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(Versión inglesa)


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Del mismo Autor

La_Inquisición,_el_lado_oscuro_de_la  Iglesia

Efemérides y Semblanzas Fariegas

España en Puerto Rico

Democracia en la Iglesia Católica. Apostólica y Romana

Mitos grecorromanos para  jóvenes

Cuando un hijo se va

 

 

 

 

Créditos editoriales

Reimpresión digital, 2011, revisada

Edición, 1996

Es no sólo un honor, es un placer el que usted pueda libremente leer, archivar, transferir y citar este libro, no obstante no se puede comercializar sin el permiso escrito del autor:

tivo@prtc.net

Diagramación y composición digital para internet: Miguel del Valle Campelo, a quien profundamente agradezco su desinteresado, además de generoso, buen hacer cibernético.

 

© Primitivo Martínez Fernández

BL311. M3 1996 291.1’3

ISBN: 1-881716-00-7.

Catalogación de la Biblioteca del Congreso.

Library of Congress Cataloguing-in-Publications Data

Martínez Fernández, Primitivo.

Producido en Puerto Rico.


DEDICATORIA

A Zulema y Gabriel, mis hijos.


 

Índice

Considerando previo: Y ¿QUÉ SOBRE EL PECADO?

PRÓLOGO

INTRODUCCIÓN

EL MITO DE URANO

GAIA, LA TIERRA

PROMETEO Y PANDORA

EL MITO DE PROMETEO

LOS MITOS EN LA ILÍADA

LA MOIRA EN LA ILÍADA

AGAMENÓN Y CLITEMESTRA

DIÁLOGO SOBRE EL MITO DE ANTÍGONA

EL SACRIFICIO DE ABRAHAM.

EL MITO DEL PECADO DEL CONOCIMIENTO

EL MITO DE LA REGENERACIÓN UNIVERSAL

RADIOGRAFÍA DEL MITO

SIMBOLISMO ACUÁTICO

SIMBOLOGÍA DEL ÁRBOL

LA RAZÓN, ESCLAVA DE LA FE

LOS MITOS DEL POPOL VUH

LIBRO UNIVERSAL DE LA RENOVACIÓN DEL TIEMPO

EL MITO DEL FUEGO QUICHÉ.

MITOS TAÍNOS.

EL MITO DEL DILUVIO

EL TRASMUNDO TAÍNO

EL FENÓMENO DEL CEMIÍSMO EN SU ASPECTO RITUAL

MITOS Y CREENCIAS DE LOS INDIOS NORTEAMERICANOS

EL FUEGO

LOS MITOS DEL NUEVO MUNDO

LA UTOPÍA DE AMÉRICA

LA ESCLAVITUD DEL INDÍGENA

EL SERMÓN DE MONTESINOS

LA BESTIALIDAD INDÍGENA

HOLOCAUSTO INDÍGENA

LA CRUZ Y LA ESPADA

EL INCONSCIENTE COLECTIVO

AFORISMOS JUNGUIANOS

SÍMIL CIBERNÉTICO ...

BIOLOGÍA DE LA BENEVOLENCIA

EL GRAN TEATRO DEL MUNDO

EL ANTICRISTO DE NIETZSCHE

COSMOVISIÓN BUDISTA

EL VACÍO SEMÁNTICO DE BECKETT

AFORISMOS DEL PENSAMIENTO ACIAGO DE CIORAN

JESÚS, EL HOMBRE

UNA MUERTE FRUSTRADA

SE DESCUBRE LA TUMBA DE JESÚS

REFERENCIAS BIBLIOGRÁFICAS

BIBLIOGRAFÍA CONSULTADA.

 


 

"Había lanzado yo la hipótesis de que es el complejo de Edipo

el que ha sugerido a la humanidad en su conjunto, al principio de

su historia, la conciencia de su culpabilidad, esa fuente última

de la religión y de la moralidad",(1)

Freud, Tótem y tabú, 1913.

"El mito y el símbolo pertenecen a la esencia de la vida humana

y jamás desaparecen de la realidad psíquica, son, pues,

consustanciales al ser humano",

C.G. Jung, Símbolos de transformación, 1985.

"The one who administers the rituals that carry the sense

of the culture",

("El que administra los rituales proporciona el sentido de

la cultura".)

Joseph Campbell, Transformations of Myth Through Time, 1990.

"Quand nous parlons de Dieu, ce n’est pas de Dieu que nous parlons",

("Cuando hablamos de Dios, ya no es de Dios de quien hablamos".)

Gabriel Marcel, Journal Metaphysique, 1927.

"Enfocado en lo que tiene de vivo, el mito no es una

explicación destinada a satisfacer una curiosidad científica, sino

un relato que hace revivir una realidad original y que responde

a una profunda necesidad religiosa, a aspiraciones morales, a

coacciones e imperativos de orden social, e incluso a exigencias

prácticas. En las civilizaciones primitivas, el mito desempeña una

función indispensable: expresa, realiza y codifica las creencias;

salvaguarda los principios morales y los impone; garantiza la

eficacia de las ceremonias rituales y ofrece reglas prácticas para

el uso del hombre. El mito es, pues, un elemento esencial de la

civilización humana; lejos de ser una vana fábula, es, por el contrario,

una realidad viviente a la que no se deja de recurrir; no es

en modo alguno una teoría abstracta o un desfile de imágenes,

sino una verdadera codificación de la religión primitiva y de la

sabiduría práctica",

Bronislaw Malinowski, Myth in Primitive Psychology, 1926.

 

La letra ennegrecida ("bold") de las citas textuales es siempre, a través de este

trabajo, del autor del mismo. (1)

 

 

 


 

PRÓLOGO

De los mythos fascinantes, seductores e iluminadores de la existencia humana, Rilke destacaba el aspecto poético: "!que sea una vez más vuestra mañana, dioses!"-decía. Nosotros incidiremos en su aspecto prosaico, la variable manipuladora, que produce un cosquilleo perturbador. El mito, en toda tribu y pueblo con un germen de estratificación, tiene, entre otras, la función fundamental de mecanismo de control social. Esta función es manejada por un grupo, que, controlando los símbolos y administrando los rituales, moldea los valores, la cosmovisión, la cultura y la misma vida humana.

 

El hilo conductor de este proyecto editorial es el factor manipulador del mito en diversas religiones, culturas y en diferentes etapas y sucesos de la historia que analizamos. El mito habla más al sentimiento, al deseo, a la emoción, al miedo y hasta al terror, que a la inteligencia; sus raíces están en el preconsciente y su lenguaje fabulador produce creencias siempre apoyadas en un hipotético dios antropomórfico o teriomórfico, con forma de hombre o de animal. En la creación del mito y en su conservación intervienen constantemente puentes intermediarios –pontífices-, que manejan la hipersensibilidad y sugestión del sentimiento y de la emoción, en un contexto social concreto de relaciones humanas, para crear imágenes y símbolos que revisten de arcanos y sagrados. Tales imágenes y símbolos se hacen incuestionables y poseen, en virtud de lo sacro y de predisposiciones subjetivas, inmensurable simbolismo y significado, con dimensiones fuera de toda proporción.

 

El mito supera lo dicho por Malinowski en la cita anterior. El mito del pecado del conocimiento, por ejemplo, es lo más trágico y profundo que ha vivido la humanidad: el conocimiento, la ciencia, es lo prohibido en sí - árbol del conocimiento del bien y del mal -. Todo esto condujo al sometimiento de la razón a la fe - la razón esclava de la fe de la oscura Edad Media -, condujo a la primacía de las creencias sobre las ideas en todas las religiones, al teocentrismo y a la postergación de la ciencia que el mito prohíbe.

 

El mito del fuego en el Popol Vuh, con el dios Tohil, condujo al sacrificio humano de incontables miles de víctimas humanas.

 

El mito del pecado es el narigón o argolla que los sacerdotes han puesto en la conciencia del ser humano para conducirlo al redil de la sumisión y destruir en la raíz su autoestima y su dignidad. Corrompe, así, y pervierte la naturaleza humana.

 

Y más allá en el tiempo, unos dos mil años antes de nuestra Era; un país: Persia; un personaje: Zoroastro (Zaratustra); un libro sagrado: El Avesta; una religión: El Mazdeísmo primero y después de Manés, también el Maniqueísmo.

 

El Mazdeísmo postula dos realidades que coexisten en el ser humano: el Espíritu y la Materia, el Bien y el Mal, la Luz y las Tinieblas, cuyos dos principios creadores son: Ormuz y Arimán. Las dos realidades no sólo son incompatibles, como el agua y el aceite, sino totalmente antagónicas. El Espíritu y la Materia – dice el Mazdeísmo- se oponen y contraponen "como un rey a un cerdo". Esta doctrina y filosofía se infiltraron, con sus estereotipos y estigmas, y empaparon las religiones monoteístas: el judaísmo, el cristianismo y el Islam. Estos estereotipos y estigmas viajan a través del tiempo y aún hoy nos atrapan y envilecen. La Materia- dicen- es intrínsecamente mala. Precisamente esa es la realidad tangible en nuestro Cosmos y de la que los seres humanos formamos parte. Para ellos, sólo el Espíritu, que pertenece al reino del mito fabulador, reúne las condiciones de bondad.

La existencia de un alma espiritual en el ser humano no sólo es científicamente indemostrable, sino que es una fábula, un mito. “La existencia del espíritu es una anomalía de la vida. ¿Cómo se puede concebir la vida sin el cuerpo?, ¿cómo se puede imaginar una existencia autónoma y original del espíritu?”, se pregunta Cioran con todo fundamento.

Recientemente Eduardo Punset, 2006, se hace eco de los científicos de la Neurociencia en su libro: El alma está en el cerebro, "que supone desaprender multitud de asunciones y descubrir otras tantas". Ya sabemos, sin la menor duda, que nuestra alma es nuestro cerebro, que no es espiritual y menos inmortal; la muerte cerebral es definitiva e irreversible, dice la Ciencia médica. Se cierran a cal y canto los caminos conducentes al más allá, a las vidas de ultratumba, a los cielos y a los infiernos, existentes sólo en nuestras vidas, hechas de materia convertible en energía y viceversa, sumamente compleja y misteriosa.

 

El subtema, o común denominador, lo constituye el mito de Prometeo, que cuestiona la actitud de la humana subordinación a los dioses de aquella época. En la edad moderna y contemporánea, este mito simboliza la autonomía, la auto perfección y auto realización del ser humano contra las fuerzas sobrehumanas misteriosas y alienantes, tales como los dioses, sus creencias (dogmas) y sus sacerdotes. Es la esencia del laicismo actual.

El lógico objetivo: la desmitificación de los mitos a través del conocimiento, de la ilustración; es aquí donde entran en acción: Nietzsche, Beckett, Goethe, Shelley, Kafka, Wittgenstein, Cioran...

El matriarcado, como fenómeno social, se cimentó en deidades femeninas, etapa pre-helénica, que la lanza guerrera y las deidades masculinas trastocaron en patriarcado, etapa helénica.

Pandora, Eva y otros mitos de creación en los que la mujer sale del hombre, consiguieron marginar a la mujer hasta el día de hoy.

El mito del más allá denigró al ser humano y la vida humana en el más acá. El espíritu degradó la materia y la "inmaculada concepción" mancilló la concepción y el sexo. En pecado somos concebidos, afirma la teología católica.

Además del inconsciente colectivo, con sus arquetipos productores de la fuerza motriz del símbolo y de la imago, hubo conscientes chamanes, gurús, aedos o rapsodas, medicine-men, hechiceros, behíques, druidas, augures, sacerdotes y profetas que interpretaron el silencio de los dioses. Y es precisamente aquí donde radica el nudo gordiano: los puentes intermediarios –pontífices- con sus múltiples y profundos intereses.

Considero este trabajo más de divulgación que de investigación, aunque sin duda la hay. Analizo textos de autores diversos que cito, comento y, a veces, sintetizo. En sus veneros he bebido agua refrescante y sus veredas me proporcionaron dilatados y variados paisajes de ideas que con ustedes comparto, mientras vamos de camino. El Autor


 

 

INTRODUCCIÓN

 

Inicialmente los mitos fueron relatos transmitidos oralmente de generación en generación. Los mitos tienen naturaleza calidoscópica, múltiples perspectivas de diverso significado: cuentos sagrados, fantasía metamorfoseada en realidad, forma temprana de la ciencia ficción, hasta representaciones simbólicas y literales de la realidad. Pero han sido los aspectos reales de los mitos lo que los ha mantenido con significado para la humanidad por miles de años. Son productos de mentes muy sofisticadas y lúcidas y constituyen tesoros de realidades reveladoras de experiencias, fantasías, miedos y esperanzas humanas. Presentan la naturaleza humana como una constante en el devenir de los siglos de la humanidad.

 

En los orígenes prístinos, los mitos explicaban y enseñaban el principio y orden del universo, la creación del ser humano, los fenómenos naturales, el comportamiento humano... La explicación mítica del mundo natural se presentaba siempre en términos de creencias religiosas que proporcionaban al ser humano respuestas tempranas a interrogantes universales. Al no poder explicar los fenómenos naturales científicamente, el hombre pobló el mundo con multitud de deidades inmortales, las cuales, creadas a su propia imagen, controlaban cada una un aspecto del medio ambiente natural, ponían orden sin caos y proveían un esquema racional de vida en vez de confusión e interrogantes.

 

Los mitos explicaban, además, el aspecto político de sus vidas, el origen de los reinos, su historia y la de los pueblos limítrofes. También explicaban cómo comportarse socialmente a través de una moral directiva, los dioses griegos no daban un código moral autoritario como sucede con el Dios hebreo. Los mitos griegos presentan modelos positivos y negativos para los seres humanos y crean patrones significativos de conducta en un mundo de valores que ellos mimos originan. Con el homo sapiens aparecen los primeros signos del pensamiento mitológico en los entierros, en los que se encuentran ofrendas y sacrificios que inician la presencia mágica divina de extraordinaria belleza. Los ritos y cultos se ofrecen a los animales, a las fuerzas incógnitas de la naturaleza, a los espíritus de la vida y de la muerte. Son rituales de la muerte y resurrección. Los mitos suponen ignorancia y genio creativo al mismo tiempo, impotencia y gran capacidad creadora, combinación artística de imaginación y realidad, conatos de juego con los espíritus para atraer a los buenos y alejar a los malos, reconocer la esencialidad de la nada y crear la inmortalidad como un mecanismo de defensa contra la crisis existencial.

El elemento del mito es el de nuestra vida, de nuestro cuerpo, del ambiente de héroes y dioses. Los griegos, alrededor del año 1.600 antes de nuestra era, con sus armas de bronce y cobre, trajeron una nueva religión dominada por los dioses masculinos: Zeus, Poseidón, Hades... con sus respectivos mitos. Sus vidas fueron dominadas por una heroica arma, la lanza.

Los anteriores nativos, griegos agrarios, eran pacíficos, profesaban una religión dominada por diosas. La suprema deidad era la diosa madre-tierra, llamada la diosa Madre y la Gran Diosa. Los guerreros invaden, conquistan e imponen la religión patriarcal; su corte fue Micenas, 1.600 a.n.e. Eran agresivos, guerreros-conquistadores heroicos. El guerrero más destacado podía llegar a ser el líder de la comunidad. Constituían la antítesis del pueblo agrícola matriarcal cuya estructura social reflejaba principios maternales, particularmente la superioridad de la mujer, y promovía el respeto y el aprecio por la belleza de la vida y de la paz. Esparta, en el

envés, llegó a ser el símbolo de los valores bélicos y de un estilo de vida militar.

Originalmente la religión era patrimonio de los individuos, luego pasó a familias y, de éstas, a las tribus y después al Estado, constructor de templos, manipulador de dioses y de mitos. Cada comunidad agrícola era pequeña y lo suficientemente aislada de sus vecinos como para desarrollar un fuerte sentido de independencia con sus divinidades locales. Pero esto no les impedía compartir las creencias y mitos de las comunidades vecinas, afectando así a su organización social, a los valores éticos y morales de sus vidas diarias.

El aprecio y reverencia por la tierra era natural en la mujer, al ser ella misma agricultora. La Madre Tierra les suplía la vivienda y los alimentos necesarios para sobrevivir. Era la Madre Tierra la que hacía renacer cada primavera la vida que alimentaba hasta llegar a la madurez. Esta gente sintió una profunda ligazón con todo lo relacionado con la naturaleza. Ellos también nacían, crecían, y morían, lo mismo que los animales y las plantas de su entorno. Era la Tierra, además, responsable de su propia fertilidad, como lo era de las plantas y del reino animal. Y también ellos, como las plantas y presumiblemente los animales, deben renacer de alguna forma después de la muerte. Su religión estaba centrada en la creencia de la eternidad, recurriendo al ciclo de nacimiento, madurez, muerte y renacimiento o reencarnación. Su seguridad dependía de la continua operación de este ciclo. La Madre Tierra, diosa de la fertilidad, se constituye en la suprema diosa de la vida y también de la muerte y recibe plegarias y rituales sacrificios, que recompensa con bendiciones como la fertilidad de las plantas, de los animales, del hombre, como la buena salud y la prosperidad económica.

La vida de la religión Mediterránea estaba dominada por la creencia de una Gran Diosa Madre. La sociedad agraria refleja estas actitudes religiosas en su estructura y en sus valores. La comunidad estaba regida por una reina que era la sacerdotisa mayor de la Gran Diosa Madre. Probablemente la que recibía su posición de autoridad de la última sacerdotisa-reina era la hija más joven, para asegurar el más largo reinado. Todas las mujeres mortales eran consideradas hijas de la Diosa Madre. Su posición en sus sociedades reflejaba la actitud de la comunidad matriarcal hacia la Gran Diosa. Es más, las mujeres dominaban todos los rituales religiosos y sociales y todas las instituciones.

La familia tenía importancia vital en la comunidad matriarcal.

La posición social, la herencia y el nombre, provenían de la madre que, en compañía de un hermano, gobernaba la familia. El papel del padre era insignificante; existía completa libertad sexual. Una mujer podía amar a los hombres que ella quisiera.

En los primeros tiempos, se llegó incluso a pensar que el hombre no era necesario para la procreación. La maternidad era un misterio, un suceso milagroso, posiblemente ayudado por el viento fecundador y por el agua.

En esta sociedad, la primera obligación ética y moral era con su propio grupo, especialmente con su madre y hermanas, incluidas la protección y, de ser necesario, la venganza. Por lo tanto el mayor crimen era el del hijo contra su madre. Este tema crea el argumento central de la Orestiada; y Antígona, al enterrar a su hermano, antepone las leyes de la familia a las de su país.

A pesar de tomarse la justicia por su mano - justicia retributiva y sacrificios humanos - la sociedad matriarcal tendió a ser una sociedad pacífica, centrada sobre la misma familia más que en la conquista de los vecinos. La vida de la familia se concentraba en la figura de la madre, en la tierra y el hogar. El amor materno constituía una influencia humana y pacífica, creadora de un aura de honor, confianza, hospitalidad, generosidad, preocupación y reverencia por toda la vida. Se centraba la vida en las comunidades matriarcales, también en la tierra. La vida surgía del fondo de la tierra y la muerte restituía a la tierra lo que de ella había brotado. La tierra era una oscura madre, una región donde el sol nunca penetró. Por lo tanto, el hombre se aproximaba a la Gran Diosa en la oscuridad. El tiempo era medido por las noches. Los rituales religiosos, las reuniones, los eventos importantes religiosos, seculares y políticos, tenían lugar en las noches. La luna era más importante que el sol. Los meses eran calculados por los ciclos de la luna que producían uniformes semanas de siete días, uniformes meses de veintiocho días, y un año lunar de trece meses más un día.

La reina se une a un joven esposo para lograr su fertilidad y para sustituirla en sus sagrados roles en ciertas ocasiones, vistiendo sus trajes reales, usando falsos senos y portando sus símbolos. Este sagrado rey, en los inicios del matriarcado, era sacrificado joven aún para entronizar a otro joven sucesor. Las sacerdotisas desgarraban su cuerpo y consumían sus miembros crudos para adquirir así sus poderes de fertilidad. Y su sangre era asperjada sobre la tierra y los animales para fertilizarlos. Y se hacía anualmente. Más tarde, la sociedad matriarcal permitió extender el reinado del sagrado rey de un año de trece meses a un gran año de cien meses luna, ocho años aproximadamente. Para fertilizar los campos y los animales, anualmente, un joven le reemplazaba un día en el trono y después era sacrificado y su sangre rociada sobre campos y animales, y el rey, que se fingía muerto ese día, retornaba al trono. Finalmente, la sociedad matriarcal permitió el uso de animales en vez de jóvenes muchachos en los sacrificios y el segundo rey podía reinar por un segundo término.

El mito de la fecundidad reguló en Tracia que el sagrado rey fuese sacrificado por medio de caballos. El cuerpo del rey sería atado a las colas de cuatro caballos que, al salir a galope en direcciones contrarias, lo desmembraban, fertilizando así el suelo con su sangre. En ceremonia similar, las sacerdotisas, provistas de máscaras de caballo, podrían cazar al rey, matarlo y comer su carne. Con la llegada de las tribus guerreras a Grecia, se fue eliminando el sistema matriarcal. La principal deidad será masculina, Zeus; el principal oráculo, Apolo en Delfos. Con el apoyo de los mitos olímpicos, el rey se constituye a sí mismo como el principal gobernante de la comunidad y su hijo mayor pasa a ser su heredero. Las hijas serán, con el devenir del tiempo, propiedad de sus hermanos y se casarán con quienes sus padres elijan. Las esposas pertenecerán en propiedad a sus esposos. Ya alrededor del 1300 antes de nuestra era, los reyes gobernaban por vida; y en el 1200 a.n.e., el hijo mayor era el legítimo heredero del trono. La sociedad se convirtió en más agresiva, más militarizada, propulsora de gestas heroicas en las batallas con los vecinos y ambiciosa de riquezas de conquista. Los mitos y su manipulación cambiaron la perspectiva del sexo en 180 grados.

 


 

EL MITO DE URANO

SATURNO (CRONO) DEVORANDO A SU(S) HIJO(S).GOYA.

Las manchas negras intensifican el horror de esta terrorífica interpretación del tema mitológico. El dios como símbolo de carácter tenebroso y de las fuerzas de la destrucción. La lucha por el poder, urdimbre y trama de nuestras vidas, se proyectó sobre los dioses, theomaquia.


El mito del reinado de Urano representa el intento de los antiguos griegos - los Micenos - de explicar el origen del universo. La creación del mito representa valores naturales superpuestos al mito de la creación matriarcal de la época agraria, en que Gea, la gran diosa, creó y alimentó a Urano, pero éste llega a rey y gobierna con brutal fuerza. No desea la paz porque su esposa no se sometía totalmente a su dominación, y temía que sus hijos lo destronasen y por eso los encadenó en el fondo de la tierra. Gea, que amaba a sus hijos, no se lo perdonó, le hizo perder el don de engendrar hijos y lo abandonó. Crono, hijo de Urano y de Gea, ayudado por su madre, destronó a su padre. (2)

Urano fue desmembrado, como lo habían sido los reyes sagrados, y su sangre fertilizó el mar y la tierra. A partir de ahora, el mundo será de los hombres.

Crono, más inteligente que su padre, en vez de sepultar a sus hijos en lo profundo de la tierra, se los incorpora a sí mismo al comerlos. Zeus, salvado por su madre, demuestra más sabiduría que su padre Crono y, ayudado por la más sabia inmortal Metis, destrona a su padre. Con la aparición de Zeus como señor del Olimpo, la progresión del caos a un universo ordenado se completó. Estableció un consejo compuesto por los doce mayores dioses, él incluido: Poseidón, Hera, Deméter, Apolo, Artemisa, Hermes, Ares, Atenea, Afrodita, Hefesto y Dionisios.

Hay que reconocer que los mitos griegos fueron el producto de una antigua civilización altamente desarrollada. La mayoría de ellos estaban relacionados con la naturaleza del hombre, con su función en la sociedad y su relación con los dioses.

Los antiguos griegos se percibieron como seres humanos no omnipotentes. Estaban, con frecuencia, sujetos a eventos que no podían controlar, tales como el clima, la enfermedad, la guerra, el hambre, la muerte...Atribuyen muchos de estos problemas a los seres inmortales que adornan con atributos humanos y formas humanas, antropomorfismo.

DOS REPRESENTACIONES DE LA GRAN MADRE

Halladas en Chipre (III milenio y siglos XIV-XIII a. de J.C. respectivamente)

Los antiguos griegos, al revés de los antiguos hebreos, nunca recibieron mandamientos terminantes de sus dioses, sólo principios guías por los que podrían vivir. Vivieron según unos códigos morales y éticos que ellos mismos establecieron, pero que no aplicaron a los dioses que podían ser crueles y caprichosos, o amables y justos. Y no esperaban la perfección, ni de ellos mismos ni de los dioses.

Pero, aunque estos dioses fueron mucho más poderosos que el hombre, no eran omnipotentes. Había muchos dioses que tenían diferente personalidad y diverso papel en el orden universal. Cada dios exigía diferente actitud del hombre, como diferente clase de sacrificio. Lo que agradaba a un dios podía desagradar a otro

El hombre podría hacer cualquier esfuerzo para satisfacer a los dioses a través de plegarias, adecuados sacrificios, y otros rituales, y esperar lo mejor.

Los antiguos griegos, al revés de los antiguos hebreos, nunca recibieron mandamientos terminantes de sus dioses, sólo principios guías por los que podrían vivir. Vivieron según unos códigos morales y éticos que ellos mismos establecieron, pero que no aplicaron a los dioses que podían ser crueles y caprichosos, o amables y justos. Y no esperaban la perfección, ni de ellos mismos ni de los dioses.

