otra por detrás. Era un castigo eminentemente social y era muy temido, pues debía acompañar constantemente al acusado, exponiéndole al desprecio y al escarnio público.

 

Una mención especial merecen los famosos Autos de Fe. Estos solían celebrarse en días festivos para asegurar la mayor concurrencia. El Santo Oficio hacía la lectura pública y solemne de los delitos y de las penas correspondientes por los que se había acusado al hereje. Se celebraban en presencia del reo o de su efigie, en el caso de no estar éste presente, de las respetables corporaciones, del pueblo y de las autoridades seculares, a las cuales se les entregaba la persona acusada o su efigie para que fueran ejecutadas las penas impuestas. La ceremonia de los Autos de fe era un verdadero espectáculo, al que precedía una solemne procesión por las calles de la ciudad, durante la cual el reo, montado en una carreta y pregonando su delito, era objeto de burlas, insultos y expresiones de desprecio por parte del pueblo. Realmente era un escarmiento que a la vez servía para atemorizar al pueblo. En una de sus páginas se narra con todo detalle uno de estos Autos de Fe, celebrado el 30 de junio de 1680 en la plaza Mayor de Madrid, en presencia del rey y de su corte

 

Es difícil comprender cómo durante tanto tiempo pudieron ser ajusticiadas tal cantidad de personas. Afirma Martínez que sólo en España y sólo por motivos religiosos, fueron quemados en la hoguera, según estadísticas de Juan Antonio Llorente, secretario de la Inquisición, 34,382 personas entre los años 1481 y 1788, a los que hay que añadir 17,690 "quemados en estatua (porque se habían fugado o fallecido) y 291,450 condenados a prisión.

 

Miguel Servet, Giordano Bruno, Galileo son casos sobresalientes en la historia inquisitorial, pues la intervención de la Inquisición contra sus personas, representó el ataque más furibundo contra la ciencia por parte de la Iglesia.

 

Un caso de gran notoriedad que comenta el autor, fue el de la Orden de los Templarios, que cayó víctima de la Inquisición. Se trata de una Orden de carácter religioso-militar. Se extendió con rapidez por Francia, Alemania, Reino Unido, España, Portugal, acumulando a la vez grandes riquezas y poder. Era la organización más grande de Occidente en todos los sentidos. Sus Encomiendas equivalían a sucursales bancarias. De hecho, fueron los creadores de la banca moderna. Quizá el único delito cometido por los Templarios fue el de haber acumulado inmensas riquezas, poder y prestigio. Sin pruebas sobre las herejías con las que se acusaban a los Templarios, un supuesto comunicado, a nombre del rey de Francia, Felipe el Hermoso y en mutuo acuerdo con el Papa Clemente V, ordena la orden de arresto de los Templarios con la consiguiente confiscación de sus inmensas riquezas. Se pretendía con esto atacar su poder con el que le hacía competencia a la Iglesia. En el año 1307, 140 templarios con su Gran Maestre fueron encarcelados y sometidos a torturas. El 16 de octubre de 1311, el Papa, indeciso y hostigado, decretó la disolución de la Orden. Y el día 18 de Marzo de 1314, el Gran Maestre, junto al mandatario Geoffroy de Charnay, fueron quemados en la estaca frente a las puertas de Notre Dame de París.

 

Otras víctimas de la Inquisición fueron los árabes, los judíos y otras minorías étnicas, a las que el autor dedica unas cuantas páginas de gran interés. Tanto la cultura judía y sobre todo la árabe fueron base importante para el desarrollo de España en todos los aspectos. "El fanatismo religioso cristiano, católico y apostólico eliminó, a sangre y fuego, dos importantes culturas de las tres existentes en España, dos pueblos que forjaron la España moderna. Un morisco exiliado en Túnez, en el siglo XVII confiesa: "Fuimos llevados a la Inquisición, donde, por no más que seguir la verdad, se nos despojaba de la vida, de nuestras propiedades y de nuestros hijos".