Aceptaban su mundo y sus dioses como eran y se concentraban en hacer lo mejor de cada situación. En muchos aspectos, las actitudes y las acciones de los dioses correspondían a ellos mismos y eran una reflexión de la moral predominante y de los valores éticos de su tiempo. La mayor diferencia existía en el tipo de matrimonio. Los griegos micenos eran monógamos y el lazo de unión era sagrado. La promiscuidad de los inmortales en sus mitos reflejaba los conflictos religiosos del pasado, en los que los valores matriarcales se combinaron con los nacientes patriarcales. Platón y Aristóteles fueron impactados grandemente por el comportamiento de los dioses en los mitos griegos; no vieron en ellos ningún valor positivo, sólo corrupción de costumbres.

Muchos de los mitos griegos enseñaban al hombre a aceptar su limitación, incluyendo su mortalidad, y que no podía superar a los dioses en algún aspecto, sabiduría, salud, arte o belleza.

Los dioses viven eternamente y sin cambio, mientras que el hombre pasa rápido, como si fuera un sueño o una sombra. Ya que va a morir, debe obtener lo mejor para su vida. Debe disfrutar la felicidad que encuentra a su alrededor, de la forma que sea, dentro de la ética vigente.


 

GAIA, LA TIERRA

DIOSA ALADA DE LA FECUNDIDAD

(Comienzos del II milenio a. de J.C.). La delicada belleza

femenina contrasta con la nota brutal de los órganos animales,

sobre todo las garras de los pies, simbolizando el

doble aspecto del amor.

A pesar de que el hombre no podía escapar de su destino, como era la muerte, los Griegos micenos defendían que el hombre era libre, en el curso de su vida, para tomar decisiones que podrían determinar la calidad de su vida. No existía un código moral autoritario divinamente inspirado para guiar la conducta humana. Sin embargo, muchos de los mitos griegos enseñaron al hombre cómo comportarse en sociedad y con los dioses, examinando las elecciones mortales, y presentando las diversas alternativas y sus consecuencias. Aunque no existía un código moral divinamente inspirado, la obligación del hombre consigo mismo, con la sociedad y con sus dioses, estaba clara. Tiene obligación el ser humano de esforzarse por la excelencia (arete) en todos los aspectos de su vida, evitar los extremos, conseguir el dorado término medio y no olvidarse de su mortalidad y condición humana. No es un dios, y la excesiva excelencia podría conducirle al excesivo orgullo (hybris), que podría hacerle olvidar su humanidad. Podría llegar a ser arrogante e insolente, mostrando poco respeto con los hombres o los dioses, lo que le traería su propia destrucción, como sucedió en diversas mitologías. (3)

El alumbramiento de los hombres por la tierra es una creencia universal. Se piensa que los niños vienen del fondo de la tierra, de las cavernas, de las grutas, de los mares, de las fuentes y de los ríos.

La muerte es el reencuentro con la madre Tierra, "que la carne y los huesos retornen de nuevo a la Tierra", se dice en ceremonias fúnebres chinas.

Y la madre humana sólo hace repetir el acto primordial de la aparición de la vida en el seno de la tierra.

La mujer está místicamente solidarizada con la Tierra; el parto es una variedad de la fertilidad telúrica.

Según Hexodo, Gaia, la Tierra, parió a Urano, un ser semejante a ella. Otras diosas griegas procrearon sin la colaboración de los dioses. Es una expresión mítica de la autosuficiencia, fecundidad de la Tierra Madre, sigue diciendo Eliade en Lo sagrado y lo profano.

El predominio social de la mujer en el matriarcado, donde la mujer cultiva las plantas alimenticias y es, por ende, propietaria del suelo y de las cosechas, corresponde a un prestigio mágico-religioso que tiene que ver con la figura de la Tierra-Madre. En muchas mitologías, la creación cósmica se debe a una hiero-gamia entre el Dios-Cielo y la Tierra-Madre. De ahí se deduce que el marido y la esposa sigan el modelo arquetípico, cósmico. El marido es el Cielo y la mujer la Tierra; el Cielo abraza a su esposa, dispersándole la lluvia fertilizante. El Cosmos estaba cargado de mensajes para el hombre religioso de las sociedades arcaicas que utiliza el mito para descifrarlos. Y el Cosmos es la creación suprema de los dioses.

Las cosechas conllevaban orgías rituales, siguiendo el modelo divino de la hierogamia del dios fecundador de la Tierra-Madre; una nueva recolección equivale a una nueva creación, lo mismo sucede con el nuevo año. Las orgías son una regresión a lo pre-formal, a la noche cósmica, a las aguas, para asegurar la total regeneración de la vida, la fertilidad de la tierra y la abundancia de las cosechas.

La aparición de la vida es el misterio central del mundo para el hombre religioso. La vida humana está precedida de una pre-existencia y se prolonga y perdura en una post-existencia misteriosa e inaccesible. Para el hombre religioso, la muerte no es el final, es sólo el trampolín para la otra vida, una nueva modalidad de existencia.

"Entonces, Yahvé formó al hombre con polvo de la tierra y sopló en sus narices aliento de vida, y existió el hombre con aliento de vida", Génesis 2,7. El hombre nace de la Tierra, la madre telúrica, con el auxilio de Dios que le dio el aliento de vida. La exégesis judeo-cristiana dirá enseguida que, en hebreo, el aliento significa soplo, viento y espíritu, para luego, mágicamente, deducir que se trata del Espíritu de Dios. Se trata del alma, que será inmortal y sobrevivirá al cuerpo. Este mito será de desastrosas consecuencias humanas, sicológicas y antropológicas, pues conducirá al desprecio y abyección del cuerpo y sus sentidos y a la sobrevaloración del alma, que será alimentada por los sacerdotes con sus sacramentos para obtener la gracia y, al mismo tiempo, para mantener ellos su prestigioso poder. Y a la Tierra regresará, "pues eres polvo y en polvo te convertirás", repetición del mito cósmico.

La experiencia de una naturaleza desacralizada es un descubrimiento reciente, afirma Mircea Eliade, sólo accesible a los hombres de ciencia y a una minoría de las sociedades modernas, de las que forma parte el laicismo. La desmitificación o desacralización es un proceso reciente y minoritario, pero firme, expansivo, e irreversible. Su motor es el pensamiento científico moderno, además del propio desgaste y degeneración de muchos mitos a través del tiempo, así como del uso indebido y manipulador a los que han sido sometidos, desvirtuándolos de su primigenio valor, significado, y simbolismo primordial.(4)

¿Sigue viviendo lo sagrado sólo en nuestro inconsciente? ¿En qué medida una existencia radicalmente secularizada, sin Dios ni dioses, puede construir el punto de partida de un nuevo tipo de religión?, se pregunta el historiador de religiones, Mircea Eliade. Y nos surge la pregunta ¿nuestro inconsciente colectivo nos atará siempre a una religión? El proceso desmitificador se encargará de vaciar el contenido de los símbolos de verdades religiosas, y de conservar su belleza artística y literaria. Eso hicieron los grandes filósofos griegos de la era de Pericles, siglo V antes de nuestra era, con algunos de sus mitos.


 

PROMETEO Y PANDORA

 

PROMETEO ENCADENADO

Por Jacob Jordaens, Museo Wallraf-Richartz, Colonia

"Prometeo vislumbra la caída de todo poder basado en la violencia", Schajowicz

Según Hesíodo (Los trabajos y los días), originariamente la tierra producía sus frutos en abundancia y sin necesidad de esfuerzos; luego Zeus les quitó a los hombres, debido al engaño de Prometeo en Mecona en lo referente a los sacrificios, esta vida tan fácil. Así mismo les retiró el fuego, que los hombres debían de poseer durante la edad de oro, bajo el reinado de Crono. La humanidad había vivido libre de males, penas y enfermedades hasta que llegó la mujer, Pandora.

La progresiva degradación del hombre empieza con la provocación de Prometeo a Zeus sobre quién sabía más. El Titán preparó dos lotes con un gran buey que acababa de matar. El primero contenía los mejores trozos de carne y las vísceras, envueltos en la piel; el otro era muy atractivo, todo cubierto de grasa, que tanto apetecía a los griegos, pero en su interior sólo contenía huesos. Prometeo invita a Zeus a escoger el que más le gustase. Zeus se equivoca y escoge el peor. Por eso los hombres quemaban sólo los huesos en los sacrificios, a raíz de este mito etiológico (mito causal). Pero Prometeo tuvo que pagar por su osadía de superar a Zeus en conocimiento. En Mecona se terminó para los humanos el banquetear con los dioses. Prometeo y los humanos sufrirán; la vida sin esfuerzo y la juventud serán pretéritos; la vejez, la enfermedad y el dolor presentes y futuros. Crono es reemplazado por Zeus y finaliza la edad de oro.

La cronología de Hesíodo es un rompecabezas, porque los hombres de la edad de oro no habrían tenido mujeres. De todos modos, aunque en la Teogonía no se le da el nombre de Pandora (todos los dones), sí se dice que las mujeres son zánganos que consumen la sustancia de los hombres sin darles nada a cambio. Hesíodo termina diciendo que el hombre que tiene una buena esposa posee una mezcla de bien y mal, lo cuida en la vejez y su patrimonio es distribuido entre los herederos y restaura el equilibrio del hombre solo. Pero son un lujo caro y engañoso y que se impone a los hombres desplegando sus atractivos.

La literatura griega acepta directa e inequívocamente la mortalidad del hombre; Homero, Píndaro y los trágicos afirman que entre los dioses y hombres existe una distancia insalvable: la muerte. La vida aguarda a los hombres tras la muerte sólo puede ser una vida desgraciada. La muerte constituye un rasgo tópico de la melancolía, y la contemplación de la luz del día por última vez es motivo de lamento, pero hasta los hombres más privilegiados, los de la edad de oro, tenían que morir. Lo significativo era poder morir jóvenes, sin esfuerzo ni dolor; la miserable vejez no les sobrevenía y morían como si fueran vencidos por el sueño (5). Una vez muertos, se convertían en númenes o espíritus, aunque lo fueran del mundo subterráneo.

La hybris, soberbia antisocial o insolencia egoísta, es la con-causante del deterioro humano, ausencia de respeto por la opinión de los dioses y de los demás. El mito de Pandora, en la versión de Los trabajos y los días, explica el actual estado de cosas como castigo de Zeus por un acto de hybris, no de los hombres, sino de Prometeo, su protector. La formación de los mitos constituía un proceso enormemente complejo en el que participaban muchos factores conscientes unos, inconscientes y emotivos otros.

El principal objetivo práctico de los mitos es confirmar las costumbres tribales, mantener viva su memoria, ratificar la autoridad de sus instituciones, la monarquía por ejemplo, y codificar sus creencias.

En las más antiguas culturas del mundo, el hombre pensó que su sobrevivencia y bienestar dependía de la plegaria y del sacrificio a sus dioses. Sus mejores alimentos, y en algunas ocasiones sacrificios humanos, eran ofrecidos a sus dioses, también en las precolombinas americanas. La desobediencia a los dioses conllevaba la destrucción y la muerte. Todas las culturas arcaicas reflejan dependencia y sometimiento a la divina autoridad. El mito de Prometeo pone en tela de juicio, cuestionándola, esta actitud religiosa de dependencia a los dioses de aquel tiempo. Según los primeros griegos, los creadores del hombre fueron Zeus y Prometeo. Prometeo era un Titán, uno de los viejos dioses que había ayudado a Zeus en su lucha contra Crono.

Prometeo crea al hombre asistido por todos los dioses

Sarcófago romano del siglo III después de J.C.

Fue Prometeo el que modeló a los primeros hombres de barro, concediéndoles la posición erecta para que mirasen a los dioses. Zeus les dio el soplo de vida, como Yahvé.

Los primeros hombres eran aún seres primitivos que vivían de lo que podían matar (con sus arcos de madera, sus hachas de cuerno y sus cuchillos) y de las escasas cosechas que lograban hacer crecer. No conocían el fuego, así que comían la carne cruda y se envolvían en gruesas pieles para abrigarse del frío. Eran incapaces de hacer vasijas o escudillas y no sabían trabajar los metales para procurarse herramientas útiles y armas. Zeus estaba contento de que vivieran en aquel estado, porque temía que alguno pudiera crecer lo suficiente como para rivalizar con él. Pero Prometeo había aprendido a amar al género humano y sabía que con su ayuda los hombres (seres humanos) podían progresar. Él y Zeus habían creado a la raza humana, no a unos animales cualquiera.

–Tendríamos que enseñarles el secreto del fuego –dijo Prometeo a Zeus–, si no, serán siempre como niños inermes. Tendríamos que terminar lo que hemos empezado. –Son felices con lo que tienen –respondió Zeus–. ¿Para qué preocuparnos? Prometeo comprendió que no conseguiría convencer a Zeus y entonces subió secretamente al Olimpo, donde ardía el fuego día y noche, y encendió una tea. Con ella, prendió un pedazo de carbón vegetal hasta convertirlo en un tizón, lo escondió entre los tallos de una planta de hinojo y se lo llevó a los hombres. Aquel primer tizón proporcionaría el fuego a los hombres y Prometeo les enseñó a utilizarlo. También los ayudó de otros modos. Por ejemplo, cuando se hacían sacrificios, la parte mejor de la carne del animal sacrificado iba siempre destinada a los dioses, y la peor, a los hombres. Valiéndose del engaño antes citado, Prometeo aseguró a los hombres la parte más adecuada, el montón de carne y no de huesos disfrazados.

Con ayuda de Prometeo el hombre hizo rápidos progresos. Aprendió a modelar vasijas y escudillas, a construir casas con bloques de arcilla cocida, y con el tejado de ladrillos en vez de trenzado de cañas. Aprendió a trabajar el metal para defenderse y cazar. Pero una noche, en que Zeus estaba mirando desde el cielo, vio un fuego que ardía en la tierra y comprendió que había sido engañado. Mandó llamar a Prometeo. - "¿No te prohibí que dieras a conocer al hombre el secreto del fuego?", preguntó. "Dicen que eres sabio, ¿pero no comprendes que con tu ayuda algún día el hombre desafiará a los dioses?" - "No tiene por qué suceder, si lo amamos y le damos buenas enseñanzas", respondió Prometeo.

Pero Zeus se enfureció sobremanera y no quiso oír más explicaciones. Ordenó que Prometeo fuese llevado a las montañas del este y encadenado a una roca. Un águila feroz se alimentaba todos los días con su hígado, y el hígado volvía a crecerle durante la noche para que la tortura pudiera empezar otra vez. Pasaron muchos años antes de que Prometeo fuera liberado; hay quien dice que treinta mil y no está claro cómo sucedió. Según una leyenda fue a liberarlo el poderoso Hércules. De todos modos, Zeus no había quedado satisfecho con su venganza e hizo sufrir todavía al género humano.

Por voluntad suya, su hijo Hefesto modeló una muchacha con una mezcla de arcilla y agua. Atenea le infundió el soplo de la vida y la instruyó en las artes femeninas de la costura y la cocina. Hermes, el dios alado, le enseñó la astucia del engaño y Afrodita le mostró cómo conseguir que todos los hombres la desearan. Otras diosas la vistieron de plata y le ciñeron la cabeza con una guirnalda de flores; luego la llevaron a presencia de Zeus. –"Toma este cofrecito, le dijo, entregándole una cajita de cobre bruñido. Es tuyo, llévalo siempre contigo, pero no lo abras por nada del mundo. No me preguntes la razón y sé feliz, ya que los dioses te han dado lo que todas las mujeres desean". Pandora, que así se llamaba la muchacha, sonrió. Pensaba que el cofrecito estaría lleno de joyas y piedras preciosas. –Ahora tenemos que encontrarte un marido que te ame, y yo conozco al hombre adecuado: Epimeteo. Él te hará feliz. Epimeteo era hermano de Prometeo, pero le faltaba toda la prudencia de su hermano. Prometeo le había advertido que no aceptara ningún regalo de Zeus, pero él, un poco halagado y quizá temeroso de rechazarle, aceptó a Pandora como esposa. Hermes acompañó a la muchacha hasta la casa del flamante marido en el mundo de los hombres.

–"Bueno, amigo Epimeteo – le dijo –, no olvides que Pandora tiene un estuche que no debe abrir por ningún concepto". Epimeteo tomó el estuche y lo colocó en sitio seguro. Al principio, Pandora fue feliz viviendo con él y olvidó el estuche; más tarde empezó a reconcomerla el gusanillo de la curiosidad. – ¿Por qué no podemos ver al menos lo que contiene?– dijo un día a su marido.

Luego, mientras Epimeteo dormía, abrió el cofrecito y, rápido como el viento, salieron todos los males que desde entonces nos afligen: el cansancio, la pobreza, la vejez, la enfermedad, los celos, el vicio, las pasiones, la suspicacia... Desesperada, Pandora intentó cerrar el cofrecito, pero era demasiado tarde. Su contenido se había desparramado por todas partes. La venganza de Zeus se había realizado, la raza humana no podía ser noble como había querido Prometeo. La vida sería una lucha constante contra dificultades de todo género. Había pocas posibilidades de que el hombre pudiera aspirar al trono de Zeus.

Pero el triunfo del rey de los dioses no era completo. Una cosita de nada había quedado en el fondo del estuche y Pandora consiguió encerrarla. Era la esperanza. Con ella el género humano había encontrado la manera de sobrevivir en este mundo hostil. La esperanza les daba una razón para seguir viviendo. (6).

 


 

SIMBOLISMO DEL MITO DE PROMETEO

 

El mito de Prometeo revela verdades generales sobre la naturaleza del hombre y su relación con el mundo en el que vive. Reconoce que el hombre está indefenso ante el frío y el hambre.

Zeus teme ayudar al hombre y que éste se rebele, rivalice, contra su autoridad. El padre de los dioses no ama al ser humano y quiere destruirlo, como lo habían hecho otros dioses de otras religiones con el diluvio, "porque los hombres se habían hecho malos". Para Prometeo, por el contrario, el ser humano es tan importante que las órdenes divinas podrían ser desobedecidas si éstas afectan negativamente a la humanidad. Los mitos de la antigua Grecia nos enseñan que no podemos exigir más de lo que los dioses permiten sin recibir un divino castigo e incluso la total destrucción. Prometeo se sublevó contra la inhumanidad de Zeus, y simboliza, en la edad moderna y contemporánea, la autonomía, auto-perfección y autorrealización del ser humano contra las fuerzas sobrehumanas misteriosas y alienantes: los dioses, sus dogmas y sus sacerdotes.

Encima de los dioses está el Hado, o sea, la triple Moira. El saber de Dios coincide con el de la Moira, porque su esencia es la sabiduría misma. En el mundo griego se da la eterna presencia de un hado trans-divino restablecedor del equilibro cósmico, perturbado por el exceso humano (hybris) y por los actos de injusticia de los dioses. Aquí radica la vocación de Prometeo: los dioses arbitrarios no pueden ser todopoderosos. La imposición de la necesidad sobre la libertad, creatividad y espontaneidad del ser humano, conduce al sin sentido del universo y a la conclusión de "no hay porvenir" de los existencialistas pesimistas. Es la experiencia del absurdo. La rebeldía prometeica conlleva un rechazo a los fáciles consuelos religiosos y el deicidio del dios que atenta contra la dignidad del ser humano. Constituye un grito de conciencia de la inalienabilidad del ser humano y un vislumbre de justicia cósmica castigadora de dioses y seres humanos transgresores. Prometeo es un proto-hombre, el arquetipo en cuya agonía se patentiza nuestra propia condición, más que un titán, como lo clasificara Hesíodo.

Prometeo, hijo de Japeto, intentó engañar y realmente engañó a Zeus cuando se reunió en Mecona con otros dioses y hombres para establecer el ritual de los sacrificios. Y así se estableció el arquetipo del sacrificio para todos los tiempos, se queman en el altar como ofrenda las partes no comestibles, reservándose las carnes. Y la cólera de Zeus no se hizo esperar. Nadie engaña impunemente a los dioses y Zeus se ensaña contra el género humano, no sólo contra Prometeo, por otra especie de pecado original, fraude original. (7).

Prometeo profana el primer sacrificio en calidad de proto-hombre, el Adán bíblico. La esperada bendición se convierte en maldición, ironía de la justicia eterna, apariencia de triunfo, realidad de fracaso. La expulsión del paraíso. El ser humano ha quedado desamparado y sin dioses protectores. Zeus, en castigo, les retira el candente fuego que compartían con los mismos dioses. Prometeo, redentor, compadecido de los hombres, se lo roba a los dioses y lo restituye a los hombres. El mito prometeico se relaciona con la creación del hombre y el surgimiento de la civilización. A causa de esta afrenta, Zeus, encolerizado, castigó a la humanidad con los males contenidos en la caja de Pandora y mandó que Hefesto atara a Prometeo a la cima más alta del Cáucaso, donde el buitre le devoraba el hígado, que cada noche se regeneraba para que se repitiera el tormento diario. Esquilo en el Prometeo Encadenado transforma a Prometeo de embaucador en el máximo benefactor de la humanidad, el Jesús cristiano, el justo crucificado.

Prometeo ha heredado de su madre el don profético y le niega a Zeus el desvelamiento de unas bodas fatales y funestas para el dios, ya que un hijo suyo lo destronaría, como él había hecho con su padre Crono.

El Prometeo de Esquilo es un super titán, portador de la civilización y de la cultura a los humanos. Prometeo vislumbra la caída de todo poder basado en la violencia. El hado está por encima de los dioses. El espíritu prometeico está sobre la autocracia de Zeus. El fuego simboliza la sustancia misma de la cultura y Prometeo, más que ladrón, es el portador del fuego, es el que tiene una antorcha en la mano, atributo normal del dios del fuego y de las artes del fuego, el descubrimiento y utilización del hierro, cobre, plata y oro.(8).

Prometeo es el inaugurador de la cultura de los hombres en oposición a Zeus y otros dioses olímpicos que eran anti-progreso humano. Eterno antagonismo entre los dioses y los hombres. La función y papel de Prometeo es una llamada a todos los seres humanos para luchar contra todos los dioses aniquiladores de lo humano, de su creatividad, felicidad y autorrealización. Todo dios creado por los humanos resulta ser un tirano contra la humanidad, terrible paradoja. Entonces, ¿por qué los creamos? Los sacerdotes y la élite política son muy conscientes del infinito poder de convocatoria, de cohesión y de sometimiento que los dioses y sus religiones tienen ante el pueblo. Por eso los crearon y, al mismo tiempo, ellos mismos se constituyeron en sus representantes plenipotenciarios. Esta fue la mejor receta que pudo inventarse contra el individualismo y la democracia. Todo poder viene de Dios, léase a Pablo de Tarso, a Constantino y a Mahoma... El círculo se cierra perfectamente y sin posibles fisuras. Todo por obra y gracia de algunos mitos y de su  adecuada y oportuna manipulación.

Y todos los pueblos, todas las culturas, incluso las precolombinas de América, incluyen casi los mismos mitos narrados de diferente forma, pero con similitudes en el fondo: creación del mundo por los dioses, el diluvio, el pecado, el origen de la mujer del hombre, el robo del fuego... Los mitos de la mitología taína son narrados por Fray Ramón Pané en su Relación acerca de las antigüedades de los indios.

La coincidencia en las distintas culturas en estos aspectos podría explicarse por el inconsciente colectivo de Jung y sus arquetipos de esquemas arcaicos, por la utilización de lo arcano y sagrado con fines político-religiosos de sometimiento y alienación de la masa ignorante y temerosa. En el estructuralismo de Lévi- Strauss tales coincidencias se deben al hecho de que el ser humano responde de semejante forma ante parecidas circunstancias.

En la mitología griega, según Hesíodo, reinaba en el principio la armonía entre los dioses y los hombres, la raza de oro y la posterior de plata, hasta que llegó la raza de bronce, amante de la guerra, insolente y cruel. La cuarta raza era más noble y generosa. La quinta raza es la actual de hierro, indignos descendientes de la cuarta, degenerados, crueles, injustos, libidinosos, malos hijos y crueles. El intento de los seres humanos de conquistar la autonomía por medio de la cultura fue juzgada por el Olimpo como un desmadre (hybris). Zeus, al salir victorioso de la lucha contra los dioses (theomaquia), engreído, prepotente y sin la experiencia que da el sufrimiento y la derrota, usa el poder (cratos) y la violencia (bia) tiránicamente. Se opone a la perfectibilidad de los seres humanos, pero termina librando a su padre Cronos y a todos los titanes arrojados al Tártaro. Se reconcilia con Prometeo, permitiendo que Heracles mate de un flechazo al águila torturadora, y así se reconcilia con la humanidad. Así lo hará Yahvé después de la muerte del justo en la cruz. Zeus se mantiene en el poder porque aprendió a ser humano, los dioses necesitan tanto de los seres humanos como éstos de aquéllos.

La obstinación de Urano y Crono les impidió reconocer la ley de la Moira. Zeus sufre evolución, se hace menos diabólico y más dios, y ahí encuentra su propia salvación. El Yahvé siempre acto puro, siempre extático e inmutable, castigador y vengativo, ahuyenta y aterroriza. Es un Dios arcaico, de un solo pueblo.