 

La Iglesia con su constante adoctrinamiento fomentó en el pueblo graves prejuicios, que se traducían en prácticas y actitudes negativas hacia dichas culturas, especialmente contra los judíos. Durante mi infancia me recriminaban al escupir, "porque eso sólo era cosa de los judíos". Igualmente se le señalaba con el dedo, se recriminaba e insultaba a la persona con fama de avaro, diciéndole "que era un judío." Hasta hace pocos años, en la ceremonia solemne de la liturgia del Viernes Santo, retumbaba, por las bóvedas tanto de las grandes catedrales como en las humildes Iglesias de los pueblos, incluso en la Basílica de San Pedro de Roma, el canto solemne de una de las oraciones de dicha liturgia en la que se escuchaba la siguiente súplica: "Oremus et pro perfidis judeis". El papa Juan Pablo II eliminó el párrafo de esa oración. Se llegó al extremo que el Inquisidor General Tomás de Torquemada, de ascendencia judía, obtuvo de la Santa Sede la autorización de incluir un estatuto de pureza de sangre en la Regla del Monasterio de Santo Tomás de Aquino, que él había fundado en Ávila. Muchas Universidades exigirían a sus estudiantes un certificado de pureza de sangre. La limpieza de sangre era la garantía social de que no se descendía de judíos, de moros o árabes, de herejes o procesados por la Santa Inquisición. La intolerancia hizo perder a España ricas culturas, inmensas riquezas humanas y económicas, expresa el autor. Nadie mejor para desenmascarar la ideología de la cultura única que Marx, Freud y Nietzsche.

 

El autor describe en su libro la persecución, por parte de la Inquisición, de numerosos personajes religiosos, científicos y políticos entre otros. Podemos mencionar el caso de Fray Luis de León, fraile agustino y profesor de la Universidad de Salamanca. Fue encarcelado en Valladolid por supuestas interpretaciones bíblicas no muy ortodoxas, según la mente eclesial. Envidias, intrigas y rencillas en la cátedra que ejercía en Salamanca lo llevaron a su encarcelamiento. Poéticamente expresa su sentir en una décima que escribió en su estancia carcelaria:

 

"Aquí la envidia y mentira

Me tuvieron encerrado.

Dichoso el humilde estado

Del sabio que se retira

De aqueste mundo malvado,

Y con pobre mesa y casa

En el campo deleitoso,

Con solo Dios se compasa,

Y a solas su vida pasa,

Ni envidiado ni envidioso".

 

Miguel Servet, a quien se considera como la expresión más radical a la que llegó el pensamiento religioso del Renacimiento, fue otra de las víctimas de la Inquisición. Descubridor de la circulación de la sangre pulmonar, amante del estudio de la astrología, Servet busca la renovación del cristianismo desde un ángulo antropocéntrico. Por defender la libertad de conciencia, terminó su vida atado al poste de la hoguera, con una cadena de hierro, una soga alrededor de su cuello, y con una copia de su libro proscrito colgado del brazo. La leña estaba húmeda y verde y la agonía entre las llamas se prolongó durante dos infinitas horas. Esto ocurrió en el año 1553. Voltaire, entusiasta defensor de Servet, afirmó que fue "portaestandarte de la tolerancia y de su lucha contra el fanatismo, la superstición y la violencia moral y física".

 

Igual suerte sufrió Giordano Bruno. Se le acusó de sostener teorías erróneas sobre la Trinidad, la divinidad de Cristo y la Encarnación. En el año 1600, Clemente VIII ordena se emita la sentencia de muerte. Bruno la escucha en silencio y arrodillado delante de sus jueces. Se levanta y con una mirada orgullosa y llameante, pronuncia sus últimas palabras: "Tal vez tenéis más temor vosotros al pronunciar mi sentencia, que yo al recibirla". El 17 de febrero del año 1600, en la plaza del Campo dei Fiori, despojado de sus ropas y atado a un palo, con la lengua aferrada en una prensa de madera para que no pudiera hablar, fue quemado vivo.

 

Copérnico, Ticho Brahe, Kepler, Galileo fueron igualmente objeto de persecución por parte de la Inquisición. Primitivo describe con mucho detalle el caso de Galileo. Es un caso muy particular que reviste un gran interés. Se partía de la convicción de que todo el saber está contenido en la Biblia y que todas las demás ciencias están sometidas al criterio y contenido de la Biblia en calidad de servidoras o esclavas. Pero las Escrituras sagradas no hacen ciencia, afirmaba Galileo, podrían enseñar "cómo ir al cielo, pero no cómo se mueve el cielo". El ataque a Galileo por parte de la Inquisición, representó el ataque más feroz contra la ciencia. El proceso fue bien escabroso y sembrado de tácticas hipócritas por parte de la Iglesia. El objetivo de la investigación inquisitorial no fue tanto contra la persona de Galileo directamente, pues se le consideraba un creyente cristiano y de reconocida reputación como científico en todos los ambientes, sino más bien contra sus tesis científicas. El propósito fundamental fue el de dejar bien patente el derecho absoluto de la Iglesia a intervenir en asuntos científicos. Galileo gozaba de gran respeto y hasta admiración en la Corte Pontificia, incluso del papa Urbano VIII, a quien hasta le había dedicado una oda poética. El 21 de febrero de 1632, Galileo publicó en Florencia su obra Diálogo sobre los dos sistemas del mundo", en el que se burla implícitamente del geocentrismo de Ptolomeo, poniéndose abiertamente a favor del sistema de Copérnico. Galileo es convocado por el Santo Oficio el 1 de octubre de 1632. Fue condenado a arresto domiciliario. En una sala del convento de Santa María Sopra Minerva y ante los jueces del Santo Oficio reunidos, se encuentra de rodillas y revestido con el humillante Sanbenito, un hombre de 70 años, un gran científico, que había dedicado toda su vida a la observación y lectura del Libro de la Naturaleza, escrito en lenguaje matemático. El Santo Oficio le exigió abjurar, maldecir y detestar de sus errores y herejías y sobre todo le obligan a pasar la humillación de tener que mentir expresando las siguientes palabras: "…tuve, como tengo todavía, por verdadera e indudable la opinión de Ptolomeo, o sea, la estabilidad de la Tierra y la movilidad del Sol". Esta fue su respuesta obligada. La mayor humillación a la que se puede someter a un científico. Su arresto duró ocho años y medio, pues murió en el año 1642 a la edad de 78 años.

 

La Iglesia ha tratado últimamente de reivindicar y limpiar la reputación de Galileo, sobre todo durante el presente año, Año Internacional de la Astronomía, pero de una forma tibia y achacando a las dos partes involucradas en el proceso la causa de los errores cometidos. El 31 de octubre del año 1992, el Papa Juan Pablo II, en un discurso a la Academia Pontificia de las Ciencias, dijo que se trataba de "un reconocimiento leal de los errores de cualquier parte que éstos procedieran". "El horizonte cultural de la época de Galileo era unitario y llevaba la impronta de una formación filosófica particular. Este carácter unitario de la cultura, que es en sí positivo y deseable todavía hoy, fue una de las causas de la condena de Galileo". La expresión de lo "del carácter unitario de la cultura, positivo y deseable todavía hoy", se interpreta, según Martínez, como una añoranza del poder teocrático perdido. La unidad cultural constituye la esencia del fundamentalismo religioso, lo cual es sumamente peligroso. La disculpa por parte de la Iglesia ha llegado demasiado tarde y no pasa de ser un bonito gesto simbólico.

 

Otro asunto importante discutido en la publicación es el tema de la Censura. Una orden papal, que el Inquisidor General, el Cardenal Adriano de Utrecht promulgó en 1521, fue la que dio origen a la primera prohibición de libros en España. Posteriormente, se extendería con el nombre de Índice de libros prohibidos, que tanto daño haría a la ciencia. Múltiples obras de famosos escritores cayeron bajo la censura. Guillermo de Ockam, Luis Vives, Tomás Moro, San Juan de la Cruz, Santa Teresa de Jesús, Lope de Vega, etc. son algunos de los ejemplos. Esta censura propició una práctica muy común: la quema de libros. Otra publicación haría falta para poder conocer y analizar los estragos y barbaridades cometidos por la Inquisición en nuestra América Latina.