Conviene no olvidar que nadie llega a poseer el mythos, lo sagrado. Frente a lo sagrado sólo cabe una actitud de apertura. Existe una lógica del mito, como de la poesía y de lo sacro, diferente de la moderna lógica científica o matemática. Al mundo griego, como a todas las culturas, hay que acercarse con sus ideas y valores, con su peculiar cuadro de referencia social. Para aquellos griegos, el mito era su verdad, su mundo y el principio de identificación como pueblo; son mitos vivos. Pero que los griegos de hoy mantuvieran la misma fe en aquellos mitos sería al menos disfuncional, además de otras cosas; se trata de mitos muertos. Eso mismo se aplica a los mitos de todas las religiones, pero los creyentes, aferrados a arcaicas creencias, rehúsan interpretarlas al ritmo de los signos de los tiempos y a la luz de los nuevos descubrimientos científicos. Bueno, no es fácil; recordemos que el mito es consustancial al ser humano, sobre todo a las masas. La realidad mítica y la científica son galaxias diferentes. El imponer creencias a las ideas científicas conlleva fanatismo, y todas las religiones, unas más que otras, tienen su historial lleno de actos de violación a los derechos fundamentales del ser humano, que causan pavor. Las religiones terminan siendo nefastas para la Humanidad, a pesar de escudarse en lo sagrado e invocar constantemente a Dios.

El fuego de Prometeo, la antorcha prometeica, se repite en el Pentecostés cristiano. Las lenguas de fuego sobre las cabezas de los primeros cristianos y la infusión de gracias, dones y carismas, hacen a los apóstoles portadores de la antorcha de Cristo. En los últimos siglos, con Goethe y Shelley, emerge el mito prometeico como un idealizado anti-dios, un portador de la protesta humana contra el poder supremo de la teología dogmática de la tradición judeo-cristiana.

El Prometeo de Shelley tiene características mesiánicas frente a Júpiter que tiene las características de Jehová del Antiguo Testamento. La hostilidad hacia el cristianismo institucionalizado es evidente y se busca, como común denominador, la emancipación de la humanidad de las cadenas del oscurantismo.

En Goethe, Prometeo reprocha a Júpiter, el Zeus latinizado, envidiarle su propiedad sobre el fuego, la fuerza creadora y prístina del universo. Es el profeta del espíritu humano contra el misterio del silencio divino. Schajowicz se pregunta: ¿Cuál es la contrafigura de Prometeo en la religión de los hebreos? "Al Titán que se subleva contra Zeus se le ha podido comparar con Lucifer. Al proto-hombre, arrojado de la presencia divina, con Adán; al salvador de la humanidad, con Cristo. Pero quien concibe a Prometeo como proto-pensador encontrará su análogo, dentro de la tradición judeo-cristiana, en la figura de Job. Sólo a Job le está permitido interrogar hasta aquel límite en que la constante afirmación de su inocencia pone en entredicho la justicia divina. Sin embargo, ninguna respuesta que recibe es satisfactoria, ni la de sus amigos, ni la de Dios mismo. Dios no dice por qué el justo ha de sufrir atrozmente, sino que exige de todas sus criaturas sumisión a su voluntad inescrutable. De este modo se sustrae a un diálogo posible y desalienta la actitud interrogante como tal".

Jehová no contesta a la verdadera pregunta y reafirma su poder cuando es su justicia la que está en tela de juicio. Se reafirma el teocentrismo del profeta Ezequiel: "¡Mal que os pese, por la fuerza, yo seré vuestro rey!"

He aquí el espíritu prometeico: Búsqueda contra posesión, diálogo contra actitudes apologéticas y espíritu de adoctrinar, inseguridad contra recetas de salvación, emancipación contra dominio y alienación. No hay libertad sin rebeldía y la misma rebeldía tiene origen divino. (9).


 

LOS MITOS EN LA ILÍADA

 

En Grecia, el mito inspiró la poesía épica, la tragedia, la comedia y las artes plásticas. Posteriormente, se sometió a un profundo análisis racional que lo desmitificó. Los mitos de Homero y Hesíodo se terminaron considerando como ficción por los racionalistas griegos, a partir de Jenófanes. La conducta caprichosa de los dioses y a veces injusta, sus aventuras y decisiones arbitrarias, hasta su inmoralidad, constituyeron el blanco de los ataques racionalistas griegos.

Pero Homero no era ni teólogo ni mitógrafo. Nunca presentó sistemáticamente la disciplina teológica ni mitológica, pero, como afirma Platón, educó a toda Grecia y sobre todo a su preferido auditorio: los miembros de la aristocracia militar y feudal. Sedujo a todos, con una fascinación jamás igualada, con su genio literario. Y le cabe el mérito de haber unificado y articulado la cultura griega con la creación de arquetipos atemporales a través de los dioses y los mitos. Sus creaciones fueron cantadas por los genios de los grandes artistas de la época clásica.

 

 

HELENA SIRVIENDO A PRÍAMO

Pintura de un vaso griego.

La Ilíada y la Odisea son poemas homéricos cantados por Homero en su función de aedo (juglar de la época o rapsoda), aunque quizá no fueron escritos por él. Estos poemas épicos fueron para los griegos lo que la Biblia es para los hebreos y el Corán para los árabes: elementos de cohesión ideológica, configuración y toma de conciencia de pueblo. Son, al mismo tiempo, el origen de las creencias para esos pueblos. Ello constituye la subordinación de las ideas a las creencias, del conocimiento científico al mítico, y el núcleo antagónico del pasado y del futuro. Pero es calidoscópica la percepción de los dioses. Según Schelling, no es el hombre el que crea el mythos, sino que es todo lo contrario: el mythos crea al hombre; la sociedad humana presupone una revelación previa de lo divino. El mythos es lo primario y original y la historia es su derivado. Es el proceso teogónico el que coincide con el cosmogónico. No serían, pues, los mitos ni proyecciones (sicología), ni superestructuras (sociología). Rilke diría: "¡Qué sea una vez más vuestra mañana, dioses! Nosotros repetimos. Sólo vosotros sois origen". El mythos narra una hierofanía, modalidad de lo sagrado, y la situación del hombre con relación a lo sagrado.

Aunque Zaratustra sentencie: "muertos están Dios y todos los dioses", al decir mythos se dice inspiración. Según Goethe, el ojo no podría percibir la luz si no fuera de esencia solar; tampoco podríamos extasiarnos en lo divino si no alentara en nosotros la propia fuerza del dios. Aspecto poético que intensificó en alto grado la virtualidad del mito. La realidad psico-sociológica del mito dice otra cosa muy diferente.

Todas las religiones han insistido en el carácter antropomórfico y teriomórfico de sus dioses. Los dioses son proyecciones de los hombres, con toda su carga humana, virtudes y vicios, instintos y pasiones. Pero son mucho más, porque lo que se percibe como real es real en sus consecuencias. Los dioses se constituyen como los más altos símbolos de las posibilidades espirituales del hombre mismo. Por eso se convierte en animal adorateur, según Baudelaire, porque los dioses son imágenes iluminadoras de la existencia. Goethe al hablar de Zeus, de su estatua en Olimpia, afirma: "el dios se había hecho hombre para convertir al hombre en dios". Lo mismo se afirma en la religión católica al hablar de Jesús, Dios-hombre, hombre- Dios (Concilio de Nicea, 325), pero no mujer. Que las mujeres sigan siendo creyentes, a pesar de todo lo que contra ellas han dicho todas las religiones y las marginaciones y vilipendios a las que han sido sometidas es muy sorprendente e inexplicable hoy día.

El mythos es un modo pre-racional y pre-científico de la comprensión del mundo, como hemos repetido. No siempre es tarea fácil separar lo poético de lo prosaico en el mythos, a veces se entremezclan sutilmente.

La Ilíada no es un libro frívolo en el que los dioses no toman en serio la vida humana. Los dioses se banderizan y toman parte en la pelea como guerreros. Significa la precariedad de los dioses en el mundo homérico: "Príamo llamó a Helena y le dijo: Ven acá, hija querida, siéntate a mi lado para que veas tu anterior marido y a sus parientes y amigos, pues a ti no te considero culpable, sino a los dioses, que promovieron contra nosotros la luctuosa guerra de los aqueos...", Canto III, 161-166. "De nuevo asaltó Menelao a Paris para matarle con la broncínea lanza; pero Afrodita arrebató a su hijo con gran facilidad, por ser diosa, y llevóle, envuelto en densa niebla, al oloroso y perfumado tálamo", Canto III, 379-384. Menelao vence en esta ocasión con el auxilio de Atenea; "otro día la venceré yo, pues también tenemos dioses que nos protejan", dice Paris. Afrodita saca a Eneas de la liza. Cipris, diosa, fue herida en plena batalla, en la palma de la mano, y "brotó la sangre divina", o por mejor decir, el icor; que tal es lo que tienen los bienaventurados dioses, pues no comen pan ni beben vino negro, y por esto carecen de sangre y son llamados inmortales. Zeus, el padre de los hombres y de los dioses, llamó a Afrodita y le dijo: "A ti, hija mía, no te han sido asignadas las acciones bélicas; dedícate a los dulces trabajos del himeneo, y el impetuoso Ares y Atenea cuidarán de aquéllas", Canto V, 428-430.

El Dios de los hebreos, Yahavé, también luchó a favor de su pueblo contra los egipcios y otros pueblos vecinos. Lo propio hizo Alá a favor de los suyos en las guerras santas islámicas. Se ha reprochado a los dioses homéricos el ser indiferentes a la salvación del hombre. Los griegos no partían del supuesto teológico de que el hombre necesite redención, que deba ser redimido, lo que presupone que está perdido y se necesita el mito e invención del pecado original y de los otros pecados. La cosmovisión griega, de exquisita espiritualidad, no promete cielos, ni vidas eternas. La lectura de las obras homéricas nos libera de falsos temores (infiernos dantescos) y de falsas esperanzas (cielos y vidas eternas). Al nacer, tenemos el germen del perecer; la hora del nacimiento ya empieza a ser la hora de la muerte. Y esta vida es un fin en sí misma, no un puente, ni un tránsito para la otra. Las castas sacerdotales de las religiones, que juegan con la esperanza del más allá para perpetuar sus poderes y privilegios, no entran en la mentalidad lúcida griega. En el mundo griego todo es hermoso: la vida, el cuerpo humano, los instintos. El pecado no lo ha estropeado, viciado y corrompido todo.

Hölderlin concibió a Cristo como el último de los dioses griegos. La divinidad de Cristo, de la que no se habla nada en los primeros siglos, sí en el Concilio de Nicea (año 325), también pertenece al mundo mítico. Como afirma Renán en su obra, La vida de Jesús: si no fue Dios, mereció serlo; sí, mereció serlo. No cabe la menor duda de que Nicea mitificó y divinizó a Jesús, un profeta judío, y que la Iglesia se vanagloría de ser fundada por Dios, pero los mahometanos nunca divinizaron a su profeta, ni los mismos judíos creen en ese Jesús-Dios, inventado por los cristianos para darle origen divino a su religión con su "Establishment" eclesial. Tampoco sus apóstoles, cosa lógica, lo consideraron como un dios, totalmente impensable en su época Yahveísta. Pero el poder del mito es infinito y los humanos tenemos esa capacidad fabuladora, que pude resultar muy beneficiosa para sus creadores.

El mito del pecado original presupone:

1. El mito de la creación, en virtud del cual la criatura se debe a su creador.

2. A Eva como única madre de todo el género humano. Pero Eva no existió, es un símbolo de la primera mujer.

3. La existencia real del Paraíso y la inmortalidad del hombre antes de comer del árbol de la ciencia del bien y del mal. Es la desobediencia de Eva, cuyo pecado no fue de desobediencia sino de conocimiento, y el hecho de inducir al pecado del conocimiento a Adán lo que les hizo perder su inocencia e inmortalidad... Todo es un aparente y precioso relato para niños, pero detrás de este mito está la perversa mano del autor del mito que atribuye a la mujer el origen de todos los males, como a Pandora. Ya que ella pecó y tentó a Adán, que también pecó, es sentenciada a someterse al hombre ya que del hombre procede, cuando la verdad científica es que el hombre nace de la mujer.

4. Y presupone la existencia de un dios que por esencia sería cruel y vengativo, que priva a todos los seres humanos injustamente de unos dones paradisíacos hipotéticos.

Kafka, anti ideólogo, afirma que todo poder es maligno, incluso el de Dios. Que hay dolor, pero no esperanza ni libertad. Para Beckett y Wittgenstein hay abandono de Dios, ausencia de sentido, una culpa atávica; o apreciaciones e ilusiones de perspectiva (Nietzsche).Para Dios existen infinitas esperanzas, pero no para el ser humano. Únicamente para nosotros no las hay, dice Kafka, quien además afirma: "Para el hombre no hay progreso personal. Sólo experimenta el descenso. Por ello, quebranta el orden cósmico. Éste es el pecado original".

"El orden cósmico y su armonía son incompatibles con la existencia humana. La conciencia humana de que va a morir, el saber de la muerte es el pecado original, y su secuela, la vergüenza. El dolor humano, sobre todo el físico, es la única realidad incontestable, ese animal dolido, encerrado en una celda sin puertas ni ventanas. He ahí su fatalidad y su pecado, y su hastío que nos consume". (10).

"El ser humano no ha cometido pecado original. Es contra él que se ha cometido el pecado original; ha sido grave e injustamente agraviado por el inventor del mito del pecado original."

Kafka se apoya en la tragedia griega, sobre todo en la Ilíada y la Odisea. Odiseo, el clásico superviviente fatigado en extremo de la epopeya homérica, prefiere seguir viviendo y usa para ello una sutil flexibilidad, prudente precaución y sabiduría para regresar a Ítaca, su país. Aquiles, que tiene su equivalente en la vergüenza, consciente del oráculo de su madre Tetis, opta por la fama y está dispuesto a morir joven, pero lleno de gloria. Ambos poemas épicos empiezan con una invocación a la musa de la poesía, costumbre apoyada en la antigua creencia de que para crear poesía y para conseguir la inmortalidad relativa de las personas narradas, había que utilizar un arte misterioso y divino que sólo podía practicarse con la ayuda sobrenatural.

La Ilíada tiene como única finalidad: Cantar "la cólera de Aquiles, hijo de Peleo, cólera funesta que causó males sin número a los griegos...desde que se separaron, disputando, el átrida... y el divino Aquiles". Es también la historia de una guerra, del heroísmo y de la cobardía, de la codicia y de la avaricia, del amor filial, del dolor y del odio; es una reflexión del hombre en el universo y una revelación de los actos y pensamiento de los dioses.

La Ilíada es el gran poema de la guerra y, al mismo tiempo, de la paz. La escena final entre Aquiles y Príamo, el dolor de Andrómaca ante su esposo Héctor, muerto por Aquiles, y las lamentaciones de Helena son un canto al dolor universal. En el canto XXII, Hécuba, la madre de Héctor, solloza y gime, mesándose el cabello y quema sus ropas simbólicamente en honor de su amado esposo. Aquiles se venga en el cadáver de Héctor, porque los griegos creían que el destino del alma dependía del trato que se le daba al cadáver. Los griegos tenían vocación de héroes, pagados de infinito amor propio.

La Ilíada es la manifestación de un genio poderoso que envuelve en poesía un mundo de guerras, ruindades e infortunios. Encierra toda la complejidad de la existencia humana con sus grandezas y miserias.

 


 

LA MOIRA EN LA ILÍADA

 

 

La intervención de los dioses que se mezclan con los combatientes, que tienen pasiones humanas, más cercanos a los hombres que el Dios del Antiguo Testamento, está sujeta al curso del destino, o moira, que ni ellos mismos pueden torcer.

"Con hado funesto te parí en el palacio", Tetis, I, 417.

"Zeus y los demás dioses inmortales saben para cuál de ellos tiene el destino preparado la muerte", Príamo, III, 309. "Siempre los dioses hemos padecido males horribles que recíprocamente nos causamos para complacer a los hombres", V, 873.

El gran Héctor, de tremolante casco, le dice a Helena: "Ignoro si volveré a la batalla, o los dioses me harán sucumbir a mano de los aqueos", VI, 368.

Héctor puso el niño en brazos de la esposa amada, quien, al recibirlo en el perfumado seno, sonreía con el rostro todavía bañado en lágrimas. Notólo Héctor y, compadecido, acaricióla con la mano y así le habló: "¡Esposa querida! No en demasía tu corazón se acongoje, que nadie me enviará al Hades antes de lo dispuesto por el hado; pues de su suerte ningún hombre, sea cobarde o valiente, puede librarse una vez nacido...", VI, 482-492.

Heleno, hijo amado de Príamo, dice a su hermano Héctor: "Y reta al más valiente de éstos a luchar contigo en terrible combate, pues aún no ha dispuesto el hado que mueras y llegues al término fatal de tu vida", VII, 50-52.

Atenea, la diosa de los brillantes ojos, dice a Zeus: "Pero tenemos lástima de los belicosos dánaos, que morirán y que se cumplirá su aciago destino", VIII, 34.

A Hera la ira no le cupo en el pecho y exclamó a Zeus, que amontona las nubes, y éste le respondió, al hablar del cadáver de Patroclo: "Así lo decretó el hado y no me importa que te irrites".

La Moira, hado, parcas, o destino, implicaba: un orden total que obra sobre el ser humano en particular, determinándolo; el ser humano no se da cuenta ni conoce el orden total ni su fuerza necesaria, lo que hace que la moira sea ciega.

Héctor, caro a Zeus, arrimado a su lanza de once codos, cuya reluciente broncínea punta estaba sujeta por áureo anillo, arenga a los troyanos: "...echaré de aquí a esos perros rabiosos traídos por el hado en los negros bajeles", VIII, 492-496 y 527-529.

Aquiles rehúsa aceptar las excusas y presentes de Agamenón a través de Ulises, llevado por su amor propio y avaricia y apoyado, además, en el consejo de su madre, la diosa Tetis: "Mi madre la diosa Tetis, de argentados pies, dice que el hado ha dispuesto que mi vida acabe de una de estas dos maneras: si me quedo a combatir en torno a la ciudad troyana, no volveré a la patria, pero mi gloria será inmortal; si regreso perderé la ínclita fama, pero mi vida será larga, pues la muerte no me sorprenderá tan pronto", IX, 410-417.

El troyano Asio Hirtácida no siguió el consejo, "porque su hado infausto le hizo morir atravesado por la lanza del ilustre Idomeneo Deucálida", XII, 115.

Los augures interpretan el vuelo de las aves: "...un ave agorera: un águila de alto vuelo...".

Los griegos lloran a menudo y temen la muerte, porque no consideran plácida la vida del más allá. "Canta, oh Musa, la cólera de Aquiles". La cólera es el cumplimiento de la voluntad de Zeus. Aquiles le dice a Príamo: "Los hombres luchamos por todo, y los dioses...han tejido el dolor en la trama de nuestras vidas".

El hombre resulta ser un muñeco en manos del hado o destino, que ni los mismos dioses pueden cambiar. El destino trágico sobre la libertad humana. La pregunta obvia es ésta:¿quién establece, si no son los dioses, ese orden total con su fuerza infinita y ciega? Y ¿cómo se salva la libertad del ser humano? El equivalente al destino, en la teología católica, es la providencia omnisciente, y, en la Reforma, es la predestinación.

Dios sabe y cuida del mundo y de los humanos, sabe lo que vamos a hacer, conoce nuestro destino, nos elige y destina; y es así porque es omnisciente y providente. El teólogo católico viene al rescate con este artilugio: Dios sabe porque prevé lo que va a suceder, no sucede porque Él lo determine. Y así se salva la libertad humana. Pero si va a suceder, no puede dejar de acaecer, es necesario, no libre.

 

TETIS IMPLORANDO A ZEUS

Por Ingres, Museo de Aix-en-Provence.

Dios tiene el ser y los modos del ser; puede saber que va a suceder, respetando la libertad y el modo del ser, siguen los teólogos. Esto podría ser en la lógica de Dios, que no conocemos, "cuando hablamos de Dios, ya no es de Dios de quien hablamos", pero no tiene consistencia lógica en el pensar humano. Si hay moira, hado, providencia, predestinación y destino, no hay libertad humana.

El dilema es insoluble y, precisamente por esta razón, trágico. Este problema pertenece al pensamiento mítico, no al científico, y se trata, por lo tanto, de proposiciones o juicios absurdos.

Todo era ideal en la tragedia. El actor adoptaba palabras y gestos heroicos, del mismo modo que el poeta buscaba sus caracteres, no fuera de la humanidad, sino superiores a ella. El tema constante era la lucha entre la libertad moral y el destino, poder inflexible ante el cual inclinaban sus frentes hasta los mismos dioses. La creencia asiática en esta divinidad suprema no permite acusar a los dioses de injusticia aun cuando opriman al hombre de bien en favor del perverso, y se creería que los poetas trágicos estuvieron acordes para precaver el espíritu contra la inestabilidad de las cosas humanas. El Agamenón de Esquilo, al entrar en su palacio, exclama: "Honradme, no como a Dios, sino como a hombre. El primer don de los dioses es la moderación; no proclaméis venturoso más que al que ha llegado al término de sus días en medio de una prosperidad tranquila." El drama Traquinias de Sófocles comienza con estas palabras de Deyanira: "Siempre se ha dicho que no se podía juzgar del bien o del mal de nuestra vida hasta no haber llegado al término fatal de ella".

En Eurípides, Andrómaca exclama: "Nunca debería llamarse a nadie feliz antes del fin de sus días"; y en el Edipo de Sófocles se dirigen estas palabras a los espectadores: "Después de tantas grandezas, ved a qué abismo fue precipitado Edipo. Aprended, ciegos mortales, a volver vuestros ojos hacia el último día de vuestra vida y a no llamar a nadie venturoso antes que llegue este plazo". Parece ser que el sentimiento exquisito de lo bello hizo excluir de la tragedia griega las desgracias de que cada cual podía ser víctima, como también todo asunto que se aproximase a nuestra condición ordinaria. La musa trágica se atuvo de mejor grado a las aventuras de los héroes y de los dioses.

El elemento popular se manifestaba más particularmente en el coro, carácter verdadero del drama ateniense. El coro, al representar a las asambleas públicas, ejerce su supremacía sobre los más altos personajes: juzga, critica, aconseja y alaba, en tanto que modera las emociones violentas que resultan de los acontecimientos trágicos. Y se erige en árbitro imparcial de las acciones buenas o malas en medio de la ardiente lucha de las pasiones teatrales. (11).


 

AGAMENÓN Y CLITEMESTRA 

Agamenón y Menelao, hijos de Atreo, fueron criados junto con Egisto, el hijo de Tiestes.

Agamenón hizo primeramente la guerra contra Tántalo, rey de Pisa e hijo de su feo tío Bróteas, a quien mató en batalla y se casó por la fuerza con su viuda Clitemestra, hija de Leda y del rey Tindáreo de Esparta. Los Dioscuros (Cástor y Pólux), hermanos de Clitemestra, marcharon por lo tanto sobre Micenas, pero Agamenón había acudido ya como suplicante a su benefactor Tindáreo, quien le perdonó y le permitió que se quedara con Clitemestra. Después de la muerte de los Dioscuros, Menelao se casó con su hermana Helena y Tindáreo abdicó en su favor.

Clitemestra dio a Agamenón un hijo, Orestes, y tres hijas: Electra o Laódice, Ifigenia o Ifianasa y Crisótemis. Algunos dicen que Ifigenia era sobrina de Clitemestra, hija de Teseo y Helena, de la que se compadeció y a la que adoptó.

Cuando Paris, el hijo del Rey Príamo de Troya, raptó a Helena y con ello provocó la guerra troyana, Agamenón y Menelao estuvieron diez años ausentes de su patria, pero Egisto no se unió a la expedición y prefirió quedarse en Argos para buscar la forma de vengarse de la Casa de Atreo.

Cuando Egisto se enteró de que Clitemestra figuraba entre las más ansiosas de dejarse convencer por Nauplio, se propuso no sólo hacerse su amante, sino también matar a Agamenón con su ayuda tan pronto como terminara la guerra de Troya.

Hermes, enviado a Egisto por el omnisciente Zeus, le aconsejó que renunciara a su proyecto, basándose en que cuando Orestes llegara a la edad viril sin duda vengaría a su padre. Pero a pesar de toda su elocuencia, Hermes no pudo disuadir a Egisto, quien fue a Micenas con valiosos regalos, pero odio en el corazón. Entonces Clitemestra se entregó a los brazos de Egisto y él celebró su inesperado triunfo con holocaustos a Afrodita y regalos de tapices y oro a Artemis, quien sentía rencor por la Casa de Atreo. Clitemestra tenía pocos motivos para amar a Agamenón, quien, después de dar muerte a su anterior marido Tántalo y al hijo recién nacido que estaba amamantando, se había casado con ella por la fuerza y luego se había marchado a una guerra que prometía no terminar nunca. En consecuencia, Clitemestra conspiró con Egisto para matar a Agamenón y a Casandra.

Clitemestra recibió a su marido, cansado por el viaje, simulando que se hallaba muy contenta: Hizo tender para él una alfombra de púrpura y lo condujo a la casa de baños, donde las esclavas le habían preparado un baño caliente. Casandra se quedó fuera del palacio, sumida en un arrobamiento profético, y se negó a entrar gritando que olía sangre y que la maldición de Tiestes pendía sobre el comedor. Cuando Agamenón se lavó y hubo sacado un pie de la bañera, dispuesto a participar en el banquete ya servido en las mesas, Clitemestra se le acercó como para envolverlo en una toalla, pero en lugar de eso le arrojó a la cabeza una prenda de malla tejida por ella misma y que no tenía abertura para el cuello y los brazos. Y así, enredado en esa red como un pez, Agamenón pereció a manos de Egisto, quien le hirió dos veces con una espada de doble filo. Cayó hacia atrás en el baño de paredes de plata, donde Clitemestra vengó sus agravios cortándole la cabeza con su hacha.