Todos estos acontecimientos históricos de tan nefasto recuerdo, que Martínez expone de un modo bien estructurado, nos lleva a plantearnos serias cuestiones sobre el fenómeno religioso, tan arraigado y a la vez tan efectivo, a través de la historia en el comportamiento tanto individual como colectivo de la humanidad. Un fenómeno eminentemente humano que, además, ha logrado un control perfecto tanto en los individuos como en la sociedad. Es precisamente sobre este tema sobre el que trataré específicamente de exponer algunos puntos de interés para la reflexión y la discusión. En los comienzos de la obra, Primitivo trae a nuestra consideración la escena del "Gran Inquisidor", sacada de "Los hermanos Karamazov" de Dostoievski, en la que el viejo inquisidor presenta una sentencia sumamente reveladora que sobrecoge lo más profundo del ser humano: "Porque, ¿quién va a dominar a las gentes, sino aquellos que dominan las conciencias de los hombres y tengan el pan en sus manos". No cabe duda que no hay dominio más absoluto sobre una persona que el apoderarse de su conciencia.

 

En el prólogo del libro, se nos cuenta una anécdota real, pero llena de simbolismo sobre la vida del autor. La anécdota es narrada por Miguel, su compañero de estudios y autor del mismo prólogo. En ella se nos cuenta que, en una representación alegórica de los movimientos filosóficos,  Primitivo era transportado en una carretilla de mano en la que iba sentado tranquilamente, representando a Parménides de Elea. No sé qué pudo haber pasado, pero Primitivo se bajó de la carretilla y caminó por sus propios pies. El significado de esta escena me hace pensar, interpretación mía, que Primitivo supo bajarse a tiempo de la carretilla de la inmovilidad en la que iba montado y aprendió a caminar por sus propios pies, por los cauces del devenir, única forma de entender y comprender la vida desde una más justa perspectiva. Asunto un tanto traumático para los que, por necesidad de circunstancias históricas, nos ha tocado respirar y vivir esa atmósfera de la uni-dimensionalidad de la vida, sin tener la oportunidad de respirar la atmósfera de la pluri-dimensionalidad, desde donde se puede ver y analizar la complejidad de la vida un tanto aporética y a la vez dialéctica.

 

No cabe la menor duda que a través del desarrollo del tema fundamental de esta publicación, subyace claramente un discurso de trascendental importancia sobre la religión, que a la vez nos plantea diversas cuestiones. Trataré de presentar algunos puntos que considero muy apropiados para la reflexión y que puedan también generar amplia discusión sobre los mismos.

 

La religión es un fenómeno antropológico que ha acompañado a la humanidad desde bien atrás, podemos decir que casi desde sus albores. El ser humano, dotado de grandes capacidades, siempre se percibió así mismo como un ser limitado, frágil, al que se le presentan continuamente muchas y grandes interrogantes y dificultades. Sin embargo, dotado de gran imaginación, pudo crear mitos, seres fantásticos de carácter divino, que podían darle sentido a su vida y a la vez una respuesta a las infinitas dudas que levantaba constantemente su diario vivir. Pero, este fenómeno humano-religioso fue recogido, recopilado, estructurado y trasmitido deliberadamente por instituciones de diversa índole, tergiversando y mitificando dicho fenómeno religioso. Sin embargo, el estudio de la religión, como fenómeno humano, es un asunto propiamente de la ciencia, particularmente de la antropología.

 

La religión es un fenómeno que se inserta en la cultura y en la tradición. En expresión de Marx "el hombre hace la religión, la religión no hace al hombre". (Marx: "Contribución a la crítica de la filosofía del derecho de Hegel"). La religión encarna una visión deformada del mundo real, puebla el universo con seres imaginarios, proporciona explicaciones quiméricas para los hechos naturales y pone al ser humano en un paraíso de fantasía que es al mismo tiempo una evasión y una cárcel. Según Marx: "La religión deforma no sólo la cosmovisión del hombre…, sino también los sentimientos del hombre, su relación emocional con la realidad, le proporciona un consuelo falso, una esperanza ilusoria". (Id.) María Zambrano se expresaba en esta misma dirección: "Filosofía y religión se vienen disputando la realización de las esperanzas humanas". La religión sumerge al ser humano en un ensueño, en una quimera tal vez consoladora, pero totalmente estéril y además nociva en la transformación de la realidad. Todas las diversas formas religiosas han tenido su origen en el ser humano y se han desarrollado respondiendo a las necesidades que han surgido en su entorno socio-económico a través de los distintos procesos históricos. Sus características han sido tan variadas como las circunstancias en las que han logrado su desarrollo, pero siempre respondiendo a sus propias necesidades. De esta manera, han ido apareciendo agrupaciones con creencias religiosas más o menos simples o complicadas, pero dentro de las estructuras en las que los seres humanos se han ido organizando conforme a sus propios intereses y necesidades. De hecho, las distintas formas religiosas han sido como un reflejo de las distintas maneras de dicha organización.

 

El origen del fenómeno religioso fue paulatino y condicionado por la situación socio-económica de los seres humanos y su evolución fue de acuerdo con los cambios en dicha situación. Los primeros pasos, todavía vacilantes, de dicho fenómeno no pasaron de ser un burdo fetichismo, magia, totemismo, animismo o de unos primeros esbozos de culto a la naturaleza. Las expresiones en esta primera etapa fueron un tanto prosaicas, lo cual se explica por la precaria situación socio-económica de aquellos seres humanos indefensos. Su origen no hay que atribuirlo a un misterioso sentimiento religioso de veneración ante lo majestuoso, lo sagrado o lo inmenso. El desconocimiento de las fuerzas naturales, la impotencia frente a ellas, el sentirse aplastados por un entorno hostil, impulsaba a estos seres humanos a intentar completar su trabajo con manipulaciones mágicas. Comte tiene su propia explicación sobre este punto, cuando compara, en su Teoría de los Tres Estados, esos primeros balbuceos de la humanidad con la etapa de la infancia. Esa infancia crédula y desbordadamente imaginativa trajo la fe en lo sobrenatural y "la fe en lo sobrenatural lleva consigo un daño social", pues las fuerzas que el ser humano derrochaba buscando ansiosamente un fetiche, hubieran sido más útiles buscando otros mecanismos en su lucha con su entorno. Sus oraciones y súplicas a seres ficticios le robaban momentos preciosos en la búsqueda de alimentos e instrumentos para mejorar sus condiciones de vida. La imaginaria seguridad en un espíritu propicio era un triste consuelo para la impotencia del ser humano primitivo, pues debilitaba su afán inquisitivo e inventivo y reducía la confianza en sí mismo. El levantar las manos hacia los dioses en son de súplica, es una manera de seguir arrastrándose indefinidamente. Las manos las necesita el ser humano para apoyarse por sí mismo en la tierra, no para levantarlas al cielo en son de súplica. La evolución de las ideas mitológicas está también en estrecha vinculación con las transformaciones socio- económicas en las comunidades primitivas.

 

Las leyendas sobre los dioses o los héroes reflejan en la imaginación la vida real del ser humano de aquel entonces. A este respecto escribe Feuerbach: "Tal como el hombre piensa y siente, así es su dios; lo que vale el hombre, lo vale su dios y no más… Conoces al hombre por su dios y viceversa, conoces su dios por el hombre". La mitología de los pueblos es una de las pruebas más palpables de que el ser humano construye la religión a partir de su propia sustancia. Jenófanes (S.VI a.C.) se burlaba de las religiones y de sus dioses que revelaban su origen exclusivamente humano: "Los etíopes representan a sus dioses chatos y negros, y los tracios dicen que tienen los ojos azules y los cabellos rojos. Pero si los bueyes, los caballos y los leones tuviesen manos y con ellas pudiesen dibujar y realizar obras como los hombres, los caballos dibujarían figuras de dioses semejantes a los caballos, y los bueyes semejantes a los bueyes y formarían sus cuerpos a imitación del propio." Si la religión por naturaleza es un reflejo fantástico de la realidad, es lógico que sea producto de la imaginación desbordada del ser humano para explicar el mundo en torno. De una u otra forma, lo mítico ha sido el compañero inseparable de la religión y lo seguirá siendo.