Luego corrió afuera para matar a Casandra con la misma arma, sin molestarse en cerrar los ojos y la boca de su marido, pero se limpió con su cabello la sangre que le había salpicado, para dar a entender que él mismo había sido el causante de su muerte. Esta matanza se realizó el día 13 del mes Gamelión (enero) y, sin temor al castigo divino, Clitemestra decretó que se celebrara en ese día un festival mensual con danzas y ofrendas de ovejas a sus deidades guardianas. Algunos aplauden su resolución, pero otros sostienen que infligió una deshonra eterna a todas las mujeres, incluso a las virtuosas. También Egisto dio gracias a la diosa que le había ayudado.

Clitemestra había soñado que daba a luz una serpiente a la que envolvía en pañales y amamantaba. De pronto gritó en su sueño y alarmó a todo el palacio declarando que la serpiente le había sacado del pecho sangre además de leche. La opinión de los adivinos con los que consultó fue que había incurrido en la ira de los muertos y, en consecuencia, las esclavas plañideras iban en su nombre a hacer libaciones en la tumba de Agamenón, con la esperanza de aplacar a su ánima.

Cuando las esclavas refirieron a Orestes el sueño de Clitemestra, se reconoció a sí mismo en la serpiente y declaró que, en efecto, él desempeñaría el papel de la astuta serpiente y extraería sangre del cuerpo pérfido de su madre.

Sin sospechar nada, Egisto entró en el palacio donde, para crear una nueva distracción, acababa de llegar Pílades con una urna de bronce. Le dijo a Clitemestra que esa urna contenía las cenizas de Orestes, que Estrofio había decidido enviar a Micenas. Esta aparente confirmación del primer mensaje hizo que Egisto confiara por completo, por lo que Orestes no tuvo dificultad para desenvainar su espada y darle muerte. Clitemestra reconoció entonces a su hijo y trató de aplacarlo descubriéndose el pecho y apelando a su deber filial, pero Orestes la decapitó de un solo golpe con la misma espada y su madre cayó junto al cuerpo de su amante. Erguido sobre los cadáveres, Orestes habló a los sirvientes del palacio, sosteniendo en alto la red todavía manchada con sangre en la que Agamenón había muerto y se disculpó elocuentemente por el asesinato de Clitemestra, recordándoles su traición y agregando que Egisto había sufrido la sentencia prescrita por la ley para los adúlteros.

1. Este es un mito decisivo con numerosas variantes. El olimpianismo se había formado como una religión de transición entre el principio matriarcal pre-helénico y el principio paternal helénico. La familia divina se componía al comienzo de seis dioses y seis diosas. Un Equilibrio de poder inquieto se mantuvo hasta que Atenea volvió a nacer de la cabeza de Zeus, y Dionisio, renacido de su muslo, ocupó el asiente de Hestia en el Consejo divino. En adelante la preponderancia masculina en todos los debates divinos estaba asegurada -situación que se reflejaba en la Tierra- y ya se podía desafiar con buen éxito las antiguas prerrogativas de las diosas.

2. La herencia matrilineal era uno de los axiomas tomados de la religión pre-helénica. Puesto que todos los reyes tenían que ser necesariamente extranjeros que gobernaban en virtud de su casamiento con una heredera al trono, los príncipes reales aprendieron a considerar a su madre como el principal soporte del reino y al matricidio como un crimen inimaginable. Se les criaba de acuerdo con los ritos de la religión anterior, según la cual el rey sagrado había sido engañado siempre por su esposa diosa, muerto por su heredero y vengado por su hijo. Sabían que el hijo nunca castigaba a su madre adúltera, quien había actuado con toda la autoridad de la diosa a la que servía.

3. Parece, en consecuencia, que este mito, que circulaba ampliamente, había colocado a la madre de familia en una posición tan fuerte, cuando surgía alguna disputa familiar, que el sacerdocio de Apolo y de Atenea nacida de Zeus (traidora a la vieja religión) decidió suprimirlo. Lo consiguieron haciendo que Orestes no se limitase a someter a juicio a Clitemestra, sino que la matase y luego consiguiese la absolución en el tribunal más venerable de Grecia, con el apoyo de Zeus y la intervención personal de Apolo, quien también había incitado a Alcmeón a asesinar a su traidora madre Erifila.

La intención de los sacerdotes era invalidar, de una vez por todas, el axioma religioso de que la maternidad es más divina que la paternidad.

A su debido tiempo se realizó el juicio. Apolo se presentó como defensor y la mayor de las Erinias como fiscal. En un discurso elocuente, Apolo negó la importancia de la maternidad, afirmando que la mujer no era más que el surco inerte en el que el marido deposita su semilla, y declaró que la acción de Orestes estaba sobradamente justificada y que el padre era el único progenitor merecedor de ese nombre. Como los votos se dividieron en partes iguales, Atenea se declaró completamente a favor del padre y su voto decisivo favoreció a Orestes. Absuelto así honorablemente, volvió contento a Argólide y juró que sería un fiel aliado de Atenas mientras viviese. Las Erinias, no obstante, lamentaron fuertemente esta abolición de la antigua ley llevada a cabo por unos dioses advenedizos, y Erígone se ahorcó impulsada por la mortificación. (12).

Las Erinias eran la personificación de los remordimientos de conciencia, capaces, como sucede todavía en Melanesia, de matar a un hombre que ha violado un tabú temeraria o inadvertidamente. Orestes se negó a comer y a beber envuelto en una manta. Pablo de Tarso en la persecución y caída, Hechos 9,3-5, pasó tres días sin ver, sin comer y sin beber, hasta que llegó Ananías.

Eran tres las Erinias: Tisífone, Alectoy y Mégera que vivían en el Erebo. Tenían cabeza de perro, alas de murciélago y serpientes por cabellera.

La purificación tenía como finalidad escapar de la furia de las Erinias.

En Braurón, Orestes fue aclamado como el pharmacos anual, víctima propiciatoria por la culpabilidad del pueblo.

 


 

DIÁLOGO SOBRE EL MITO DE ANTÍGONA

Antígona de  Sófocles (442 a C).

Los dos hermanos, Eteocles y Polinices, murieron luchando entre sí por el trono, en bandos opuestos,  en la guerra civil de Tebas. Su tío, Creonte, quien llegó al poder después de su muerte, permite que Eteocles sea enterrado inmediatamente, con el fin de que obtenga honor entre las sombras, pero da órdenes a un heraldo para que se prohíban los ritos fúnebres y que no se entierre el cadáver de Polinices: "Dejadlo sin duelo, sin enterrar, un bocado sabroso para las aves del cielo, y el que lo toque perecerá con la muerte cruel por lapidación ".


Antígona, conociendo el castigo terrible, el daño y el deshonor que su hermano corre en esta y en la  otra vida, guiada por el amor, decide desobedecer el decreto de su tío, el rey Creonte, y llevar a cabo los ritos funerales por su hermano muerto.

Antígona quebranta las leyes de Creonte, pero da cumplimiento a las leyes de los dioses, de la ciudad (polis) y de las personas, porque, de acuerdo con las ideas de los griegos, rociar el polvo tres veces sobre el cuerpo de los muertos es equivalente a un entierro.

"Antigone, vierge-mère de l’ordre" ("Antígona, virgen-madre del orden"), Maurras.

"Las interpretaciones aceptadas de la Antígona de Sófocles son un contrasentido total", diría Maurras. Quien se rebela contra el orden cínico y la ley no es Antígona, sino Creonte, que tiene contra él los dioses de la religión, las leyes fundamentales de la polis (ciudad-estado) y los sentimientos de la polis viva. Ese es el verdadero espíritu de la obra y su lección, además del castigo del tirano, violador de leyes divinas y humanas. Creonte constituye una monstruosa ilegalidad. Y Antígona es la virgen-madre del orden, que encarna las leyes armoniosamente conscientes del hombre, de los dioses y de la ciudad.

Antígona nos enseña que la historia es un tejido de contradicciones, de crímenes cometidos con toda lucidez; el mal está ahí y provoca placer. Por lo tanto, la idea de un Juicio –diría Boutang– me parece inconcebible al menos que se le dé la vuelta: el Creador todopoderoso pediría perdón a los hombres por haberlos expuesto libremente a tanta miseria en un planeta tan mal hecho como la tierra. Y la encarnación divina en un hombre es una impiedad irreparable. Un dios crucificado es un escándalo, una obscenidad, y algo inútil, ya que no ha habido cambios en el mundo. El cristianismo fue una herejía del judaísmo, por eso Jesús murió por sus propios pecados (lo mismo diría Nietzsche), no por los de los otros.

En todas las zonas geográficas del mundo, a través de la historia, emergen escenas arquetipo de barbarie, irracionalismo, brutalidad y degeneración, que proclaman a las lejanas galaxias que los dioses de este mundo están mudos e impotentes, diría Boutang.

Cuando los cimientos ideológicos se desmoronan, suena la trompeta de la venganza contra los demoledores del poder sacro, de la teocracia, que se identifica con la monarquía, con el poder de un solo Dios, de un solo rey que recibe el poder de Dios y no del pueblo ("non est potestas nisi a Deo" dice Pablo). Se identifica con un solo papa, primero vicario de Pedro, luego de Jesús y más tarde de la Trinidad en la tierra, el cual habla y actúa por Dios. No hay lugar para las repúblicas, ni para las democracias que surgieron en contra y a pesar de la doctrina de la Iglesia, que secunda ciegamente a Pablo. Son los fundamentalismos monárquicos, las trompetas de los fundamentalismos, las lanzas y espadas, hornos y pistolas, pistolas y hornos crematorios de los fundamentalismos siempre emergentes. Asistimos a malabarismos de palabras, de juegos de palabras, de palabras con estereotipos, sin ideas ni conceptos. Es el malabarismo logo-crático.

Después de Auschwitz todo viene tarde, menos el antitheos, el antidiós. El sufrimiento humano es más grande que la comprensión de esos sufrimientos (la comprensión divina), Boutang.

"¿Qué ha impedido a la cristiandad reaccionar eficazmente al horror? A un horror vinculado en parte al mito del deicidio, en parte a la gran temática del rechazo del Mesías. Horror al horror, la entropía del pecado. Las tinieblas han atravesado la luz y no al revés". (13)

La televisión moderna introduce en nuestros hogares diariamente el apocalipsis, la invasión de los Creontes con sus tiranías y de los minicreontes que pululan por doquier.

¿Quedará aún mucho tiempo para el crepúsculo de los fundamentalismos religiosos, que carecen de toda conexión interna, tanto lógica y racional como ética y estética?


 

EL SACRIFICIO DE ABRAHAM

 

Tres días de viaje de Abraham con su hijo Isaac al monte Moria. Escena arquetipo, ¿palabra pretenciosa? Dios, el de los judíos, pone a prueba a Abraham, pero por su presciencia ya sabía lo que iba a suceder, ¿para qué la inhumana prueba?...Hacer referencia a los secretos de Dios, a su mente inescrutable, es una solemne y cínica estupidez, diría Boutang.

Kant añadirá: "Si ha habido una voz que ha dicho a su padre que sacrifique a su hijo es, por definición, la voz del demonio, no puede ser la voz de Dios".

Kierkegaard dirá, por el contrario, que es la voz de Dios. Podríamos añadir que es la voz del mito. Dios le pide sumisión a cambio de hacerle padre de un gran pueblo. Abraham, "el padre de todos los creyentes".

"Después de estas cosas sucedió que Dios tentó a Abraham y le dijo: «¡Abraham, Abraham!» Él respondió: «Heme aquí.» Díjole «Toma a tu hijo, a tu único, al que amas, a Isaac, vete al país de Moria y ofrécele allí en holocausto en uno de los montes, el que yo te diga».

Se levantó, pues, Abraham de madrugada, aparejó su asno y tomó consigo a dos mozos y a su hijo Isaac. Partió la leña del holocausto y se puso en marcha hacia el lugar que le había dicho Dios. Al tercer día levantó Abraham los ojos y vio el lugar desde lejos. Entonces dijo Abraham a sus mozos: «Quedaos aquí con el asno. Yo y el muchacho iremos hasta allí, haremos adoración y volveremos donde vosotros.»

Tomó Abraham la leña del holocausto, la cargó sobre su hijo Isaac, tomó en su mano el fuego y el cuchillo y se fueron los dos juntos. Dijo Isaac a su padre Abraham: «¡Padre!» Respondió:

«¿Qué hay, hijo?»

–«Aquí está el fuego y la leña, pero ¿dónde está el cordero para el holocausto?» Dijo Abraham: «Dios proveerá el cordero para el holocausto, hijo mío.» Y siguieron andando los dos juntos.

Llegados al lugar que le había dicho Dios, construyó allí Abraham el altar, y dispuso la leña; luego ató a Isaac, su hijo, y le puso sobre el ara, encima de la leña. Alargó Abraham la mano y tomó el cuchillo para inmolar a su hijo.

Entonces le llamó el ángel de Yahvé desde los cielos diciendo: «¡Abraham, Abraham!» Él dijo: «Heme aquí» Dijo el ángel: «No alargues tu mano contra el niño, ni le hagas nada, que ahora ya sé que tú eres temeroso de Dios, ya que no me has negado tu hijo, tu único.» Levantó Abraham los ojos, miró y vio un carnero trabado en un zarzal por los cuernos. Fue Abraham, tomó el carnero, y los sacrificó en holocausto en lugar de su hijo. Abraham llamó aquel lugar «Yahvé provee», de donde se dice hoy en día: «En el monte Yahvé provee.»

Este relato justifica la prescripción del rescate de los primogénitos para los judíos. Los cananeos, pueblo vecino, practicaban el sacrificio de los niños. Justifica también la angustia mental de Abraham que a los cien años tuvo a su hijo de su media hermana, por parte de padre, Sara, que era estéril. La omnisciencia de Dios hace absurda al máximo la torturadora prueba, casi infinita en angustia. Este fenómeno sicológico es de muy difícil explicación; está lleno de paradojas. Y más que de la fe de Abraham, mejor se diría de la irracionalidad asesina del patriarca que no perdona a su propio hijo. Sí, es un perfecto símbolo de sumisión. Pero Abraham es anti modelo humano de padre y de ser humano, en cuanto humano; un antivalor vital, un auténtico alienado religioso.

La suspensión teológica de lo ético, según Kierkegaard: "Abraham viola, por el acto de su obediencia, no sólo una ley moral, a fin de poder respetar otra superior, sino que pulveriza la moral entera, revelándose, precisamente en este momento de destrucción, como un auténtico homo religiosus. La acción de Abraham expresada en términos éticos es: quiso asesinar a Isaac; pero expresada en términos religiosos hay que decir que él quiso sacrificar a Isaac.

Kierkegaard ve la heterogeneidad de la ética y de la experiencia religiosa. La primera es una norma general, la religiosa constituye aquí una excepción justificada, una relación privada con la deidad que legitima lo que Kierkegaard llama suspensión teológica de lo ético. El patriarca es moralmente condenable por transgredir la norma moral general, pero su fe es una paradoja salvadora, en virtud de la cual su singularidad, antes subordinada a lo general, se eleva por encima de las normas éticas".

Esta es la clave argumentativa de todos los fundamentalismos religiosos: Dios me mandó matar, asesino en nombre de Dios.

Este malabarismo de palabras y juicios "absurdos" es típico de la escolástica. Son conatos de justificar lo injustificable, de hacer ciencia donde sólo hay mitos. El filósofo hace de teólogo e introduce un subjetivismo ético de imprevisibles consecuencias, al justificar la muerte de un hijo-niño inocente con un vacío malabarismo semántico; pero es mítico su discurso, raíz y fuente de los fundamentalismos religiosos.

Aquí entra en juego la sentencia de Anselmo, siglo XI, Credo quia absurdum, creo porque es absurdo; la teología del absurdo. El hombre autorrealizado dirá siempre: No matarás. Después se concluiría: Facio quia absurdum, lo hago porque es absurdo. La ética del absurdo. El absurdo termina invadiéndolo todo; la invasión vital del absurdo. El hijo no es propiedad del padre para que éste lo pueda sacrificar (asesinar).

Es difícil de entender cómo tantos talentos, por tanto tiempo, dedicaron su tiempo y vidas al pensamiento fabulador, a enunciados o proposiciones no verificables, carentes de significado, absurdas. Tanto tiempo dedicados a la metafísica oscura, con detrimento de todas las demás Ciencias y, por ende, de la calidad de la vida humana, siempre sometida al no verificable espíritu mítico. Prueba irrefutable del inmenso poder de los mitos es que hasta los genios no se pudieron privar de ellos ni obviarlos, más aún, se sintieron obligados en conciencia a seguir sus postulados y a vivirlos servilmente. Y esto no sólo es pasado, también sucede en el siglo XXI. Lo que no deja de ser trágico, al mismo tiempo que funesto para la Humanidad.

Los juicios éticos se limitan a expresar deseos, sentimientos o mandatos, y por ende no pueden ser verdaderos ni falsos. La raíz y fuente de la teología y de la moral son los mitos y el pensamiento mítico, y sirven para la expresión de una actitud emotiva ante la vida, como afirma el Círculo de Viena, (1925-36). Es admisible la ética descriptiva, como parte de la Sociología y de la Antropología, juicios sintéticos, pero no la normativa. Si los juicios éticos son analíticos, no son directrices morales. El conocimiento no tiene partes normativas, no puede ofrecer directrices. La orden no es un juicio y tampoco los imperativos, que tienen su significado instrumental no cognoscitivo, ya que pueden ser comprendidos por otras personas y por lo tanto tienen un significado, pero éste no es verificable.

Los sistemas morales responden a ciertos grupos sociológicos: la sociedad burguesa griega, la Iglesia Católica, la clase media pre-industrial, industrial y del proletariado... El que busca leyes éticas no debe imitar el método de la ciencia. La ciencia nos dice lo que es, pero no lo que debe ser.

Afirma Hans Reichenbach en La filosofía científica: "Si la ética fuera una forma de conocimiento, no sería lo que los filósofos morales quieren que sea; es decir, no suministraría directrices morales. El conocimiento está formado por juicios sintéticos y juicios analíticos; los juicios sintéticos nos informan sobre hechos, los analíticos son vacíos. ¿Qué clase de conocimiento debe ser la ética? Si fuera sintético nos informaría sobre hechos. De esta especie es la ética descriptiva que nos informa sobre los hábitos éticos de varios pueblos y clases sociales; esta ética es parte de la sociología, pero no es de naturaleza normativa. Si la ética fuera de conocimiento analítico, empero, sería vacía y no podría decirnos tampoco qué es lo que debemos hacer. Si los juicios éticos son analíticos, no son directrices morales".

Las expresiones lingüísticas relativas a la ética no son juicios, son directrices y éstas no son verdaderas ni falsas. El sentido de una proposición descansa en el método de su verificación; sólo puede, pues, enunciar un hecho empírico. Las proposiciones que son verdaderas exclusivamente por virtud de su forma (tautologías) de acuerdo con Wittgenstein, y que corresponden a los juicios analíticos de Kant, no dicen nada acerca de la realidad. Las fórmulas de la lógica y de la matemática pertenecen a esta clase. Las inversas o contradictorias de estas proposiciones son falsas por virtud de su forma.

La pretenciosa fórmula: "Yo te absuelvo de tus pecados", falsa y llena de contrasentidos, sólo tiene explicación en un sistema de penitencia intraeclesial como válido instrumento de sumisión. El sacramento de la penitencia, los pecados reservados al Ordinario del lugar (obispo), y otros reservados al Papa, son muestra evidente de ello. Constituyen lo que Nietzsche, en un lenguaje lleno de plasticidad, llamó el narigón, argolla que nos ponen en nuestra conciencia para conducirnos al redil de la sumisión y doblegar así nuestra voluntad y autoestima. Y la excomunión se aplicó con mucho éxito histórico. El Reino dependía del Sacerdocio, es decir los reyes y emperadores estaban sometidos, en el medievo, al Papa que puede deponerlos y desligar del juramento de fidelidad a los súbditos de los reyes depuestos. Podríamos evocar al Papa Gregorio VII con el rey Enrique IV en Canosa, 1077. Y el que no se rebelase contra el rey o emperador también quedaría excomulgado. La excomunión se utilizó como una gran arma política.


 

EL MITO DEL PECADO DEL CONOCIMIENTO

 

Nunca la humanidad ha imaginado algo más profundo que el mito bíblico sobre el pecado del conocimiento.

La euforia de los optimistas y entusiastas se debe, precisamente, al hecho de que ignoran la tragedia del conocimiento. Es el juego trágico de oposición entre lo interno y lo externo, representados en Job y Fausto como una apuesta de Dios. Es, en el fondo, la energética del proceso vital, esa tensión de opuestos indispensable para la autorregulación.

Nos hallamos ante el dualismo persa, el chino, el de todos los mitos religiosos morales: el bien y el mal, la luz y las tinieblas, la lucha de los dioses entre sí, con los humanos y con el demonio; todos símbolos.

Ya en el Popol Vuh los dioses creadores recelaron de la generación perfecta que habían creado con atributos divinos, "eso no puede ser así definitivamente. Haremos un cambio en su naturaleza existencial. Sólo les mermaremos un poco las capacidades, porque - comentan los dioses – no nos sentimos bien si ellos tienen tanta sabiduría como nosotros"... "Así perdieron la sabiduría y entendimiento de las cosas ocultas del universo".

Existe un claro paralelismo con el mito hebreo, expresado en un lenguaje plagado de imágenes, metáforas y símbolos arquetípicos. Es un género literario dominado por el mito.

Imágenes y símbolos giran en torbellino en torno al árbol que está en medio del jardín, el árbol de la sabiduría o del conocimiento.

"Dios creó al hombre a su imagen – dice el Catecismo Católico – y lo estableció en su amistad. Criatura espiritual, el hombre no puede vivir esta amistad más que en la forma de libre sumisión a Dios. Esto es lo que expresa la prohibición hecha al hombre de comer del árbol del conocimiento del bien y del mal, porque el día que comieras de él, morirás".

Adan y Eva

De Tiziano, siglo XVI.

El no comer equivale a sumisión. El conocimiento es igual a insumisión, rebeldía. Éste es el primer pecado: el conocimiento. Son imágenes de un acontecimiento primordial, al comienzo de la historia.

La Escritura habla de un pecado de los ángeles. La frase "seréis como dioses" refleja su rebelión contra Dios. El conocimiento es el gran nivelador: "seréis como dioses". El pecado no es la desobediencia, como se nos ha hecho creer, es la sabiduría. Los dioses necesitan la ignorancia de sus siervos – y esto es lo trágico- para que les alaben y ofrezcan sacrificios en perfecta sumisión.

Adán y Eva pierden inmediatamente la santidad original, Rom. 3,23. Tienen miedo del Dios celoso de sus prerrogativas, Gén. 3,5. A causa del hombre, la creación es sometida "a la servidumbre de la corrupción", Rom. 8,21. La muerte hace su entrada en la historia de la humanidad, Rom. 5,12. Y Pablo, el maldecido por Nietzsche en el Anticristo, corona el símbolo: "Por la desobediencia de un solo hombre, todos fueron constituidos pecadores, Rom. 5,19; "como por un solo hombre entró el pecado en el mundo y por el pecado la muerte y así la muerte alcanzó a todos los hombres, por cuanto todos pecaron...", Rom. 5,12, así también, la obra de justicia de uno solo (la de Cristo) procura a todos una justificación que da la vida", Rom. 5,18. ¡Oh, feliz culpa que mereció tal y tan grande Redentor!, se dice en la liturgia pascual.

Es un pecado que será transmitido, según el Catecismo, por propagación a toda la humanidad, por eso se llama original, según Agustín de Hipona. La expesión "Donde abundó el pecado sobreabundó la gracia", Rom. 5,20, implica la relación entre el primer Adán y Cristo.

El pecado es una ofensa a Dios: "Contra ti, contra ti sólo he pecado, lo malo a tus ojos cometí", (Sal. 5l.4). El pecado se levanta contra el amor que Dios nos tiene y aparta de Él nuestros corazones. El primer pecado, es una desobediencia, una rebeldía contra Dios por el deseo de hacerse como dioses, pretendiendo conocer y determinar el bien y el mal (Gén. 3,5). El pecado es así "amor de sí hasta el desprecio de Dios", (Agustín, civ. 1, 14.28). Por esta exaltación orgullosa de sí, el pecado es diametralmente opuesto a la obediencia de Jesús que realiza la salvación (cf. Flp. 2,6-9)". Catecismo de la Iglesia Católica.

En la cita de Génesis 3,5, se dice: "Es que Dios sabe muy bien que el día en que comiereis de él, se os abrirán los ojos, y seréis como dioses, conocedores del bien y del mal". El pecado, está claro, es de conocimiento. Se les prohibió conocer y determinar el bien y el mal, porque esto los haría iguales a Dios. La ciencia es el gran nivelador; pero la ciencia es lo prohibido en sí. El conocimiento es un pecado, según ese mito.

La imaginación de Saulo, el de Tarso, no tiene límites en su afán de cambiarlo todo con tal de llevar el agua a su molienda. La imaginación literaria de Pablo es tergiversadora y fabuladora. Es una babel de mitos: El Paraíso, el árbol del bien y del mal, la invención del pecado original, Jesús como Redentor, urdimbre y trama de símbolos en los que no faltan los ángeles caídos y las fuerzas del mal.

La muerte de Jesús fue por problemas estrictamente personales, de tipo religioso y político, el día de Ramos se proclamó rey, porque era descendiente de David. Y en el interrogatorio de Poncio Pilato, cuando éste le preguntó: - "¿Tú eres el rey de los judíos? Jesús respondió: Así es, como tú lo dices", Marcos, 15, 2, de ahí el I.N.R.I (Jesús Nazareno Rey de los Judíos) en su cruz. No tuvieron absolutamente nada que ver nuestros pecados, murió por sus propios pecados, diría Nietzsche, que tampoco existieron, sólo el mito del pecado. El pecado, que destruye la naturaleza y la dignidad del ser humano, constituye el arma más mortífera que inventaron las religiones monoteístas para oprimir, avasallar y dominar a su rebaño.