 

Todas las formas de la conciencia social reflejan más o menos concretamente la realidad. La religión, sin embargo, como una de las formas de conciencia social, es la única que refleja el mundo circundante de una forma fantástica y deformada. Marx decía que la religión es "la fantástica realización de la esencia humana", es una cosmovisión invertida, es la "teoría general" de este mundo invertido, "su entusiasmo, su sanción moral, su complemento solemne, su razón general de consolación y justificación". ("Los anales franco-alemanes").

 

La religión es una parte integrante de la cultura espiritual de la humanidad, uno de los componentes de la actividad espiritual de los seres humanos. Se presenta como una de las formas fundamentales de la conciencia social. Ésta no sólo refleja la realidad, el ser social, sino que orienta a los seres humanos a la ejecución de unos u otros actos. Por lo tanto, la religión como una forma de la conciencia social cumple la misma función. Engels en el Anti-Dühring afirma que: "la religión no es más que el reflejo fantástico, en las cabezas de los hombres, de los poderes eternos que dominan su existencia cotidiana: un reflejo en el cual las fuerzas terrenas cobran fuerza de supra-terrenas".

 

La religión, además, no es sólo una determinada explicación, aunque deformada, de la realidad, sino que incluye también la parte emocional y sentimental del ser humano, es una determinada vivencia del mundo. De esta representación religiosa del mundo, se desprende también un vínculo emocional del ser humano creyente, incluso con determinadas esperanzas, ilusiones, aspiraciones, deseos y ambiciones. Estos estados emocionales producen, además, un sentido de impotencia, de debilidad y de miedo, e incluso alientan sentimientos de una esperanza ilusoria; son un falso consuelo.

 

Desde este punto de vista, la religión aparece como un fenómeno social muy complejo, en el que se puede distinguir determinados niveles relacionados tanto con la conciencia humana, como con su actividad. Esta es la razón por la que la religión, una vez haya invadido la estructura humana con su adoctrinamiento, aporta una especie de adicción a sus exigencias, que crea un nuevo tipo de ser humano con las características señaladas. De esta manera, aprovechándose de estas circunstancias, las diversas instituciones religiosas consiguen el control de la sociedad y se constituyen en una verdadera estructura de poder. De nuevo es conveniente recordar que no hay mayor dominio de una persona, que el dominio por su conciencia. Los diversos grados de dominio de dicha conciencia se van escalando al fomentar el miedo, el temor y el terror, lo cual reduce el radio de su libertad y como dice Nietzsche en la Genealogía de la moral: "Ese instinto de la libertad, vuelto latente a la fuerza, reprimido, retirado, encarcelado en lo interior, y que acaba por descargarse y desahogarse tan sólo contra sí mismo: eso, sólo eso es, en su inicio, la mala conciencia".

 

Los movimientos religiosos han ido transformando este fenómeno de la religión en diversas formas religiosas, desde las más simples hasta las más complejas. De hecho, algunas de ellas han sabido aprovechar eficientemente esta condición humana para convertirse en una verdadera estructura de poder, hasta el punto de desafiar las diversas estructuras sociales y políticas. Este es el caso del Cristianismo, el cual es el que más directamente nos atañe en este momento. Tuvo como antecedente las creencias fundamentales del judaísmo, manteniendo la creencia básica de un solo Dios, creador de todo, cuya figura proyecta más bien una imagen de temor y terror, más que una de amor. Este ambiente se traduce en la conciencia humana en un estado de temor que guiará la conducta individual y social. Instrumento sumamente eficaz de sometimiento. La pedagogía del miedo. Metodología que han utilizado todas las religiones en mayor o menor escala e intensidad. Su efectividad es bien conocida para los que de una u otra forma hemos experimentado este fenómeno religioso en nuestra conciencia. El cristianismo, según su fundador, quiso darle una tonalidad de amor y compasión a su movimiento, sin embargo, a medida que fue adquiriendo poder, fue olvidándose de esta importante aportación.

 

El movimiento cristiano tuvo sus comienzos y posterior desarrollo dentro de una estructura política y administrativa perfectamente organizada, como la del Imperio Romano. No podemos olvidar que Roma fue la creadora del derecho y de la administración pública, de la cual aprendió su andamiaje estructural y administrativo. Siguiendo este modelo, el cristianismo supo organizarse como institución religiosa. Una estructura con un poder absoluto, revestido de carácter divino. El poder del Papa llegó hasta el extremo de llegar a ser definido como dogma su infalibilidad durante el siglo XIX. De esta manera, la Iglesia fue estableciendo su maquinaria administrativa. En primer lugar, organizó los llamados concilios, asambleas convocadas por el Papa para rebatir cualquier enseñanza que no estuviera en consonancia o en contra de alguna de las verdades que la Iglesia tenía como "reveladas". Condenaba esas doctrinas como heréticas y establecía el verdadero sentido de la verdad oficial, declarándolas como "verdad revelada" o dogma. La persona que obstinadamente seguía defendiendo una doctrina contra dicha verdad revelada, se le declaraba hereje. A medida que la iglesia cristiana fue adquiriendo conciencia de su poder en la sociedad, fue a la vez elaborando un sistema penal con el propósito de condenar e imponer penalidades a aquellas personas que cuestionaran o negaran alguno de estos dogmas. Estableció, por ejemplo, la excomunión que, como bien significa la palabra, es privar a dicha persona de los lazos de unión que le vinculaba con sus miembros, privándoles de todos los privilegios de la comunidad. A esta penalidad le fue añadiendo otras acciones más punitivas, incluso físicas, llegando al extremo incluso de ser condenadas a la hoguera. La Iglesia creó, como hemos visto, una institución sumamente poderosa, que fue la encargada de velar por la "pureza" de la fe: la Inquisición, verdadero sistema de inteligencia con poderes jurídicos y judiciales absolutos, dotado además de una eficaz maquinaria de investigación que, como acabamos de ver, incluía un terrible y variado sistema de técnicas, como la tortura, para poder arrancar una confesión y proceder con la pena correspondiente.

 

Todo este sistema de control que ha podido desarrollar la iglesia cristiana a través de su historia, está basado fundamentalmente en el adoctrinamiento, en la técnica del miedo, el temor y hasta el terror. Un concepto fundamental en este proceso moralizante fue la idea de pecado, el cual estaba estrechamente vinculado a la terrible idea del demonio y el infierno, (un supuesto lugar de tormentos de toda clase), presidido por él y por un sin número de espíritus malignos. Este, con otros, ha sido el tabú que ha tratado la Iglesia de inculcar persistentemente a sus fieles. Es interesante explicar algunos aspectos morales sobre el pecado. Todo pecado, además del sentido de culpa, conlleva una pena. Según la moral católica, existe una clase de pecados de los que, aunque se alcanza el perdón de su culpa de forma inmediata por medio de la confesión, sin embargo no se logra limpiar la pena causada por ellos, lo cual contradictoriamente prolongaba y ahondaba más el sentido de culpabilidad. Para poder limpiar ese sentido de culpa-pena, la persona tenía que seguir realizando por largo tiempo una serie de acciones penitenciales, incluso de carácter masoquistas, como la autoflagelación, con las cuales podía lograr expiar y limpiar dicha pena. Esto significaba prolongar el terrible sentimiento de culpa y remordimiento. En este sentido Nietzsche lo expresa admirablemente: "La mala conciencia de tal modo se asienta, corroe, se extiende y crece como un pólipo a todo a todo lo ancho y a todo lo profundo, que junto con la inextinguibilidad de la culpa se acaba por concebir también la inextinguibilidad de la expiación". Esta es la razón de los Jubileos y Años Santos que periódicamente establece el Papa con el propósito de poder expiar las culpas con ciertas prácticas visitando las Basílicas de la ciudad de Roma, Santiago de Compostela y otros lugares designados. En realidad, lo que hay detrás de todo este "invento" expiatorio es una cuestión económica. Con la práctica de la pedagogía del miedo la Iglesia ha obtenido excelentes resultados. Toda esta terminología ininteligible (pena -culpa-expiación...) es el punto fuerte en la posición de la Inquisición. En ella se fundamenta para separar la ortodoxia de la heterodoxia, separar los justos de los herejes. Primitivo sostiene claramente que, en ese campo semántico, la ortodoxia es imposible: "Los dogmas nacidos de esos ampulosos términos, como materia-forma, sustancia-accidente, potencia-acto, universales-particulares, abstracto-concreto, predicamentos-predicables, culpa-pena, no dejan de elevar a categoría sustantiva lo que es puro nominalismo. Y de una imposible ortodoxia hacia todo ello, nace la posible, mejor, inevitable heterodoxia, cuyos integrantes serán posibles víctimas de las inquisiciones eclesiásticas. Detrás de estos mudos dogmas, existe toda una magnitud teórica del Poder y un derroche de psicología en el dominio de las masas, además de una eficaz pedagogía de las promesas, primero, y de los castigos, después."