El problema que subyace es la negación de los dioses a permitir la perfectibilidad del ser humano, y éste se resiste y lucha por su auto-realización en la libertad, que no siempre consigue, porque los dioses le prohibieron el medio para conseguirlo: la ciencia, que el mito religioso impide. El conocimiento nos hace iguales a los dioses, por lo tanto ¿para qué los queremos? He ahí la raíz del pecado de conocimiento y el crepúsculo de los dioses. La ciencia anula el contenido de los mitos, dioses incluidos.

Los sacerdotes, que son los que interpretan el silencio de los dioses en moral y fe, luchan por reservarse la facultad de decidir lo que es bueno o malo y consideran al resto de los seres humanos como usurpadores, que reniegan de su estado de criatura, cuando estos seres humanos reivindican el derecho primordial e inalienable de determinar lo bueno y lo malo en sus vidas. Es aquí donde entra en juego la dinámica del narigón y el fundado análisis del Anticristo de Nietzsche, que posteriormente veremos.

«Y dijo Yahvéh Dios: ¡He aquí que el hombre ha venido a ser como uno de nosotros (sorprendente plural nunca convincentemente explicado), en cuanto a conocer el bien y el mal! Ahora, pues, cuidado, no alargue su mano y tome también del árbol de la vida y comiendo de él viva para siempre. Y le echó Yahvéh Dios del jardín de Edén, para que labrase el suelo de donde había sido tomado. Y habiendo expulsado al hombre, puso delante del jardín de Edén querubines, y la llama de espada vibrante, para guardar el camino del árbol de la vida», Gén. 3, 22-24.

El Dios hebreo, según el mito, prohíbe al ser humano el conocimiento, la inmortalidad y el paraíso. No se distingue del resto de los dioses en su antihumanismo. Este mito, del pecado del conocimiento, presupone el mito de la creación, en virtud del cual el hombre es criatura de Dios. Se ignoran, así, la teoría científica del Big Bang (gran explosión cósmica) y la teoría de la evolución de las especies. Se ignora que el ser humano es dueño y señor de su vida y destino, y no esclavo, ni de los dioses. La esclavitud es siempre esclavitud y la libertad es la conditio sine qua non de la persona.

 

DIABLOS O SERES INFERNALES

Por Nikolaus Manuel Deutsch. Gabinete de Estampas

“El hombre es ya como uno de nosotros”,Gén.3,22, lo que claramente implica que se trata del conocimiento, que todo lo nivela; también les prohíbe comer del “árbol de la vida”, y que comiendo de él vivan para siempre. Yavé, el dios de los judíos, también de los cristianos, claramente rechaza, a través de este mito, que el hombre (ser humano) pueda ser inmortal, lo que invalida cualquier mito posterior de inmortalidad; debemos no olvidarlo.

La antorcha de Prometeo ilumina el camino de la humana autonomía. Recordemos que el concepto de creación no sólo fue ajeno al pensamiento griego clásico en general sino a la misma Ciencia, que postula que la materia ni se crea ni se destruye, sólo se transforma.

Son estos mitos vivos para los creyentes los que, con naturalidad, transforman estas míticas realidades, subjetivas e intersubjetivas, en realidades objetivas y metafísicas. Pero tienen la misma realidad que la del Olimpo de los dioses y demás contenidos del pensamiento mítico del humano arcaico (mitos muertos). Son mitos difíciles de desarraigar por su directa relación con el inconsciente, los sentimientos, lo emotivo, y por ser el pensamiento de nuestros antepasados (nuestros antepasados así lo han prescrito) y por el adoctrinamiento al que hemos sido sometidos, auténtico lavado de cerebro (brainwashing). Añádase la potencia del magnetismo de lo sacro sobre la mente humana para entender la dificultad del laicismo y de la desmitificación.

 


EL MITO DE LA REGENERACIÓN UNIVERSAL

 

Los primeros teólogos cristianos deciden unir la historia de la predicación de Jesús y el de su naciente Iglesia a la Historia Sagrada del pueblo de Israel. Cristianizaron símbolos, ritos y mitos asiáticos y mediterráneos, y sus fiestas, como la Pascua, se unieron a su historia. El misterio cristológico implicaba el destino del cosmos: "Toda la Naturaleza suspira en espera de la Resurrección", motivo de la liturgia pascual y del folclor religioso de la cristiandad oriental. La escatología (fin del mundo) y soteriología (la salvación) adquirieron dimensiones cósmicas. Todo gira alrededor de la salvación del hombre por Cristo: un mundo que es bueno porque ha sido creado por el Padre y redimido por el Hijo; una existencia humana que está llena de sentido cristiano. Existe la nostalgia del Paraíso, que es una naturaleza transfigurada e invulnerable al dolor, a la muerte y a las guerras. Constituye una rebelión pasiva contra la tragedia de la Historia. Es el mito de la regeneración universal.

 


 

RADIOGRAFÍA DEL MITO

 

El término mito ha sufrido evolución en su concepto; en el siglo XIX, por ejemplo, equivale a ficción, fábula, invención. Hoy día, igual que en las sociedades arcaicas, es una historia verdadera como realidad mítica y, en la mente de los creyentes, es una tradición sagrada, revelación primordial, modelo ejemplar.

Los griegos, a partir de Jenófanes (565-470 a. n. e.), quien fue el primero que cuestionó y rechazó las expresiones mitológicas de la divinidad en Homero y Hesíodo, fueron vaciando progresivamente al mythos de todo valor religioso. El mythos, opuesto en el principio al logos y después a la historia, terminó por significar lo que no puede existir en la realidad. Para el judeocristianismo era mentira, ficción o ilusión, todo lo que no se contenía en el Antiguo o en el Nuevo Testamento, único criterios de certeza o de la verdad.

Los mitos proporcionaron a los arcaicos de ayer y de hoy (creyentes) los modelos, arquetipos, de conducta humana y, al mismo tiempo, valor y significado a la existencia humana. En sus actuaciones acudían a justificaciones míticas. Los excesos orgiásticos en actuales culturas del Congo tienen sentido, ya que, según el mito, el día de la Nueva Era, todas las mujeres serán de todos los hombres. Sus antecedentes míticos explican y justifican sus excesos y les confieren un valor religioso: los antepasados así lo han prescrito.

Todo mito tiene un peculiar contexto socio-religioso que hay que conocer para poder interpretarlo. Es una realidad cultural muy compleja, cuya comprensión exige abordar perspectivas múltiples y complementarias. El mito cuenta una historia sagrada, relata acontecimientos primigenios y explica cómo, gracias a los seres sobrenaturales, una realidad existe. Es el relato de una creación que nos desvela la sacralidad de los seres sobrenaturales y de sus obras, sus irrupciones sobrenaturales en el cosmos, y esto hace que el ser humano mortal, sexuado y cultural, sea una consecuencia de la intervención de los seres sobrenaturales. El mito se considera una historia sagrada verdadera ya que habla de realidades míticas, y son reales en los que las perciben como tales.

El mito cosmogónico, por ejemplo, es verdadero porque el mundo está ahí, aunque la explicación no sea científica. Los indígenas distinguen entre los mitos, historias verdaderas, y los cuentos o fábulas, historias falsas. En las primeras, los seres son divinos; y en las segundas, son héroes o animales; el coyote, por ejemplo, es símbolo de astucia y sagacidad entre los indios norteamericanos, los Cherokee. En muchas tribus africanas el mito no se recita ante las mujeres y los niños, los no iniciados. Los mitos deben recitarse en un tiempo sagrado, las noches del otoño o del invierno, por ser más largas y frías. Relatan el origen del mundo, de las plantas, y del ser humano, además de los acontecimientos primordiales, debido a los cuales el ser humano ha llegado a ser un humano, organizado en sociedad. El cosmos, y más concretamente el ser humano, existe porque los dioses fueron creando los comienzos. El ser humano es el resultado de estos acontecimientos míticos, es más, está constituido por estos acontecimientos. El concepto de la vida y de la muerte, el poder concebir y añorar la inmortalidad, lo sacro y su veneración, el trabajo y la producción, el respeto a las normas sagradas y el mutuo respeto, todos tienen su origen y justificación en antiguos mitos. Hasta la pesca y la caza se hacían porque los antepasados lo prescribieron así, cuando vivían con sus dioses en aquellos tiempos míticos en una historia sagrada. Así como el ser humano moderno está constituido por la Historia, en cierta manera, el ser humano arcaico estaba constituido por los Mitos. Los seres humanos arcaicos no sólo rememoraban la historia mítica de su tribu, sino que la reactualizaban en ciertas ocasiones, periódicamente.

Al conocer el mito se conoce el origen de las cosas, su secreto origen, esoterismo. Una vez conocido se puede controlar y manejar mejor la cosa, ya que este conocimiento va acompañado de un poder mágico-religioso capaz de dominación y reproducción o multiplicación. El afortunado es el que conoce mejor el origen de la caza, y la domesticación de los animales depende del conocimiento que se tenga de sus orígenes. Si no se cuenta el origen del medicamento, no debe usarse. No se puede realizar un ritual si no se conoce el origen, es decir, el mito que lo explica. Y si se ignora el origen de la danza, no se debe danzar. Hay que conocer el mito, razón de ser de toda actividad arcaica, de sus valores y cosmovisiones.

Vivir los mitos implica una experiencia religiosa, ya que están dominados e impregnados de una potencia sagrada que enaltece los acontecimientos que se rememoran y se reactualizan, se hacen presentes mágicamente. No sólo es una conmemoración, sino una repetición de los mismos. Ya no se trata del tiempo cronológico, sino del primordial y primigenio en el que se realizaron los hechos por primera vez, fenómeno meta histórico. Los cristianos al celebrar la misa, no sólo rememoran la última cena sino que repiten ese mismo hecho meta históricamente; y se emplea el presente: éste es mi cuerpo, ésta es mi sangre... Es la lógica del mito. En ciertas tribus norteamericanas, y en la de los melanesios, se habla de la sacramentalización del alimento.

Toda historia mítica que se refiere al origen de algo presupone la cosmogonía, creación del mundo, y la prolonga. Todo lo que hace el hombre repite, en cierta manera, el gesto arquetípico del dios creador, la creación del mundo. El cosmos es una obra maestra divina, es sagrado.

Los egipcios, los mesopotámicos, los israelitas y otros pueblos del Próximo Oriente, hablan de la necesidad de una renovación periódica del mundo. Entre los egipcios y mesopotámicos, los cultos del año nuevo simbolizaban la creación. Lo mismo hacen los israelitas al entronizar a Yahvé como rey del mundo, representación simbólica de la victoria sobre sus enemigos históricos y sobre las fuerzas del caos. El resultado era la renovación de las alianzas y de los ritos de fertilidad. Y en la escatología de los profetas, la restauración de Israel por Yahvé se vislumbraba como una nueva creación y una especie de retorno al Paraíso, al Paraíso perdido. Se cree en la posibilidad de recuperar el comienzo, lo que implica previamente su destrucción.

PSICOSTASIS O PESO DE LAS ALMAS

Capítulo CXXV del Libro de los Muertos.

El comienzo vislumbra el fin y el fin está implícito en el comienzo. El Paraíso implica ausencia de desgaste, imagen arquetípica del tiempo. El transcurso del tiempo supone un alejamiento progresivo de los comienzos, su consecuente deterioro, pérdida de la perfección original, perfección que se recupera mágicamente con el nuevo año. Es un ciclo vitalista recuperador, ciclo cósmico. Lo nuevo nace de las ruinas de lo viejo. Un comienzo absoluto presupone una destrucción total, por eso se puede decir que la escatología, el fin del mundo, es la prefiguración de una cosmología del porvenir. En cierta forma el origen no sólo se encuentra en un pasado mítico, sino también en un porvenir fabuloso, idea acariciada por los estoicos y neo pitagóricos cuando hablan del eterno retorno.

El fin del mundo, parcial, ya ha existido. Los mitos de los cataclismos cósmicos nos hablan de ello. Los mitos del diluvio son universales en casi todas las culturas, menos en las africanas, del que sólo se salvan privilegiadas parejas. Otros mitos de los cataclismos cósmicos hablan de la destrucción de la humanidad por temblores de tierra, epidemias y por fuego. Se trata de la destrucción de la humanidad, seguida de la aparición de una nueva. Hubo pecado, decrepitud del cosmos, que llevó a la ira de los dioses y a una regeneración de la humanidad.

Los andamaneses creen que, después de la catástrofe del fin del mundo, los muertos resucitarán, y ya no habrá enfermedades, ni vejez, ni muerte, y gozarán paradisíacamente. Lo mismo piensa el pueblo árabe y el judío.

En la cultura de algunas islas Carolinas existe la creencia de que el creador destruirá la humanidad por sus pecados, los dioses seguirán viviendo y podrá haber una nueva creación. Según las tradiciones aztecas, ya ha habido varias destrucciones del mundo, tres o cuatro, y se espera otra. Cada mundo está regido por un Sol cuyo fin arrastra el fin del mundo. Los indoeuropeos, desde los vedas hasta las mitologías germánicas, no ignoraban el mito del fin del mundo.

El mito de la perfección de los comienzos está claro en Mesopotamia, Israel y Grecia: pérdida del Paraíso original, disminución de la esperanza de vida, el diluvio destructor de la humanidad. Hesíodo en los Trabajos describe la degeneración progresiva de la humanidad en el curso de las cinco edades. La primera, bajo la égida de Crono, era una especie de paraíso, los seres humanos no envejecían, vivían muchísimos años y su existencia era semejante a la de los dioses.

En la India, los seres humanos primitivos tenían gran estatura y longevidad, cientos e incluso miles de años. Se da también el fenómeno de la perfección en los inicios y la deterioración progresiva intelectual y moral. Lo mismo acontece con los Israelitas, el hombre antes del pecado hasta era inmortal, "mas del fruto del árbol que está en medio del jardín ha dicho Dios: No comáis, ni lo toméis, so pena de muerte", Gén. 3,3. Matusalén vivió 969 años. Dios lleva a Henoc y a Elías al cielo y se espera su venida para que preparen la venida del Mesías, milenarismo y escatología.

Los estoicos tomaron de Heráclito la idea del fin del mundo por el fuego, y Platón (Timeo) habla del fin por el diluvio. Las dos catástrofes tendrían lugar en los dos solsticios: en el del verano, por el fuego, y en el solsticio de invierno, por el diluvio. Para los judeocristianos el fin será único, como única es su creación, el nuevo mundo será el mismo que el primero, pero regenerado, purificado y restaurado en su gloria primigenia. Es el nuevo Paraíso, sin fin y sin nuevos pecados. El tiempo es lineal e irreversible, no hay eternos retornos cíclicos. Habrá un juicio final y los hombres serán juzgados según sus actos, y sólo los elegidos, fieles a las Escrituras, fieles al reino, obedientes y sumisos, disfrutarán de la visión directa, cara a cara, con su Dios. No existe regeneración de la colectividad, sólo la de los sumisos a los sacerdotes, que son los que manipulan las Escrituras. Toda interpretación conlleva manipulación, cuando es sectaria.

Hay una restauración del Paraíso, precedida por la venida del Mesías que llegó para los cristianos, pero no para los judíos. Para los cristianos habrá una segunda venida de Cristo y un juicio final, pero antes sucederá el fin del mundo. Habrá cielo nuevo y tierra nueva, abundancia y felicidad en el Edén, donde convivirán las fieras salvajes en paz con los humanos. Y no existirán más enfermedades, ni más deformidades, ni más llantos ni lágrimas. El nuevo Israel se reconstruirá en el monte Sión, (véase Isaías y el Apocalipsis de Juan). Pedro afirma: "Asimismo la palabra de Dios conserva los actuales cielos y tierra hasta su destrucción por el fuego, y los encamina hacia el día del juicio en que los impíos serán destruidos", 2P. 3,7. Este fuego destructor es un elemento importante en los oráculos sibilinos y en el estoicismo, y se piensa que su origen es iraní.

El anticristo, simbolizado por un dragón o demonio, equivale al retorno del caos. La época que precede inmediatamente al fin estará regida por el anticristo, pero Cristo purificará al mundo por medio del fuego. El falso Mesías, el anticristo, acarreará una total subversión de valores religiosos, morales y sociales. Antes del caos inicial, Dios luchó contra los ángeles y arcángeles, no contra los querubines, y ahora, en el nuevo caos, vuelve a luchar contra el anticristo. Las catástrofes cósmicas son un síndrome y preludio del retorno de Cristo y del milenio. Es un retorno a los orígenes, al Paraíso, a los tiempos bellos de los dioses, a la edad de oro (mitificación del tiempo primigenio). Pero el recomienzo presupone el fin, relación entre escatología y cosmología. Más que un pesimismo existe un optimismo. El mundo por su propia duración se degenera y se gasta, por ello debe ser recreado periódicamente: primero fue anual y luego siguió el ritmo de las nuevas primaveras y nuevas lunas. Se capta la idea de la destrucción porque se conoce la cosmogonía, el secreto del origen y supervivencia en lo que tiene de paradisíaco. La beatitud está en el origen, piensa el hombre arcaico.

El valor apodíctico del mito se reconfirma por los rituales periódicos. El ritual consigue abolir el tiempo cronológico y recuperar el tiempo sagrado del mito. El hombre se hace contemporáneo de los dioses, repite gestos arquetípicos, se hace creador de alguna forma. El mundo se revela como lenguaje. Todo objeto cósmico tiene una historia mítica. Para los arcaicos, la naturaleza desvela y enmascara, a la vez, lo sobrenatural, y en ello reside el misterio fundamental e irreversible del mundo. Los mitos revelan todo lo que ha sucedido in illo tempore, en aquel tiempo, desde la cosmogonía hasta la fundación de las instituciones socioculturales. El cosmos habla al ser humano a través de sus astros, ríos, animales, rocas, noches y estaciones. El ser humano le responde con su vida imaginaria, sus sueños, sus antepasados, sus tótems y sus ritos. Utilizan un lenguaje común: los símbolos que, según Gurvitch, revelan velando y velan revelando. La mitología pertenece al pensamiento simbólico, no al conocimiento científico.

Ahora bien, el mito no es una garantía de moral ni de bondad. Las guerras, los exterminios masivos, los sacrificios crueles y sanguinarios de animales y de seres humanos, las inquisiciones, buscaron y obtuvieron una justificación religiosa. Su función es ofrecer modelos arquetípicos y dar así significado al cosmos y a la existencia humana. Gracias al mito las ideas de realidad, valor y transcendencia se arraigan en el ser humano. Pero el mito es manipulable, ya que la creación y recitación de las tradiciones mitológicas son patrimonio de unas cuantas personas que son la élite o trabajan para ella: chamanes, gurús, rapsodas o aedos, medicine-men, hechiceros, miembros de cofradías, behíques, druidas, augures...

Es presumible apuntar, según Rudolf Carnap del Círculo de Viena, que la metafísica surgió del mito. El primitivo se esfuerza por congraciarse con el amenazador demonio de los terremotos o adora, agradecido, a la divinidad de las lluvias fertilizadoras. Estas personificaciones poéticas de fenómenos naturales son la expresión de las relaciones emocionales del ser humano con su medio. La herencia del mito es asumida en parte por la poesía, intensificando así su efectividad vital, y en parte por la teología, en la que el mito se transforma en un sistema. El mito, igual que la metafísica, surge de la necesidad de dar expresión a una actividad emotiva ante la vida, o a la postura emocional y volitiva del ser humano ante su medio. El mitógrafo, como el metafísico, cree moverse en el terreno de lo verdadero y lo falso, cuando en realidad no ha demostrado nada, sino sólo expresado algo, como lo hace el artista.


 

SIMBOLISMO ACUÁTICO

 

Las aguas existían antes que la tierra, "las tinieblas cubrían las superficies del abismo y el Espíritu de Dios se cernía sobre las aguas", (Gén. 1,2). "Solamente existía el vacío oscuro de la vacuidad del Cielo. No se conocía la superficie de la Tierra, solamente estaba el mar con sus aguas tendidas, reposadas, en calma absoluta bajo la inmensidad oscura del vacío de la bóveda del Cielo. Aquellos dioses se movían sobre la superficie de las aguas rodeados de una luz difusa", Popol Vuh. Las aguas son fuente y origen, sumo universal de las virtualidades, el soporte de la creación. La inmersión y el bautismo simbolizan la regresión a la preexistencia, a lo preformado.

La emersión reitera el gesto cosmogónico de la manifestación formal. Por eso, el simbolismo de las aguas implica tanto la muerte como el renacer. La inmersión fertiliza y multiplica el potencial de vida e implica una regeneración, un nuevo nacimiento. Al diluvio, sumersión periódica de los continentes, corresponde la segunda muerte, o la muerte iniciática por el bautismo. La inmersión en las aguas conlleva una reintegración en lo indistinto, seguida de una nueva creación, de nueva vida, o del hombre nuevo. El diluvio, desde la estructura del símbolo, es comparable a los baños rituales primaverales que proporcionaban salud y fertilidad, o al bautismo cristiano. La simbología del agua en el cristianismo es muy rica en contenido y se emplea en muchos de sus ritos, empezando por el de iniciación, el bautismo, que conlleva la muerte del ser humano pecador y el nacimiento del hijo de Dios, el Hombre nuevo. Y resalta el paralelismo de Adán – Cristo, según la teología paulina. El bautismo conlleva también el perdón del pecado original y de otros pecados. El agua mata: borra toda forma, disuelve; pero es rica en gérmenes y virtualidades: es creadora.


 

SIMBOLOGÍA DEL ÁRBOL

 

Los árboles, desde siempre, desempeñaron un gran papel en el culto y en el mito. El árbol del Paraíso o árbol de la vida es el típico del mito, también los árboles de Mitra, el fresno Yggdrasill de los nórdicos, el árbol de la Vida de la Luz de los quichés (Popol Vuh).

Numerosos mitos afirman que el hombre nacía del árbol, y costumbres funerarias prescribían la sepultura en árboles huecos, y el ataúd era de madera.

 

El árbol de la vida y del conocimiento

Bronce de la India meridional (s. XVII d. de J.C.).

El árbol es todo un símbolo de la madre. En cierto modo – dice Jung- el muerto es encerrado a fin de renacer. Osiris e Isis se acoplan en el seno materno de Rea y nacerá Horus. Antes de la existencia extrauterina, Osiris comete un incesto con su hermana Isis y, después de muerto, Tifón, el dios del infierno, mata a Osiris encerrándolo en un cofre que arroja al Nilo y llega así al mar. Osiris, ya en el infierno, se acopla con su segunda hermana Neftis. La muerte es la segunda existencia intrauterina, según Jung. El incesto entre hermanos fue bien visto en la antigüedad. Zaratustra llegó a recomendar el matrimonio entre parientes. La tendencia incestuosa hacia la madre es la que está prohibida por la ley. Tifón despedaza el cadáver y dispersa los trozos. Isis, la madre, auxiliada por Anubis, el dios de cabeza de chacal, busca los pedazos del cadáver. Los chacales o perros colaboran en la reconstrucción, en la nueva procreación, y el buitre egipcio simboliza la madre. La muerte es considerada como un retorno al seno materno para renacer. Osiris y Horus corresponden al simbolismo padre-hijo.

Por la mañana, la diosa es madre al salir Horus, el dios sol; al mediodía es hermana-esposa, y al atardecer es otra vez madre que acoge en su seno al muerto.

Osiris yace entre las ramas del árbol que lo envuelve en su crecimiento. En la leyenda griega, las melíades son ninfas de los fresnos. Se afirma que los fresnos son las madres de la humanidad de la edad de bronce. En los mitos iránicos, los primeros humanos están simbolizados por el árbol Reivas. En los mitos nórdicos, cuando llegue el fin del mundo, la pareja que creará al nuevo género humano se ocultará en el Yggdrasill, fresno universal, constituyéndose así en madre preservadora, en árbol de la muerte y de la vida.

La leyenda cristiana transforma el árbol de la muerte, la cruz de madera, en árbol de la vida. A menudo se representa a Cristo crucificado en un árbol florecido y cargado de frutos. El muérdago proporcionaba el pedazo de madera hembra destinada a la preparación del fuego ritual. Y en las Galias, sólo después de haberse celebrado un sacrificio solemne, podía el druida, sacerdote celta, trepar a la encina sagrada para cortar el muérdago ritual, remedio contra la esterilidad. El muérdago es una planta parásita, trepadora, y es como el sueño de la madre: el hijo de la madre – sin padre-, como los hijos de los dioses del Asia Menor: Tammuz, Attis, Adonis y Cristo. Mitra nace de la copa del árbol.

La divinidad constituye el problema metafísico del conocimiento de lo incognoscible.


 

LA RAZÓN, ESCLAVA DE LA FE

 

 

El problema razón y fe. Ya en la primera mitad del siglo IX, el irlandés Juan Escoto Eriúgena plantea la siguiente dificultad: ¿hay que fiarse más de la razón o de la autoridad, que habla en nombre de la fe? Y contesta: "Debemos seguir a la razón que busca la verdad y no está oprimida por ninguna autoridad". Éste fue el tema de discusión durante toda la Edad Media. Pero Escoto terminará por sostener la primacía de la fe sobre la razón, al defender que la verdadera filosofía es la verdadera religión. El verdadero filósofo creerá la verdad que la Escritura le enseñe e intentará comprenderla.

 

El cristianismo descansaba sobre unas verdades reveladas por Dios y, en consecuencia, indiscutibles. Este hecho ofrecía resistencia a la filosofía, entendida por los griegos como inquisición libre de la razón. Para los cristianos, el discurso filosófico surge cuando se interrogan sobre el significado de la verdad revelada.

La máxima medieval que resume esta actitud es: Credo ut intelligam (creo a fin de entender), que se tradujo de hecho en la aplicación de la dialéctica racional a los misterios de la fe cristiana a fin de hacerlos de algún modo inteligibles. La fe no será el punto de partida de la investigación racional, sino el lugar de llegada. Existe, pues, compatibilidad entre razón y fe, ordenación mutua, la una está hecha para la otra (Agustín de Tagaste, 354- 430). Tomás de Aquino diría que la razón está subordinada a la fe. Las cosas cambian con los pensadores del período crítico y último de la filosofía medieval: Juan Duns Escoto y Guillermo de Ockam, franciscanos británicos. Ambos distinguen el discurso de la razón y el discurso de la fe, como entre los árabes había hecho Averroes, y afirman que ambos discursos son independientes. Ockam, con asombrosa nitidez, afirma en un pasaje de su Lógica: "Los artículos de fe no son principios de demostración, ni conclusiones, y no son ni siquiera probables, ya que parecen falsos a todos o a la mayoría, o a los sabios; entiendo por sabios aquellos que se confían a la razón natural".

Pero fue Tomás, no Escoto ni Ockam, el pensador oficial de la Iglesia hasta el día de hoy. La razón será esclava de la fe, la Filosofía (Ciencia en general) esclava de la Teología.

El Catecismo de la Iglesia Católica, 1992, afirma:

"Por la fe, el hombre somete completamente su inteligencia y su voluntad a Dios. Con todo su ser, el hombre da su asentimiento a Dios que revela (cf. DV 5). La Sagrada Escritura llama obediencia de la fe a esta respuesta del hombre a Dios que revela (cf. Rom. 1,5; 16,26)".

"Obedecer (ob-audire) en la fe, es someterse libremente a la palabra escuchada, porque su verdad está garantizada por Dios, la Verdad misma. De esta obediencia, Abraham es el modelo que nos propone la Sagrada Escritura. La Virgen María es la realización más perfecta de la misma".

Abraham, "el padre de todos los creyentes".

Pablo de Tarso, ideólogo del cristianismo, tergiversó el Antiguo Testamento en aras del Nuevo. La Iglesia terminó pensando como Pablo, y, en la dinámica de deformar, la Iglesia cambió la historia y la vida con su Cristocentrismo y particular cosmovisión cristiana.

En relación al tema razón-fe, desde Agustín de Tagaste, obispo de Hipona, siglo V, fiel seguidor de Platón, pasando por Tomás de Aquino, siglo XIII, autor de la Suma teológica y de la Suma contra gentiles, discípulo de Aristóteles, hasta el día de hoy, con raras pero honrosas excepciones, se ha defendido la supremacía de la fe sobre la razón. La filosofía terminó siendo ancilla theologiae, esclava de la teología. La razón de ser de la razón es estar al servicio de la fe; la razón esclava, la esclavitud de la razón. He aquí el mayor pecado, el mayor fraude, la mayor ignominia que la Iglesia-Institución infligió al ser humano, a la Ciencia y a la vida. El oscurantismo de la Edad Media (siglo V-XV), con excepción de algunos y muy buenos períodos iluminadores, se le debe a la Iglesia en la mayor parte. En España, la mentalidad medieval se extendió hasta el XVII. La ciencia moderna tuvo que abrirse paso a través de tinieblas, renuentes al rayo de la claridad de la ciencia; Galileo y Copérnico son sólo un exponente; Giordano Bruno fue quemado en la hoguera por la Inquisición, 1600, debido a sus ideas panteístas y a otros postulados filosóficos y teológicos considerados heterodoxos. El encarcelamiento de la razón, durante largos e interminables siglos, es el gran delito de la Iglesia institucional. Ella ha sido freno siempre en la marcha de la vida, el anti acelerador de la historia de las ciencias y artes; de todas las ciencias, menos de la Teología, que en el sentido moderno no es ciencia, porque no es verificable. Fue, además, sembradora de prejuicios maniqueos, negadores de la dignidad humana y fecundadores de estereotipos antihumanos aún hoy vigentes.

Todas las ciencias y todas las artes estuvieron, en el medievo, al total y absoluto servicio de la Iglesia y de la Monarquía, que era su brazo político. La Iglesia, además del poder omnipotente religioso -Dios en la tierra-, tenía también su propio brazo político.

Hasta El espíritu de las leyes de Montesquieu, 1750, ya en el laicismo o Estado laico, no se habla claramente de la teoría de separación de poderes.

La Inquisición, ese vergonzoso tribunal, esa ignominia histórica, fue el carcelero de la razón, de las artes y de la vida durante muchos siglos, pero el espíritu inquisitorial eclesiástico le precedió y le sobrevivió hasta el día de hoy.

La fe y la razón son incompatibles. La fe se apoya en mitos y en argumentos de autoridad, y genera creencias. La ciencia se apoya en datos científicos, en metodología científica, y produce ideas. No hay posibilidad de conciliación, ni de reconciliaciones. La fe y la ciencia son contradictorias cuando versan sobre el mismo objeto. La fe anula la ciencia y ésta desmitifica la fe.

Moisés en el Sinaí – la Alianza y el Decálogo – acude a lo sobrenatural para afianzar su poder. Dijo Yahvé a Moisés: «Mira: Voy a presentarme a ti en una densa nube para que el pueblo me oiga hablar contigo. Y así te dé crédito para siempre», Éxodo 19,9. Yahvé le termina de dar la clave, de revelar el secreto del poder-autoridad a Moisés: para que el pueblo te dé crédito para siempre. Eureka.

"Todo el monte Sinaí humeaba, porque Yahvé había descendido sobre él en el fuego. Subía el humo como de un horno, y todo el monte retemblaba con violencia", Éxodo 19,18. "Moisés hablaba y Dios le respondía con el trueno", Éxodo 19,19. ¿Qué es lo que el pueblo vio en la densa nube y qué oyó Moisés en el trueno?, that is the question. Las tablas que Dios escribió con sus dedos, el decálogo, la densa nube, el humear del monte, la naturaleza manifestándose..., son todos ingredientes perfectos del lenguaje y pensamiento mítico. "Las tablas eran obra de Dios, y la escritura, grabada sobre las mismas, era escritura de Dios", Éxodo 32,16. Pero Moisés aprovechó la manifestación de Dios.


 

LOS MITOS DEL POPOL VUH

 

El Popol Vuh es el libro sagrado de los quichés, aparecido en Chichicastenango (Guatemala), libro de los soles, o eras, que se suceden uno tras otro sin fin. Es el Árbol de la Vida de la luz, el universo visible. La luz es la causa y origen de la vida física, luz que a su vez viene de las tinieblas. Todo es luz. Tzacol es la mente creadora universal, y Bitol, la mente formadora universal.

"Aquellos dioses se movían sobre la superficie de las aguas, rodeados de una luz difusa". Y vino la palabra y los dioses llenaron la poderosa vacuidad de la Esfera. Luego se pusieron a pensar y a meditar, y después hablaron para consultarse y comprenderse. Así fue como los dioses engendraron y concibieron la idea del Universo. Apareció la claridad de la luz y deciden la creación del universo.

Mencionan a Huracán como el único Dios Trino Viviente. Por el poder de la palabra de los dioses apareció la Tierra, cuando ellos hablaron.

Pero como los animales no los podían nombrar, ni alabar, "es menester, continuaron hablando los dioses, que haya un ser en la Creación que nos pueda adorar con obediencia, alabarnos, y saludarnos en sus invocaciones, y que este ser sea semejante en gloria, sabiduría y en hechura a nosotros".

"Entonces los creadores y formadores picaron la tierra, y prepararon el barro de la tierra para hacer lodo con el que formaron el cuerpo, de lodo batido fueron hechas las carnes del hombre". Pero el barro se deshacía en contacto con el agua. Entonces los hicieron de palo rollizo, de madera. Éstos no tenían memoria y fueron sentenciados a perecer, porque no se acordaban de sus creadores, los dioses, y se constituyeron en un experimento esta gente-muñecos-espantajos de madera. Los nuevos seres de diversas maderas por no poder alabar a los dioses fueron exterminados por el diluvio tenebroso: un temporal de lluvia perenne echó agua sobre la Tierra de día y de noche. "Creación que resultó ser defectuosa". Después los harían de mazorcas de maíz, alimento perfecto del hombre, seres con esencia divina de inteligencia y sabiduría de entendimiento, varones divinos que se humanizaron siendo hombres perfectos, dotados del don de la palabra, del milagro de la vista, de la audición, del tacto y de la marcha de locomoción. Estos cuatro varones divinos tenían potencia espiritual divina de sabiduría y entendimiento, son los rajahuales, reyes sacerdotes de la vida física, señores dueños espirituales de los cuatro elementos o estados de la materia: fuego, tierra, aire, agua. Los dioses recelan de los cuatro varones con atributos divinos: "eso no puede ser así definitivamente". Haremos un cambio en su naturaleza existencial. Sólo les mermaremos un poco las capacidades, porque – comentan los dioses – no nos sentimos bien que ellos tengan tanta sabiduría como nosotros. "Entonces se nublaron los ojos de aquellos cuatro varones porque el Corazón del Cielo, el Dios vivo trino, les echó el vaho de su aliento para empañarles la vista...para que pudieran ver sólo a poca distancia y, por lo mismo, ver con claridad únicamente el lugar donde se encontraban. Así perdieron la sabiduría y entendimiento de las cosas ocultas del universo.

Entonces los dioses se pusieron a pensar y a meditar para darles compañeras como esposas. Durante el sueño de los cuatro varones, los dioses sacaron de ellos mismos cuatro bellas mujeres en medio de sus sueños, las que recibieron y tomaron por esposas, verdaderamente eran mujeres de gran belleza y hermosura, así eran las esposas de Balam Quitzé, Balam Acab, Mahucutah e Iquí Balam. Al despertar quedaron maravillados con gran gozo y alegría en sus corazones por causa de sus compañeras esposas. Cahá Paluná: Agua de Luna; Chomihá: Agua de Estrellas; Tzununihá: El Murmullo, susurro del Aire; Caquixahá: El Vapor del Agua. Ellos son los padres y madres de la humanidad. Ellos son la raíz, el origen, y la base fundamental de nosotros, la humanidad, procedente del árbol de la vida de la luz: El Quiché (sistema solar planetario nuestro). Los cuatro sacerdotes eran adoradores, sacrificadores y adivinadores". Popol Vuh, tercera parte, cap. 1, 2 y 3.


 

POPOL VUH

LIBRO UNIVERSAL DE LA RENOVACIÓN DEL TIEMPO

 

 

Cabahuil

El fundamento eterno de toda la creación.

Alom sería el padre supremo y madre suprema, raíz masculina y femenina, del cosmos. Cajolom, hijo unigénito, engendrador de vida del universo. Ixpiyacoc, espíritu viviente que llena el espacio. Pero Huracán será la primera fuerza viva del único Dios Todopoderoso.

La palabra balam significa fuerza, potencia, por eso se llama balam al jaguar o leopardo moteado americano, animal ferocísimo, signo de la sorprendente civilización maya.


 

EL MITO DEL FUEGO QUICHÉ

 

Cabahuil: El dios del quiché

La luz del árbol de la vida, la luz del universo.

Tohil, el dios del fuego, fue el primero que hizo nacer su fuego, y nadie supo cómo él lo produjo, porque el fuego ardía soltando grandes llamaradas titilantes de color rojo luminoso, cuando lo hallaron Balam Quitzé y Balam Acab. "Gracias, Dios, y ahora lo recibimos por tu bondad para calentarnos, poco faltó para que muriésemos de frío". Y gracias a Tohil se calentaron todas las tribus. Grande fue la alegría de todos por haber recibido el fuego. Los cuatro sacerdotes cobrarán por dar el fuego a otras tribus, aconsejados por un emisario demonio portavoz de los demonios del mundo ínfero, lugar de prisión del espíritu a la materia. A cambio del fuego, Tohil les pide la entrega del corazón, no del oro, para tenerlos unidos junto a él. "Nos uniremos a él", respondieron las tribus desencajadas, llenas de dolor, y lamentación, extenuadas, medio muertas y entumecidas por el inconcebible frío que ya no podían soportar; les conviene estar atados a él. Enseguida recibieron el fuego, y luego entraron todos en el calor de la vida.

Así describen el mito del fuego:

...617) Ellos volvieron a presentarse como limosneros suplicantes, a pedir el fuego ante la presencia de Balam Quitzé, Balam Acab, Mahucutah e Iquí Balam. (14).

618) ¡Tened compasión de nosotros! ¡Dadnos un poco de vuestro fuego! ¿Acaso no tenemos todos parentesco con vosotros?, ¿acaso no hemos estado siempre reunidos con vosotros?, ¿acaso no hemos tenido una sola morada en común?, ¿acaso no fue en el mismo monte donde nos crearon y formaron?, ¡tened misericordia de nuestras personas! – dijeron las tribus

619) –Entonces los cuatro rajahuales respondieron diciendo: ¿Qué nos daréis como pago, para que nosotros tengamos consideración con vuestras personas? – les dijeron a las tribus.

– ¡Bien!, os daremos nuestro oro como pago a vosotros –dijeron las tribus.

620) –¡No queremos oro! –respondieron Balam Quitzé y Balam Acab. –Entonces pues, ¿qué es lo que vosotros queréis?, solamente esa pregunta queremos que nos respondáis–dijeron las tribus. –¡Muy bien!, ahora mismo le haremos la pregunta a Tohil y luego os daremos a conocer la respuesta en este mismo momento– así les fue dicho a las tribus.

621) Enseguida los cuatro rajahuales preguntaron a Tohil, diciéndole: –¡Oh vos, Tohil!, decidnos: ¿qué será lo que deben dar para vos Tohil, como pago los de las tribus?, porque han venido a pedir de tu fuego dijeron Balan Quitzé, Balam Acab, Mahucutah e Iquí Balam.

622) – ¡Bueno! – dijo Tohil–, ¿querrán ellos hacer pacto de alianza conmigo, para entregarme a mí lo que tienen en el interior del pecho, bajo sus axilas? ¿No querrán entregarme ellos de todo corazón, para que yo Tohil, los ate a todos para abrazarlos, estrechándolos en mis brazos, y tenerlos siempre unidos junto a mí?, ¡yo Tohil! Pero si ellos no quisieren y rehusaren mi propuesta, rechazándome a mí, yo tampoco les daré de mi fuego –advirtióles el Tohil.

623) –¡Así les diréis a ellos!, que si aceptan mi pacto, yo les abrazaré a todos, no morirán, solamente los mantendré unidos a mi pecho debajo de mis axilas, así nos ordenó Tohil que os dijéramos a vosotros. Esa fue la respuesta que les dio Tohil a Balam Quitzé, Balam Acab, Mahucutah e Iquí Balam para que la dijeran a las tribus.

624) Entonces ellos dieron a las tribus el mensaje de Tohil. –¡Está bien!, nos uniremos a él, porque nos conviene estar atados a él– dijeron ellos cuando aceptaron el pacto de Tohil, sin

la menor tardanza dieron respuesta a la propuesta de Tohil. –¡Está bien–dijeron las tribus–, pero que sea pronto!

Enseguida recibieron el fuego, y luego entraron todos en el calor de la vida.

625) Pero hubo un grupo de las tribus que tomó escamoteado un poco de fuego entre el humo, y el autor del hurto del fuego divino fue un murciélago común de los hogares (de los ranchos), procedente de la Casa de Espíritus de Murciélagos: Zotzilá Há. El dios Cabahuil de los cakchiqueles se llama Chamalcán: La potencia virtuosa del trabajo perseverante y continuo en silencio. El dios Chamalcán es la imagen simbólica del murciélago Zotz.

626) El murciélago pasó sigilosamente entre la densa humareda, se deslizó planeando suavemente hasta tomar hurtado el fuego sin que nadie se diese cuenta; por esta razón los cakchiqueles no pidieron el fuego, sino que lo hurtaron, y por eso mismo no se dieron por vencidos.

627) Pero todas las demás tribus sí se dejaron vencer, cuando accedieron a dar lo que tienen dentro del pecho y debajo de sus axilas, para que les abrieran el pecho y les arrancaran el corazón. Este es el pacto de unión del cual habló Tohil. Entonces todas las tribus fueron sacrificadas ante Tohil, abriéndoles por debajo de la axila para sacarles arrancado el corazón.

628) Estos sacrificios humanos todavía no habían empezado a practicarlos, cuando Tohil profetizó la toma del poder y el dominio absoluto del fuego divino ( luz y calor de vida del universo físico) por aquellos cuatro grandes rajahuales: Balam Quitzé, Balam Acab, Mahucatah, e Iquí Balam.

Los cuatro grandes hacían hablar a su dios Tohil con motivo del fuego divino para imponerse al resto de las tribus que aniquilan sacrificándolas, en nombre y voluntad de su dios. Así lo justifican míticamente. Ante tanto engaño, abuso y utilización de lo sacro, dios se presenta como el mejor invento y descubrimiento de la casta sacerdotal, la humanidad exige un redentor, un Prometeo. El mito prometeico tiene un perenne significado y actualidad; los "grandes teócratas" son enemigos de la humanidad y del ser humano, al usar los mitos en propio beneficio y en detrimento del pueblo creyente. Entra en escena la teología de la muerte de los dioses, pero aún no se cierra el telón.


 

MITOS TAÍNOS

 

Para López–Baralt, "el mito en todo pueblo con un germen de estratificación, tiene la función de mecanismo de control social manejado por un grupo, por lo cual tendremos que contar con el carácter sagrado y arcano del mismo". Eso acaece en la sociedad taína.

Refiere Pané:

"Porque yo lo he visto con mis ojos, bien que de las otras cosas conté solamente lo que había oído a muchos, en especial a los principales, con quienes he tratado más que con otros; pues éstos creían en estas fábulas con mayor certidumbre que los otros". Es fácil que le ocultasen los taínos al fraile Pané el significado de sus areitos, cohoba (cogioba), y de sus mitos.

Además de la barrera lingüística, existía la doctrinal, imposible de superar cuando es dogmática. Ni Las Casas, el cronista más liberal y defensor de los indígenas, pudo entender el fenómeno religioso indígena sin acudir al demonio para su explicación.

Así como en Mesoamérica es fácil encontrar el mito de la creación del hombre por los dioses, (las cuatro del Popol Vuh, y Quetzalcóatl crea al hombre de las cenizas de huesos fecundados por su semen), en la mitología sudamericana no abundan tales mitos, más que de mitos de creación se trata de mitos de aparición. La creación por esputo se aparta del tradicional mito: Bayamanaco lanza un guanguayo lleno de cohoba a Deminán Caracaracol que le hincha la espalda, de lo que sale la tortuga hembra. La mujer sale de la espalda de Deminán como Eva salió de la costilla de Adán, paradigma mítico de la mujer-grapa. "Sabemos que el motivo de la mujer-grapa puede invertirse de dos maneras: como cabeza que rueda persiguiendo a sus víctimas hasta el agua salvadora por una parte, y por otra, como tortuga zambullidora que arrastra a sus víctimas al fondo de un agua donde perecen ahogadas". (15).

La asociación de la tortuga a la mujer la encontramos en los desana: La tortuga, como animal uterino, simboliza este aspecto del "origen de todas las cosas". Se enfatiza su mordida fuerte, mito que, según Lévi-Strauss, cubre las dos Américas: la mujer grapa se adhiere físicamente a la espalda de su portador, convertido en marido.

Después del diluvio se necesita la mujer para explicar el origen de nuevas generaciones.

La asociación de la mujer-grapa con la tortuga es su actitud de no soltar lo que agarró... "Entre los waiwai, tribu de la familia lingüística caribe, la madre primordial o núcleo generativo fue, precisamente, una tortuga".

Pané, en los capítulos VII y VIII, nos refiere esta creación de las mujeres:

Dicen que un día fueron a lavarse los hombres, y estando en el agua, llovía mucho, y que estaban muy deseosos de tener mujeres; y que muchas veces cuando llovía, habían ido a buscar las huellas de sus mujeres; mas no pudieron encontrar alguna nueva de ellas. Pero aquel día lavándose, dicen que vieron de algunos árboles, bajándose por entre las ramas, una cierta forma de personas, que no eran hombres ni mujeres, ni tenían sexo de varón ni de hembra, las cuales fueron a cogerlas; pero huyeron como si fuesen anguilas. Por lo cual llamaron dos o tres hombres por mandato de su cacique, puesto que ellos no podían cogerlas, para que viesen cuántas eran, y buscasen para cada una un hombre que fuese caracaracol, porque tenían las manos ásperas, y que así estrechamente las sujetasen. Dijeron al cacique que eran cuatro; y así llevaron cuatro hombres, que eran caracaracoles. El cual caracaracol es una enfermedad como sarna, que hace al cuerpo muy áspero. Después que las hubieron cogido, tuvieron consejo sobre cómo podían hacer para que fueran mujeres, puesto que no tenían sexo de varón ni de hembra. Buscaron al pájaro que se llama inriri, antiguamente llamado inriri cahubabayael, el cual agujerea los árboles, en nuestra lengua llámase pico.

E igualmente tomaron a aquellas mujeres sin sexo de varón ni de hembra, y les ataron los pies y las manos y trajeron el pájaro mencionado, y se lo ataron al cuerpo. Y éste, creyendo que eran maderos, comenzó la obra que acostumbra, picando y agujereando en el lugar donde ordinariamente suele estar el sexo de las mujeres. Y de este modo, dicen los indios que tuvieron mujeres, según cuentan los más viejos. (16).

Al carecer de documentos escritos, los taínos no conocían la escritura, es la tradición oral la fuente informativa de Pané en su Relación acerca de las antigüedades de los indios.

El mito de las mujeres sin hombres, amazonas (según Oviedo), contiene los fundamentos de la reglamentación sexual: el tabú del incesto y el castigo de la endogamia generan la práctica de la exogamia para los taínos y el rapto de las mujeres. La incidencia del mito es más frecuente en la zona amazónica. Se podría tratar de vírgenes cenobitas vestales consagradas a su diosa, según Mártir de Anglería. Pero en otras islas, según el mismo cronista, hay morada de mujeres corrompidas, porque desde niñas cortan sus pechos para poderse ejercitar en el arte de asestar las flechas y a ellas acceden hombres para el coito y no las retienen; pero

podría ser una fábula, dice.

Se da un fenómeno muy curioso: practican el infanticidio femenino, con la consiguiente escasez de mujeres, tan necesarias para el trabajo y la vida sexual, y después hacen la guerra para conseguirlas. Los caribes se las roban a los taínos, y unas tribus a otras.


 

EL MITO DEL DILUVIO

 

En los capítulos IX y X, narra Pané lo siguiente:

Cómo dicen que fue hecho el mar:

Hubo un hombre llamado Yaya, del que no saben el nombre: y su hijo se llamaba Yayael, quiere decir hijo de Yaya. El cual Yayael, queriendo matar a su padre, éste lo desterró, y así estuvo desterrado cuatro meses; y después su padre lo mató, y puso los huesos en una calabaza, y la colgó del techo de la casa donde estuvo colgada algún tiempo. Sucedió que un día, con deseos de ver a su hijo, Yaya dijo a su mujer: "Quiero ver a nuestro hijo Yayael". Y ella se alegró, y bajando la calabaza la volcó para ver los huesos de su hijo. De la cual salieron muchos peces grandes y chicos. De donde, viendo que aquellos huesos se habían transformado en peces, resolvieron comerlos.

Dicen, pues, que un día, habiendo ido Yaya a sus conucos, que quiere decir posesiones, que eran de su herencia, llegaron cuatro hijos de una mujer, que se llamaba Itiba Cahubaba, todos de un vientre y gemelos; la cual mujer, habiendo muerto de parto, la abrieron y sacaron fuera los cuatro dichos hijos, y el primero que sacaron era caracaracol que quiere decir sarnoso, el cual caracaracol tuvo por nombre (Deminán); los otros no tenían nombre. Como los cuatro hijos gemelos de Itiba Cahubaba, que murió de parto, fueron juntos a coger la calabaza de Yaya, donde estaba su hijo Yayael, que se había transformado en peces y ninguno se atrevió a cogerla, excepto Deminán Caracaracol, que la descolgó y todos se hartaron de peces.

Y mientras comían, sintieron que venía Yaya de sus posesiones y queriendo en aquel apuro colgar la calabaza, no la colgaron bien, de modo que cayó en tierra y se rompió. Dice que fue tanta el agua que salió de aquella calabaza, que llenó toda la tierra, y con ella salieron muchos peces; y de aquí dicen que haya tenido origen el mar. (17).

Veamos el origen del fuego según la versión de un informante indígena de 70 años de la Baja Guajira, Venezuela. Citamos sólo las partes que interesan para la comparación.

En un principio los hombres no conocían el fuego. Eran seres imperfectos que comían cosas crudas. La triste suerte de los primeros hombres a causa de su imperfección era igual a la de los animales.

Unos vivían metidos en los troncos, en los huecos, en las cuevas. Sólo Maleiwa poseía el fuego en forma de piedras encendidas que celosamente guardaba en una gruta fuera del alcance de los hombres. Maleiwa no quería entregar el fuego a los hombres... (Pero sucedió que un joven, Junuunay, quería robar el fuego. Se acercó a Maleiwa, y llamándolo "Venerable abuelo", le pidió cazabe. Después de varias artimañas logró robarlo, y Maleiwa lo persiguió para castigarlo, convirtiéndolo en escarabajo.