 

En nombre de Dios y para su mayor gloria se han cometido las mayores atrocidades en el transcurso de la historia. Al grito de "Dios lo quiere", se organizaron las Cruzadas medievales con sus terribles consecuencias. De Santa Cruzada calificó la Iglesia Católica el golpe de estado del general Franco en la guerra civil española. Y terminada la contienda, se levantaron monumentos presididos por la cruz en todas las portadas de las iglesias y plazas públicas de España, ensalzando solamente a los que sucumbieron en su bando con el lema: "Caídos por Dios y por España".

 

Los mitos y las mitologías, dice Primitivo, nos hablan de dioses y de paraísos. El ser humano, en cambio, es libre para creer, soñar e imaginar todo lo que desee o le agrade. Lo que no es ético, porque es inhumano y barbarie, es convertir dichos mitos en verdades absolutas y, por no aceptarlas como tales, sacrificar y avasallar a los seres humanos; puros mitos y puras verdades míticas que inicialmente nuestros antepasados crearon simplemente para satisfacer sus sentimientos e inquietudes intelectuales. Sacrificar a indefensos seres humanos en nombre de una vana ortodoxia, invocando el nombre de Dios, no deja de ser una barbarie, un golpe desolador y revelador para la humanidad.

 

"Actualmente, el único vestigio de la desaparecida Inquisición lo constituye la Congregación del Santo Oficio, establecida por Paulo III, 1542, para combatir la Reforma. En 1965, tras el Concilio Vaticano II, pasó a denominarse Congregación para la Doctrina de la Fe, teniendo por objeto tutelar la doctrina sobre la fe y las costumbres. Perdido ya su carácter represivo e inquisitorial, adquirió un tono de promoción positiva a favor de la doctrina católica". Así lo expresa Joseph M. Walker en su Historia de la Inquisición española. Joseph Ratzinger, actualmente Papa Benedicto XVI, presidió dicha Congregación.

 

Con esta exposición he tratado de infundirles inquietud y curiosidad para reflexionar sobre el tema que acabo de presentar y que Primitivo extensamente y con todo detalle expone en su obra, pues posiblemente más de uno de nosotros podríamos estar atrapados entre las redes de carácter religioso que la cultura y ambiente familiar nos ha tendido desde nuestra niñez con las consecuencias de vernos privados de respirar profundamente los aires de la libertad.

Recientemente apareció, en los laterales exteriores y en la parte de atrás de los autobuses metropolitanos de Londres, Barcelona, París y otras ciudades, un anuncio noticioso en letras grandes, con la siguiente consigna: "Probablemente Dios no exista, ¿porqué vivir con miedo? disfruta de la vida". ¡Gracias

 

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