De nuevo, observamos la estructura típica del mito: 1) un abuelo en posesión del bien cultural, 2) el robo como medio de conseguirlo, 3) el castigo. (18).

El robo, entre los taínos, era tabú, que en Cuba y La Española -según Oviedo- era castigado con empalar vivo al ladrón hasta que moría. En Nicaragua, se les cortaban las manos y en México, por el primer hurto, lo esclavizaban y, por el segundo, lo ahorcaban, aunque sólo fuese por una mazorca de maíz.


 

EL TRASMUNDO TAÍNO

Pané lo describe del siguiente modo: Dicen que durante el día están recluidos los muertos, y por la noche salen a pasearse, y que comen de cierto fruto que le llaman guayaba, que tiene sabor de (membrillo), que de día son...y por la noche se convierten en fruta y que hacen fiesta, y van junto con los vivos. Y para conocerlos observan esta regla: que con la mano les tocan el vientre, y si no les encuentran el ombligo, dicen que es operito, que quiere decir muerto: por eso dicen que los muertos no tienen ombligo. Y así quedan engañados algunas veces, que no reparan en esto, y yacen con alguna mujer de las de Coaybay, y cuando piensan tenerlas en los brazos, no tienen nada, porque desaparecen en un instante... (19).

Sobre la suerte que corrían los muertos, según las creencias taínas, lo poco que añade Cristóbal Colón corrobora lo recogido por Pané:

He trabajado mucho por saber lo que creen y saben acerca de dónde van los muertos, especialmente de Caonabó, que era el rey principal de la isla Española, hombre de edad, de gran saber y de agudísimo ingenio; éste y otros respondían que van a cierto valle, que cada cacique principal cree estar en su país, y afirman que allí encuentran a sus padres y a sus antecesores; que comen, tienen mujeres, y se dan a placeres y solaces, como más copiosamente se contiene en la siguiente escritura, en la que yo encargué a cierto Fra. Ramón, que sabía la lengua de aquéllos, que recogiese todos sus ritos y su antigüedad; aunque son tantas las fábulas, que no se puede sacar algún provecho, sino que todos los indios tienen cierto natural respeto al futuro y creen en la inmortalidad de nuestras almas, (en Historia del Almirante don Cristóbal Colón por su hijo Hernando).


 

EL FENÓMENO DEL CEMIÍSMO EN SU ASPECTO RITUAL

 

Llamamos cemiísmo al particular culto religioso de los aborígenes antillanos, caracterizado de la siguiente forma por las crónicas: Cada uno, al adorar los ídolos que tienen en casa, llamados por ellos cemíes, observa un particular modo y superstición, (Pané). Conocen también uno (demonio) que llaman Zemí, que no los trata mejor que este Maboia. Algunos de ellos deben tener comunicación particular con él, ya que predicen las cosas futuras..., (Bouton, 1640, Antillas Menores).

Invocan al Cemí, a quien consideran, como se ha dicho, su buen espíritu; es decir que consultan al Diablo por intermedio de sus magos o médicos Piayé o Boyé, quien los engaña con estos nombres ...Cada Boyé tiene su cemí particular, o mejor demonio familiar..., (Blanchard, 1674, Antillas Menores).

"Y en madera, y de barro y de oro, e en otras cosas, cuantas ellos pueden, lo esculpen o entallan, o pintan regañando e ferocísimo, como quien es. Al cual ellos llaman cemí y a éste tienen por su Dios, y a éste piden el agua, o el sol, o el pan, o la victoria contra todos sus enemigos, y todo lo que desean; y piensan ellos que el cemí se lo da cuando le place; e aparesciales fecho fantasma de noche... (...) En esta isla Española, cemí como he dicho, es el mismo que nosotros llamamos diablo...", Oviedo, siglo XVI. (20).

Idolillo de hueso con

incrustación de oro en

los ojos

República Dominicana. Fundación

García Arévalo, S. D.

El behíque o chamán antillano tenía, según Pané, dos funciones principales: la de intermediario entre los cemíes y los hombres, y la de curandero. Según Pané, el behíque le dice el enfermo: "Has de saber que has comido una cosa que te ha producido el mal que padeces, mira cómo te lo ha sacado del cuerpo que tu cemí te lo había puesto en el cuerpo porque no le hiciste oración, o no le fabricaste algún templo, o no le diste alguna heredad". Recordamos aquello de que el que administra los rituales condiciona la cultura; el que controla los símbolos fecundadores domina la cosmovisión, y aboca, ley de bronce, en la manipulación de intereses.

Se ha llamado cultura taína al producto material y superestructural de las sociedades aborígenes que habitaron en Puerto Rico, Cuba y Santo Domingo (La Española). Su estratificación social era de Cacicazgos y eran agro alfareros con herramientas de piedra lascada y óseas; pertenecientes a los arawak desde el punto de vista lingüístico.

Utilizaron el isomorfismo como un recurso mitológico para explicar ancestrales interrogantes en torno a la creación humana, la cosmología y la vida sobrenatural. La interacción de ciertos animales y personajes mitológicos está expresada en su arte plasmado en la cerámica. En el pasado mítico los hombres se confunden con los animales, los hombres se convierten en animales y éstos participan en la formación del género humano.

El rito de la cohoba consistía en la inhalación, precedida de un vómito purificador, de una sustancia alucinógena capaz de provocar en el behíque un estado de éxtasis que lo ponía en comunicación directa con los cemíes o divinidades de quienes recibe consejos, avisos, ayuda y riquezas. El polvo se obtenía de ciertas yerbas alucinógenas muy secas y bien molidas que colocaban en un plato y absorbían a través de un inhalador, especie de flauta hueca, que colocaban en los orificios nasales; a través del alucinógeno entraban en contacto con las divinidades. También los señores importantes podían participar de la cohoba, previa autorización del behíque o chamán.

Cemí o trigonolito de Puerto Rico

Museo Nacional, Washington, D. C.

"Los taínos creían en la existencia de deidades superiores, inmortales, que vivían en el cielo. Entre ellos se destacaban Yocahú, hacedor de todas las cosas, y la diosa Atabei. Rendían culto a los antecesores, creyendo que al morir éstos se convertían en espíritus protectores, llamados cemíes. Los cemíes eran representados por figuras de diversas formas y apariencias, talladas en piedra o madera o hechas de barro, algodón y oro. Algunas de estas figuras de cemíes representaban antiguos caciques. Creían también en otra vida después de la muerte y por esta razón enterraban sus muertos con mucho cuidado colocando, junto a los mismos, ollas y otros recipientes llenos de agua y alimentos, así como sus armas y adornos personales. En el caso de los caciques el entierro era muy elaborado y junto al cadáver se enterraba viva a la mujer favorita del cacique.

Para conocer la voluntad de los dioses y espíritus tutelares, el cacique aspiraba unos polvos narcóticos que le ponían en estado de trance, y en sus sueños creía escuchar el mandato de los dioses. Esta ceremonia, que llevaba a cabo el cacique luego de prepararse para ella sufriendo privaciones y prolongados ayunos, era llamada cogioba".(21).

Los taínos eran sedentarios y vivían en yucayeques o poblados cerca de la costa, y en los valles del interior junto a los ríos; sus casas eran de madera y cañas, bohíos. No usaban los metales, sólo el oro para adornar el guanín (símbolo de autoridad) de los caciques; estos jefes tenían poder absoluto en el cacicazgo y eran obedecidos ciegamente por su gente. El cargo era hereditario por línea materna; el heredero era el sobrino, hijo de la hermana del cacique, no el hijo. Tampoco tenían los tainos la escritura, sólo la tradición oral. El entierro de la esposa favorita del cacique, aún viva, es revelador de los mitos de la sumisión de la mujer, la mujer grapa.


 

MITOS Y CREENCIAS DE LOS INDIOS NORTEAMERICANOS

 

Los nativos indios de Norteamérica encontraron en su mitología el sentido del mundo que les rodeaba; se consideraban siervos de la Madre Tierra y del Padre Cielo. "La Tierra es nuestra madre. No debería ser perturbada por la azada o el arado. Nosotros sólo queremos subsistir con lo que nos dé libremente". En las largas noches de invierno se tejían los mitos alrededor del fuego, que se entrelazaban con la religión y que tenían como punto de referencia la tribu o el clan, y a veces el individuo. Creían en un ser superior, poseedor de una misteriosa fuerza, que era llamado Wakanda (Siux), Manitou (Algonquois), Orenda (Iroquois), Sulia (Salishan), Tamanoas (Chinook), Naualak (Kwakiutl). Este misterioso ser podía ser invocado y captado por los asistentes en ceremonias tribales, o por un individuo, o a través del sueño, y adquirían así parte del poder mágico. Su mitología les dictaba las normas fundamentales de conducta en la vida cotidiana de la tribu y les creaba un mundo de valores y su cosmovisión.

La Tierra era considerada un ser humanizado que confería vida a todos los que se alimentaban de ella, por eso es Madre, pero también podía ser perversa cuando quitaba la vida, y caníbal en el trance de devorar los cuerpos de los muertos. De las profundidades de un primordial lago, un animal buceador sacó barro del que se formó la tierra. Entre el Cielo y los poderes submarinos existe un constante antagonismo.

Los animales son elementos claves en sus mitos. El Thunderbird (pájaro trueno) producía el trueno con el aleteo de sus alas y el rayo con sus centelleantes ojos. Al Coyote se le consideró el Primer Creador; para otros, el Primer Creador sería el Anciano de Arriba o el Hombre Solo.

Sus mitos describen un mundo con tres escalas: la Superior que contiene deidades y espíritus; la Media que es el hábitat humano- vegetal y de animales; y la Inferior habitada por espíritus malignos y formas animales de vida. Los mortales están en el cruce de fuegos del bien y del mal, aspiran lo alto, pero suelen ser víctimas de las fuerzas inferiores que yacen al acecho. Algo parecido a la estructura de la personalidad del psicoanálisis freudiano. Los pájaros pertenecen al mundo del bien, al Superior, como el Águila y el Halcón, pero las culebras y tortugas pertenecen al Mundo Inferior.


 

EL FUEGO

 

Las noches eran largas, negras y frías y la luna no daba calor. Reunidos los animales pidieron ayuda a sus parientes del Mundo Superior, y el fuego apareció como un gran rayo centelleante, golpeando a un sicómoro hueco. ¿Quién lo recogería?

Se ofreció el Cuervo, se ennegrecieron sus plumas por el calor, pero retornó sin el fuego. Lo mismo le sucedió a la Lechuza, al Búho, al Caballo Negro, y a la Culebra Negra. La Araña de Agua tejió un recipiente y se lo puso en la espalda para transportarlo y ofrendarlo por vez primera a la humanidad.

En la mitología del Sudeste, un mito Cherokee dice que un ser llamado Alguien Poderoso creó el primer hombre y la primera mujer del barro del Mundo Inferior, mezcla del Mal (Oscuridad) y Espíritu Divino (Dios). En todos los mitos de creación el nativo americano es creado del blando barro del Mundo Inferior y calentado por el Sol divino, en un compuesto de los dos mundos opuestos.

Hay otra constante entre muchas: el diluvio; a los esposos se les dice que construyan una balsa, tinaja de barro, o usen una gran caña hueca para salvarse. Al decrecer las aguas envían pájaros a encontrar tierra, carpintero o paloma, e inician con la ayuda divina la repoblación de la tierra.

La pipa o calumet era muy importante en muchas culturas tribales como símbolo de paz y para confirmar pactos que así no se podían quebrantar sin incurrir en la ira de los dioses. Usan montículos gigantes para rituales o como cementerios.

Existe una vieja historia entre los Creek y los Cherokee, cuando estuvieron a punto de perecer por falta de alimentos. Los miembros del octavo clan, eran ocho, se acercaron a los ancianos con una solución: "Hemos decidido morir para que nuestros hermanos puedan vivir". Después se fueron al bosque, se metamorfosearon en osos y regresaron. Los hambrientos Cherokee les dispararon y se los comieron. Supieron que eran ellos, por eso un cazador sintió que no podía matarlos. Sois mis hermanos -dijo-. No está bien que os mate. Pero lo convencieron así: "Es necesario que nos matéis ya que nuestros cuerpos os nutrirán y nuestras almas no morirán, volverán al Mundo Superior donde se revestirán de carne otra vez para que podamos volver y dárosla". Y por eso los cazadores se arrodillan desde entonces ante el oso muerto y le dirán: "Gracias, hermano".

El éxito de la caza, más que de la habilidad del cazador, dependerá del poder del animal que concede al cazador la capacidad de encontrarlo y matarlo. Si un cazador no conoce el mito de la caza y sigue sus rituales, el oso le enviará enfermedades y sufrimientos.

Muchas ceremonias, con sus cantos y danzas rituales, tratan de la purificación y la curación. Los complejos rituales del tabaco se refieren a la adivinación, curación y conjuración. La Danza del Maíz Verde incluía la limpieza de las casas, y la purificación física y mental.

El rito de Ir al Agua era de purificación, antes de los juegos de pelota; con un peine ritual de siete dientes de cascabel arañaba su cuerpo, se sumergía en la corriente mirando al Este, y el chamán, al lavar la sangre de su cuerpo, pedía que le fueran otorgadas fuerza, rapidez y agilidad de pensamiento. El propósito de los rituales era mantener el equilibrio ante las fuerzas opositoras, y restaurarlo cuando el equilibrio era roto.

La práctica de pintar la arena entre los Navajo no tiene un significado ceremonial si no va acompañado por la recitación del mito adecuado. "Los animales no tienen la apariencia de personas, pero piensan como ellas y en realidad son personas en su interior", dicho Hopi. En el mito, los animales pueden actuar como mensajeros, guardianes, sirvientes y consejeros. Algunos son deidades mayores, como Coyote y Mujer Araña, pero hay otros espíritus sagrados: los osos, los antílopes, los ciervos, las águilas, los tejones y los lobos.

 

EL CHAMÁN

En los mitos esquimales se decía que el chamán

podía separar su espíritu de su cuerpo

y volar hacia el cosmos para consultar con

otros espíritus. Esta máscara tallada representa

justo ese vuelo del espíritu. El rostro

en el centro es el alma del chamán.

Los Hopi creen que hay otra tierra en el cielo. Las ceremonias se celebran para mantener o restaurar la armonía. La vida ceremonial es una parte integrante de la cultura nativa.

Los Navajo celebran muchos rituales para mantener la armonía entre los humanos y el mundo de los espíritus, con canciones y con la creación de pinturas en la arena que les fue enseñada por una figura mítica, una joven llamada Gilspa. El cantor hace las pinturas en la arena del suelo del hogan (vivienda) con harina de maíz, arena, carbón y polen. La manifestación del poder de los espíritus y su belleza atrae a éstos. Al final de la ceremonia, que puede durar más de una semana, se destruyen. Los indios de Las Llanuras pensaban que no sólo los animales, sino la vida vegetativa e incluso algunos objetos inanimados tenían una dimensión espiritual. El ritual y el ceremonial de las tribus de Las Llanuras se establecieron para aprovechar este poder lo mejor posible, tanto a nivel individual como de la tribu.

Los Pies Negros hablan del mito de Rostro Marcado para explicar el origen de su costumbre de arrancar el cuero cabelludo de sus enemigos, como prueba de que los habían vencido. Un joven, que se llamaba Rostro Marcado, debido a que tenía una larga y fea cicatriz en una mejilla, se enamora de la hija de un jefe, pero ella le exige que busque la forma de eliminar su cicatriz. Parte hacia los Dominios del Sol en busca de ayuda sobrenatural en un viaje lleno de odiseas, que culmina con la matanza de siete peligrosos gansos muy grandes, y siete grullas agresivas, cuyas cabezas lleva al Sol. El Sol quedó tan impresionado de las hazañas del héroe que le regaló un bello traje adornado con piel de comadreja, con un diseño de disco en el pecho y la espalda, que simboliza el sol. Así logró casarse con la hija del jefe y ser uno de los ejecutantes famosos de ceremonias entre los Pies Negros.

Los Lakota se consideraban superiores al resto de la humanidad, pero ante las fuerzas admirables de la naturaleza se convertían en suplicantes humildes y débiles, siempre anhelantes de conseguir, a través de la visión o sueño, alguno de los poderes que observaban diariamente a su alrededor. Percibían una forma que lo impregnaba todo, Wakan, el poder del universo, que se manifiesta en el color del arco iris, en el azul del cielo, en el retumbar y eco del trueno, y en el poder destructivo del rayo, además de otros fenómenos atmosféricos como el viento y el granizo. Todos eran considerados fuentes potenciales de poder útil para el individuo y para el clan, a los que apelaban a través de sus ceremonias.

Un tema recurrente en las ceremonias de los indios de Las Llanuras era el de la regeneración y armonía, expresado por el simbolismo que los Siux relacionaban con el círculo o aro. Percibían el cosmos como un armonioso equilibrio cíclico. Las ceremonias rituales hacían que se mantuviese la unidad del pueblo y que el gran círculo de la vida permaneciera intacto; si este círculo se rompía, el pueblo quedaría destruido.

El embaucador y Grande Nanabush

De Blake Debassige ilustra la figura subártica del creador-embaucador con

el nombre por el que lo conocen los Ojibwa. Los Ojibwa lo veían como mitad

hombre, mitad espíritu, su madre era la nieta de la Luna y su padre el

Espíritu del Oeste. Sus orígenes lo hacían capaz de transformarse en todo lo

que quisiera. En la pintura se ha convertido en un gigante para poder viajar

lejos en busca de comida. Está cruzando los Grandes Lagos utilizando las

islas como piedras sobre las que anda y vuelve a casa con algunos «peces»

para alimentarse, que de hecho son ballenas. Se representa a Nanabush con

una persona dentro de él para simbolizar la dualidad de su personalidad y

también la de todos los hombres

 

Muchos de los espíritus poderosos eran elementos de la naturaleza y no divinidades separadas. Todos los productos de la Tierra son hijos del Sol, nacidos de la Tierra. Se dice que las montañas son el hogar de los espíritus y fuente de poder. Los individuos que poseían cierto poder de un espíritu se convertían en chamanes, responsables de usar sus poderes en beneficio de la tribu y con el don de curar, hacer daño, o controlar el tiempo; pero el poder podía tomar una forma benévola y también malévola. Los chamanes terminaban siendo ricos y poderosos en las tribus. En California, uno de los espíritus más poderosos se llamaba Moki, potencialmente muy peligroso; algunos lo identificaban con el mismo Creador. En las danzas ceremoniales estaba personificado por un hombre envuelto completamente en un manto de plumas. El bailarín tenía que observar numerosos tabúes y rituales estrictos, ya que cualquier error podía ser muy peligroso para él y los presentes en la ceremonia. Era tan grande su poder que el solo acto de tocar su manto podía acarrear enfermedades a la gente corriente.

Los mitos del Noroeste son historias de sucesos humanos y ancestrales. Sus rituales son los medios de hacer visibles esas historias, de dar vida y traer a la memoria la compleja constelación de relaciones entre los seres humanos, la naturaleza y lo sobrenatural. Tenían respuestas ingeniosas, a través de sus mitos, del universo, para ellos y sus descendientes. Sin los mitos, la conducta humana carecería de leyes y reglas morales, y así quedaría apartada de lo sobrenatural.

Las historias de origen inician los comienzos de la conciencia humana, al reconocer la cualidad de lo eterno, del tiempo sin principio, de creadores no creados. Dan pie a la especulación sobre la trayectoria humana y a la formulación de explicaciones sobre los mundos evanescentes y paradójicos que nos rodean. La historia de animales embaucadores, como el coyote y el cuervo, iluminan las paradojas fundamentales de la vida humana. En conjunto, los mitos proporcionaban a los hombres el mundo natural y su lugar en él, y establecían un código de comportamiento apropiado hacia el entorno y sus recursos. Los mitos, y las leyendas también, proporcionaban seguridad al dar validez a los tabúes y ofrecer una estructura y un significado al mundo espiritual. Estas historias surgieron cuando todas las cosas increíbles podían pasar. Hasta los animales eran considerados mediadores entre lo natural y lo sobrenatural. (22).


 

LOS MITOS DEL NUEVO MUNDO

Cuando los europeos, en su búsqueda de las Indias, se encuentran con el Nuevo Mundo, porque éste se interpuso con tragedia para los aborígenes, descubren desarrolladas civilizaciones y culturas: azteca, maya, inca..., que no interesaron en absoluto a los conquistadores, sí el oro tras el escudo de la fe. Los sacerdotes indígenas practicaban el sacrificio humano. El cronista Fray Toribio Benavente nos relata lo acaecido en México:

"Demás de estos y otros sacrificios y ceremonias sacrificaban y mataban a muchos de la manera que aquí diré:

Tenían una piedra larga, de una brazada de largo, y casi palmo y medio de ancho y un buen palmo de grueso, o de esquina. La mitad de esta piedra estaba hincada en la tierra, arriba en lo alto encima de las gradas, delante del altar de los ídolos.

En esta piedra tendían a los desventurados de espaldas para los sacrificar, y el pecho muy tenso, porque los tenían atados los pies y las manos, y el principal sacerdote de los ídolos o su lugarteniente, que eran los que más ordinariamente sacrificaban, y si algunas veces había tantos que sacrificar que éstos se cansasen, entraban otros que estaban ya diestros en el sacrificio, y de presto con una piedra de pedernal con que sacan lumbre, de esta piedra está hecho un navajón como hierro de lanza, no mucho agudo, porque como es piedra muy recia y salta, no se puede hacer muy aguda; esto digo porque muchos piensan que eran de aquellas navajas de piedra negra que en esta tierra las hay, y sácanlas con el filo tan delgado como de una navaja, y tan dulcemente corta como navaja, sino que luego saltan mellas, con aquel cruel navajón como el pecho estaba tan tenso, con mucha fuerza abrían al desventurado y de presto sacábanle el corazón, y el oficial de esta maldad daba con el corazón encima del umbral del altar de parte de fuera, y allí dejaba hecha una mancha de sangre; y caído el corazón, estaba un poco bullendo en la tierra, y luego poníanle en una escudilla delante del altar. Otras veces tomaban el corazón y levantándole hacia el sol, y a las veces untaban los labios de los ídolos con la sangre. Los corazones, a las veces, los comían los ministros viejos; otras los enterraban y luego tomaban el cuerpo y echábanle por las gradas abajo a rodar; y allegado abajo, si era de los presos en guerra, el que lo prendió, con sus amigos y parientes llevábanlo y aparejaban aquella carne humana con otras comidas, y otro día hacían fiesta y lo comían; y el mismo que le prendió, si tenía con qué lo poder hacer, daba aquel día a los convidados mantas; y si el sacrificio era esclavo no le echaban a rodar, sino bajándole a brazos, y hacían la misma fiesta y convite que con el preso en guerra, aunque no tanto con el esclavo; sin otras fiestas y días de más de muchas ceremonias con que las solemnizaban, como en estas otras fiestas parecerá. Cuanto a los corazones de los que sacrificaban, digo: que en sacando el corazón al sacrificado, aquel sacerdote del demonio tomaba el corazón en la mano, y levantábale como quien le muestra al sol, y luego volvía a hacer otro tanto al ídolo y poníansele delante en un vaso de palo pintado, mayor que una escudilla, y en otro vaso cogía la sangre y daban de ella como a comer al principal ídolo, untándole los labios y después a los otros ídolos y figuras del demonio. En esta fiesta sacrificaban de los tomados en guerra o esclavos, porque casi siempre eran de éstos los que sacrificaban, según el pueblo, en unos veinte, en otros treinta, en otros cuarenta, y hasta cincuenta y sesenta; en México sacrificaban ciento, y de ahí arriba.

En otro día de aquellos ya nombrados se sacrificaban muchos, aunque no tantos como en la fiesta ya dicha; y nadie piense que ninguno de los que sacrificaban matándoles y sacándoles el corazón o cualquiera otra muerte, que no era de su propia voluntad, sino por fuerza. Y sintiendo muy sentida la muerte y su espantoso dolor. Los otros sacrificios de sacarse sangre de las orejas o lengua, o de otras partes, éstos eran voluntarios casi siempre". (23).

El mito quiché del fuego originó riadas de sangre de enemigos y esclavos de los señores que usaron el sangriento, cruel e inhumano ritual con fines político-religiosos de dominio y sometimiento.

Los indígenas americanos eran dueños de sus vidas, de sus tierras, de su historia, hasta que llegaron los europeos, que plantaron sobre ellos la espada, el idioma y la cruz, e hicieron de ellos un pueblo crucificado con la conquista, la esclavitud y las encomiendas de la colonización.

Hernán Cortés relata como digna de alabanza su agresiva e insensible actitud en el panteón azteca:

"Los más principales de estos ídolos, y en quién ellos más fe y creencia tenían, derroqué sus sillas y los hice echar por las escaleras abajo e hice limpiar aquellas capillas donde los tenían...y puse en ellas imágenes de Nuestra Señora y de otros santos, que no poco el dicho Mutezuma y los naturales sintieron; los cuales primero me dijeron que no lo hiciese..."

Lo que constituyó, según Cortés, un afianzamiento del poder español; pero, según el cronista Bernal Díaz del Castillo, el acto sacrílego provocó la idolatría, más sacrificios humanos de los aztecas y aceleró la guerra de sublevación.

La idolatría, los sacrificios humanos en los aztecas e incas, la antropofagia y la sodomía, son las variables que conjuga la leyenda negra de los indios que, además de ser nefastas abominaciones, son causas legítimas de justa guerra y pérdida de libertad de los indígenas para los conquistadores y la Corona.

Es obvio que no se realizaron estudios etnológicos y antropológicos del indígena, y que no se buscó su comprensión y se le ofreció ayuda, sino teológicos y apologéticos, demostrando lo que los indios, con ayuda de Satán, habían conseguido. No se practicó con las culturas indias, religiones incluidas, ninguna ética de respeto. Y la civilización europea y su religión se les impusieron de manera humillante y denigrante. Nunca se les consultó para nada. Se dispuso de ellos como cosas, y sus ricas culturas: incaica, maya y azteca, entre otras, fueron casi aniquiladas, cometiendo contra ellos etnocidio y genocidio, cultural y físico.

Faltó una ética elemental de respeto hacia sus vidas, personas, sentimientos, valores religiosos...Es la dinámica universal de las conquistas, se dirá; pero esto no lo justifica, mil asesinatos no justifican ni uno más; siempre será un crimen. Se da una inversión de valores: primero lo económico, la codicia, después lo religioso y político: cristianizar y civilizar, aunque sea por la fuerza. El explosivo encuentro de los dos mundos sacudió la conciencia ética de la Europa de entonces; poco después, con África, serían tres los mundos encontrados.

Bartolomé de las Casas en su obra De los tesoros del Perú, 1563, cuestionó e insistió en la nulidad jurídica de la toma de posesión de los conquistadores como acto formal jurídico. Y claro que fue nula. No hay posibilidad de justificación alguna legal, jurídica, racional. Sólo la que inventaron los juristas al servicio de la Corona y del Papado. Lo justo no siempre coincide con lo legal, como en este caso.

La realidad del descubrimiento-conquista tiene otras dimensiones:

El poder de las armas, que apuntala las muchas veces mencionada en los cronistas cobdicia (codicia) de los españoles. López de Gomara, en su Historial General de las Indias, edición de 1554, llama, con todo fundamento, coronistas a los cronistas, porque escriben para la Corona. Esas armas nunca habían sido vistas por los indígenas: armaduras metálicas, espadas, arcabuces, cañones y caballos contra el casi neolítico indígena, ya que desconocían el uso del hierro y de la pólvora, así como el de la rueda.

El realismo casi mágico de los indígenas, atónitos ante la llegada del hombre dios, o enviados por los dioses, mágicos con armas mágicas, con barba e instrumentos que vomitan fuego y matan a distancia, que los hace dudar trágicamente antes de defenderse, porque también piensan que son inmortales y además no pueden, ni deben, luchar contra sus dioses.

La insaciable avaricia de los conquistadores utiliza todo tipo de astucia, sagacidad, engaño... para conseguir sus objetivos. Véase, a manera de ejemplo, la maravillosa descripción, pero horrible al mismo tiempo, que hace López de Gomara de la captura de Atabaliba (Atahualpa) en la Historia de las Indias, cap. CXIII, que les presentamos:

Fray Vicente, con cruz y breviario, se presenta a Atabaliba (Atahualpa), diciéndole que él es embajador de Dios y su mensajero. "Y así viene agora Francisco Pizarro a rogaros seáis amigos y tributarios del rey de España, emperador de Roma, monarca del mundo y obedezcáis al Papa y recibáis la fe de Cristo, si la creyéredes, que es santísima, y la que vos tenéis es falsísima. Y sabed que haciendo lo contrario vos daremos guerra y quitaremos los ídolos, para que dejéis la engañosa religión de vuestros muchos y falsos dioses". "Respondió Atabaliba, muy enojado, que no quería tributar siendo libre ni oír que hubiese otro señor mayor que él; empero, que holgaría de ser amigo del emperador y conoscerle, ca debía ser gran príncipe, pues enviaba tantos ejércitos como decían por el mundo; que no obedecería al Papa, porque daba lo ajeno y por no dejar a quien nunca vio el reino que fue de su padre. Y en cuanto a la religión dijo que muy buena era la suya, y que bien se hallaba con ella, y que no quería ni menos debía poner en disputa cosa tan antigua y aprobada, y que Cristo murió y el Sol y la Luna nunca morían, y que ¿cómo sabía el fraile que su Dios de los cristianos criara el mundo? Fray Vicente respondió que lo decía aquel libro, y dióle su breviario. Atabaliba lo abrió, miró, hojeó, y diciendo que a él no le decía nada aquello, lo arrojó en el suelo. Tomó el fraile su breviario y fuese a Pizarro voceando: "Los evangelios en tierra, venganza, cristianos; a ellos, a ellos que no quieren nuestra amistad ni nuestra ley". Pizarro entonces mandó a sacar el pendón y jugar la artillería, pensando que los indios arremeterían. Como la seña se hizo, corrieron los de caballo a toda furia por tres partes a romper la muela de gente que alrededor de Atabaliba estaba y alancearon muchos. Llegó luego Francisco Pizarro con los de pie, que hicieron gran riza en los indios con las espadas a estocadas. Cargaron todos sobre Atabaliba, que todavía estaba en su litera, por prenderle, deseando cada uno el prez y gloria de su prisión. Como estaba alto, no alcanzaban y acuchillaban a los que la tenían; pero no era caído uno, que luego no se pusiesen otros y muchos a sostener las andas, por que no cayese a tierra su gran señor Atabaliba. Viendo esto Pizarro, echóle mano del vestido y derribólo, que fue rematar la pelea. No hubo indio que pelease, aunque todos tenían armas; cosa bien notable contra sus fieras costumbres de guerra. No pelearon porque no les fue mandado, ni se hizo la señal que concertaran para ello, ni menester fuese, con el grandísimo rebato y sobresalto que les dieron, o porque se cortaron todos de puro miedo y ruido que hicieron a un mismo tiempo las trompetas, los arcabuces y artillería, y los caballos que llevaban pretales de cascabeles para espantar. Con este ruido, pues, y con la priesa y heridas que los nuestros les daban huyeron sin curar de su rey. Unos derribaban a otros por huir, y tantos cargaron a una parte, que, arrimados a la pared, derrocaron un lienzo de ella, por donde tuvieron salida. Siguiéronlos Fernando Pizarro y los de caballo hasta que anocheció y mataron muchos de ellos en el alcance. Ruminagui huyó también cuando sintió los truenos de la artillería, que barruntó lo que fue, como vio derribado de la torre al que le tenía de hacer señal. Murieron muchos indios a la prisión de Atabaliba, la cual aconteció año de 1533 y en el tambo de Caxamalca, que es un gran patio cercado. Murieron tantos porque no pelearon y porque andaban los nuestros a estocadas, que así lo aconsejaba fray Vicente, por no quebrar las espadas, hiriendo de tajo y revés".

Se pide que Atahualpa sea tributario del rey de España y obediente y sumiso al Papa, teoría de las dos espadas gelasianas, siglo V: El reino y el sacerdocio. Lo de la soberanía, como la de Bodino, no estaba muy clara en la mentalidad de los poderes absolutos: papa-rey, y mucho menos les interesaba. Lo que sí estaba claro es que no reconocían la soberanía de los indígenas, cosa natural ya que tampoco reconocían la de sus súbditos, pero tampoco la de los jefes indígenas. Y el derecho internacional de Vitoria se empezaba a formular. Atabaliba no aceptaba sometimientos, pero sí brindaba por la amistad. Al Papa no obedecería porque "lo ajeno daba", y que su religión era la de sus antepasados y que por eso no estaba en venta ni en discusión. En su mítica mentalidad le refutó al fraile Vicente que los dioses eran inmortales, que Cristo había muerto, luego no era Dios, así de sencillo en la lógica aristotélico - tomista. Que el Sol y la Luna nunca morían. He Que qué era ese mito de que Dios "criara" el mundo; porque ese libro lo dijera no era suficiente. Acercó el libro (breviario o Biblia) a su oído, pero como nada le susurró ni nada le habló; por eso lo tiró. Y sonó la venganza contra el "rebelde".

"Nunca nación alguna extendió tanto como la española sus costumbres, su lenguaje y armas, ni caminó tan lejos por mar y tierras, las armas a cuestas...", López de Gomara, Historia de la Indias, 1552

 

España, en su Encuentro fortuito y explosivo con el Nuevo Mundo, logra un nuevo tiempo y un nuevo espacio. Preferimos hablar de Encuentro y no de Descubrimiento, término obsoleto por inexacto. Los pobladores aborígenes hacía muchos siglos que lo habían descubierto y poseído; y los normandos cuatro siglos antes, varias veces; y otros anónimos, y el marinero que, según se cree, poseía parte de algunos mapas del Nuevo Mundo y que se los entregó a Colón.

Un nuevo tiempo. Las condiciones que posibilitaron el Encuentro se fueron gestando lentamente en los últimos siglos de la Edad Media:

Final de la Reconquista con los árabes de la península ibérica (718-1492).

La mentalidad de cruzada religioso- social impregna la sociedad medieval española. El cambio de mentalidad del hombre en la etapa final del oscurantismo medieval, donde lo religioso lo es casi todo, teocentrismo (Dios el centro).

La apertura a los nuevos valores y nuevas cosmovisiones del incipiente Renacimiento, donde el ser humano y la razón serán el eje del movimiento histórico renacentista.

Se produce un enorme florecimiento mercantil, con su correspondiente incremento en el volumen de intercambios, pero no aumenta la masa monetaria, debido al déficit de oro y plata que avalan la moneda (patrón oro-plata), y hay que buscarlos en África o en Asia.

Existe excedente poblacional con relación a las posibilidades ocupacionales en Europa.

La nueva sociedad renacentista, refinada, crea la necesidad de nuevos productos: sedas, piedras preciosas y de todo lo que provenga de Oriente...

A esto se añaden los nuevos avances técnicos: el perfeccionamiento de los instrumentos de navegación, el desarrollo de la cartografía, las escuelas de navegantes...

Los nobles se empobrecen y se da en toda Europa un alto grado de conflictividad social. Y el hombre del Renacimiento busca, compulsivamente, nuevas experiencias que le acarreen honra, fama y gloria, ennoblecerse.

El Estado español del siglo XVI es dogmático, intolerante con las minorías y con las posiciones discrepantes, con la heterodoxia; católico a machamartillo, providencialista mesiánico.

Estado y religión son inseparables. La Corona confesional se auto percibe como misionera, alimentada por ocho siglos de luchas contra los árabes, mahometanos y sarracenos infieles. La cruzada contra el Islam pasa a las Indias, prolongándose. Conquista y cristianización eran inseparables; la cruz y la espada. Granada había sido tomada, 1492, y los judíos desterrados. Colón se considera elegido por Dios para realizar la epopeya hispana del viaje a las Indias, providencialismo mesiánico, y lo mismo acontece con Cortés que, apoyado en la cruz y en la fe en Dios, se auto percibe invencible en la guerra santa que hacía en México.

Los españoles buscan especias, sedas, piedras preciosas y evangelizar, imperativo categórico. Todo se mezcla, todo se confunde. El discurso teológico llega a tener primacía en la ideología hispana del siglo XVI. Y una variable más histórico-geográfica: Los turcos al tomar Constantinopla, 1453, fin de la Edad Media e inicio del Renacimiento, cierran el paso hacia Asia. Se impone el buscar nuevas vías de acceso. Sólo queda el océano Atlántico, ignoto y tenebroso, en el occidente. Y ahí está América, el Nuevo Mundo, para su propia desgracia y perdición.

Un nuevo espacio. Se rompe la concepción trinitaria del mundo, concepto más teológico que cosmográfico: Europa, África y Asia. Américo Vespucio invalida la hipótesis de Colón de que el nuevo continente sea la India, afirmando categóricamente que es un Nuevo Mundo, y le roba el mérito y el nombre a Colón, que lo encontró, pero Américo lo identificó como algo distinto, nuevo, Mundus Novus, de ahí América, por Américo Vespucio.

En la mentalidad colombina el descubrir equivalía a tomar posesión, concepto jurídico. "Y de ellas todas he tomado posesión por sus Altezas, con pregón y bandera real extendida", con toda la liturgia bizantina del poder. Es una premisa evidente para los conquistadores que el descubrimiento es causa suficiente de posesión como acto jurídico formal. Sólo Bartolomé de las Casas, al final, la cuestionó e insistió en su nulidad jurídica.

Los reyes y los conquistadores consideran las Indias como res nullius, cosa de nadie, y la toman por adquisición, per adquisitionem, y en caso de problemas la tomarían por la guerra, per bellum. Se presume, pues, que los indios no tenían capacidad legal de dominio ni de jurisdicción.

Y, para completar el ceremonial litúrgico, bautizan las tierras con nombres cristianos, despojándolas de sus propios nombres indígenas, dando al rito bautismal el significado del sacramento católico que conlleva dominio y una nueva personalidad en el bautizado.

En vista de que Portugal estaba preparada para reclamar los nuevos territorios como suyos, porque caían bajo su jurisdicción territorial, según anteriores tratados con Castilla, los Reyes Católicos acuden al Papa para que respalde sus títulos de posesión, lo que Alejandro VI, papa español, hace con la bula segunda Inter Caetera, 1493: dona, concede y asigna las nuevas tierras descubiertas a los Reyes Católicos y a sus descendientes a perpetuidad y les otorga la encomienda de convertir a los aborígenes a la fe cristiana. Habla de las tierras encontradas por navegantes y capitanes de la Corona española que, previamente, no estén sujetas al dominio temporal de algún señor cristiano. El ser cristiano daba patente de corso sobre los infieles, los no cristianos, de cualquiera religión que fuesen. Existe la supremacía de derechos de los bautizados sobre los indígenas y sobre todos los demás no bautizados.

Los conquistadores requieren a los aborígenes la obediencia a los Reyes Católicos y la conversión al cristianismo. El rechazo de los indígenas conlleva la guerra, la confiscación de sus bienes, la esclavitud y hasta su muerte.

Los autóctonos o aborígenes del Nuevo Mundo también tuvieron un nuevo tiempo y un nuevo espacio.

Un nuevo tiempo. Existían más de 133 familias lingüísticas independientes en el Mundus Novus, con sus respectivos valores, costumbres, tradiciones, instituciones, cosmovisiones, culturas. Cultura formal (valores), y cultura material (civilizaciones), ricas y profundas como la olmeca, tolteca, azteca, maya e incaica. Todas en evolución. Las civilizaciones más simples y atrasadas que las europeas, pero eran las suyas. Y la cultura, sus valores, su cosmovisión...; en la moderna antropología se dice que no se puede comparar una cultura formal con otra, porque cada pueblo tiene derecho a tener su propia cosmovisión, sus valores, sus religiones con sus mitologías, que no son mejores, ni peores, sólo distintas. Sí se puede comparar la cultura material: la tecnología, las ciencias, las artes...

Vivían en sus tierras, en sus hogares, en su hábitat, con sus instituciones, su forma peculiar de vida. Eran los dueños, las poseían. Eran libres, se poseían a sí mismos; se realizaban en su ecosistema con sus cuadros de referencia social. Un día, un mes, un año, unos hombres extraños rompen su equilibrio y armonía, al sembrar cruces y espadas en sus tierras y sobre sus espaldas. Otros serán sus dueños, ya no se pertenecen, ni su dignidad, ni sus personas, ni sus vidas. Para ellos supuso la muerte sicológica, primero, física después, o ambas a la vez. Desde los vencidos, la conquista fue un verdadero cataclismo, sinónimo de esclavitud y de muerte.

La civilización y la cultura europea no les ayudaron. Cuando se priva de la libertad, se humilla, y se pisa la dignidad, ningún valor, ni ciencia, ni técnica sirven. Faltó tacto y sensibilidad, además de muchas cosas más; y sobre todo faltó la práctica de una ética de respeto con los indígenas, seres humanos, personas, sin que lo tuviesen que confirmar Las Casas y el Papa Pablo III.

La conquista fue un violento choque de culturas, enfrentamientos y confrontaciones muy desiguales, que devino en dominación, colonización y muerte. Bajo el signo de cruzada y el lema de evangelización, la Corona llevó a cabo la conquista y la colonización con el negocio de esclavos indígenas y africanos, el oro, la plata, piedras preciosas, minerales y las riquezas de las tierras.

Un nuevo espacio, en el que pasaron de dueños a esclavos, de señores a vasallos, de seres humanos a ser cosas. He aquí la tragedia de la conquista, sin hipérboles, ni eufemismos.

Sus tierras no eran res nullius, cosa de nadie, eran de sus pobladores desde hacía siglos, no años; las habían descubierto, cuando eran tierra de nadie, y poseído con plena capacidad legal de dominio y jurisdicción. Todo lo demás fue una farsa legal, inventada por los juristas de la Corona para justificar así lo injustificable ante las demás Coronas europeas. Toda persona de aquella época podía saber que los indígenas eran seres humanos, porque tenían sus civilizaciones, sus religiones, sus valores, sus propias culturas..., y esto nunca lo han tenido los animales.

En los primeros relatos de Colón prevalece lo idílico en la descripción de los indios: tímidos, mansos y dóciles: "muestran tanto amor que darían los corazones".

Después de la usurpación de sus tierras y de las rebeliones respectivas, Mayonabex, amigo del también cacique Guarionex en La Española, dice de los españoles: "son tiranos, que no vienen sino a usurpar las tierras ajenas", y se les describe como "gente salvaje, belicosa". La toma de posesión se convierte en empresa militar de conquista. Se insiste en los aspectos negativos del indígena para justificar su incapacidad de dominio-jurisdicción. Y los indios, profundamente religiosos, tan religiosos que llegaban a ofrendar a sus dioses seres humanos (incas, aztecas) - Las Casas evalúa esto, sin aprobarlo, como signo de profundísima religiosidad - pero se dice de ellos, como se había dicho de los árabes, que son infieles; y, en la mentalidad clerical de la época, se hace ver y creer que los infieles no son sujetos capaces de posesión- dominio-jurisdicción ni de tierras, ni de sus personas. Y llega el Papa que: dona, concede y asigna las nuevas tierras descubiertas a los Reyes Católicos y a los Reyes portugueses.

Los portugueses, con bulas y bendiciones papales, ya que los negros africanos eran paganos y sarracenos, efectuaban cacerías de esclavos en África. El Papa Eugenio IV, 1436, calificó a los africanos como enemigos de Dios, perseguidores de la religión cristiana, sarracenos e infieles. Nicolás V en su bula Romanus Pontifex, 1455, concede a los reyes portugueses facultad plena para invadirlos, conquistarlos, combatirlos, vencerlos y reducirlos a servidumbre perpetua.

Nadie da lo que no tiene, reza un adagio escolástico. El Papa no era dueño ni de África ni del Nuevo Mundo. Esto demuestra todo lo que el Poder puede hacer e inventar, aunque sea totalmente absurdo y falso. Y cómo las élites de poder tejen sutiles redes hechas de fibras religiosas, políticas, mágicas, surrealistas..., todo para alcanzar, defender y justificar sus intereses económicos y de dominio.

Eran Dios en la tierra. Más que Zeus que, en Mecona, se equivocó. Ellos son infalibles en fe y costumbres, cuando hablan ex-cátedra; no sólo en la fe, sino también en las costumbres para atarlo todo bien atado. Se auto perciben, también, como supremos emperadores del mundo entero, ya que el cosmos, mito de la creación, es obra de Dios y ellos son sus representantes plenipotenciarios en la tierra. Por eso dan, conceden y asignan lo que no es de ellos, fenómeno difícil de explicar desde una perspectiva seria jurídica, pero viable desde el factor poder-absoluto que el mito crea. Maquiavelo tuvo buenos maestros. Los Pontífices soñaron su poder en los sueños de los arcaicos, nuestros mitos, porque es obvio que nunca pudieron hablar con su Dios sin alucinógenos, ni con ellos.


 

LA UTOPÍA DE AMÉRICA

 

La empresa americana es un hecho renacentista cargado de esencias morales medievales; prevalecen las categorías sociales medievales, aunque el hecho se da en el Renacimiento.

La defensa de los indígenas, llevada a cabo por los misioneros con la propia legislación de las Indias, es el principal exponente de la utopía americana. Tras la llegada de Colón, el europeo inventa América, desde el punto de vista de la utopía, con el mito del buen salvaje, de que el Paraíso había estado allá, del hombre no degenerado por la civilización y convertido en: avaro, egoísta, cruel, inhumano..., que en la caduca y vieja Europa resultaba inviable.

El Encuentro se da en la caída de la Edad Media y en el amanecer del Renacimiento, en el paso del mundo antiguo al moderno, con un antes y un después, un nuevo tiempo y un nuevo espacio, como ya hemos visto.

El antes, formado por las condiciones materiales e ideológicas, predisponía que el Encuentro ocurriera de manera inevitable, con Colón o sin él. El después, las nuevas gentes, las tierras nuevas, encontradas por error geográfico al buscar las tierras del Gran Khan, de la India y de la Isla de Cipango (Japón), países de las especias, primer objetivo de la expedición.

El nuevo evento histórico conlleva una revolución en todos los campos del saber: geográficos, políticos, jurídicos (derecho internacional o de gentes), teológicos (origen y ascendencia de los indígenas), científicos (nuevo mundo, nuevas especies, civilizaciones y culturas nuevas...)

América al ser encontrada, hecho histórico, es interpretada al proyectar sobre ella los ideales utópicos de Europa y su modernidad, inventándola, creando un nuevo mundo. Hernán Pérez de Oliva, 1528, escribe la Historia de la invención de las Indias, y se refiere a la construcción mental del nuevo continente. Europa, desde su óptica, juega a inventar el mundo de las utopías en América.

La historia de este proceso de implantar la utopía en América se inicia con la bulas de Alejandro VI: el papado, débil y consciente de que él solo no podría llevar a cabo la empresa de evangelización y conversión del indio a la fe cristiana, delega en los monarcas españoles la ejecución de tal misión. Pero la cristianización de los indígenas conlleva para los Reyes otra intención simultánea y paralela: civilizar, que, junto con la anterior, son las que constituyen el ideal utópico de América. Así la utopía que se busca implantar en América entraña dos frentes paralelos y simultáneos: por un lado, hacer llegar a las nuevas tierras la religión cristiana, que se intenta universalizar y, por otro, hacer llegar la civilización occidental. En estos dos frentes se resume todo el ideal de la utopía moderna: el cristianismo y la civilización europea.

Sin embargo y al mismo tiempo hay que tomar en consideración otro elemento: la empresa conquistadora no deja de ser una empresa privada; las expediciones corren a cargo, en su aspecto material, de los mismos expedicionarios y éstos buscan la compensación económica (poseer tierras) y la social (hacerse señores de vasallos) para así justificar su inversión. El indio es considerado como un ser inferior, bárbaro, y se suceden los abusos contra los indígenas, incrementados por la circulación de ciertas leyendas, como la de El Dorado, que prometían riquezas abundantes.

Son, entonces, los teólogos y juristas los que, viendo en el indio un hombre pleno, acometen su defensa en el plano teórico: Las Casas, Vitoria, Domingo de Soto…; y estas teorías de los teólogos y juristas, que abren un capítulo importante en la filosofía política española y en el derecho internacional, son las que van a influir en las Leyes de Indias, que podríamos secuenciar en las siguientes etapas y de las que mencionamos, muy brevemente, sus rasgos distintivos:

1. Etapa de la legislación de Isabel. Se permitía a los colonos explotar el trabajo indígena, pero aun así había una gran preocupación por la cristianización y el buen trato de los indios.

2. Etapa de la regencia de Fernando. Sobre todo, Fernando intenta obtener beneficio económico (oro y perlas) de las Indias, lo cual da lugar a la explotación del indio, que es denunciada por los dominicos.

3. Etapa de las leyes de Burgos (1512). Esta etapa comienza con el sermón de Montesinos y la exposición de las atrocidades que se cometían contra los naturales. Como consecuencia, se convoca una Junta de teólogos y juristas, de la que salen las Leyes de Burgos que, ante todo, son una sanción de los métodos usuales de explotación del indio. No obstante, los dominicos muestran disconformidad con las leyes y comienza la acción de Las Casas que pretende demostrar la insuficiencia de las Leyes de Burgos.

4. Etapa de las leyes nuevas (1542). A partir de las tesis de Francisco de Vitoria, Carlos V convoca la Junta de Valladolid para elaborar unas nuevas leyes. En esta etapa, el rasgo característico es la naturaleza Habsburgo de Carlos V, con toda su dosis de centralismo, que le lleva a no tolerar el feudalismo, lo cual provoca el que se tienda a suavizar la institución de la encomienda, favoreciendo al indio. (24).

 


LA ESCLAVITUD DEL INDÍGENA

 

Según Pedro Mártir de Anglería, existen percepciones antagónicas con relación a la libertad y esclavitud de los aborígenes.

El derecho natural y el pontificio mandan que el linaje humano sea todo libre; el derecho imperial impone la esclavitud...Y Las Casas: "Nada ciertamente es más precioso en las cosas humanas, nada más estimable que la libertad..."

La esclavitud, sin embargo, fue aceptada y legitimada hasta hace muy poco en la cultura occidental. Al enemigo derrotado le quedaban dos alternativas: la muerte o la servidumbre. De ahí que Domingo de Soto concluya: "Esta servidumbre no sólo es lícita sino también fruto de la misericordia". Y, apoyado en Agustín de Hipona, la ve como un fruto del pecado al que sigue el castigo, y una forma de castigo es la servidumbre legal. En el siglo XVI, se consideraba sólo legítima la esclavitud de los paganos, no entre los mismos cristianos.

Los esclavos negros y los indios compartieron la gesta ibérica desde el inicio de la colonización, siendo tres los mundos violentamente encontrados: Europa, África y América.

La esclavitud de los indios se inició, desde el mismo comienzo de la llegada de los españoles a América, con Cristóbal Colón. Puede, sin embargo, hablarse de formas prehispánicas de servidumbre y no sólo bajo la forma de prisioneros de guerra, sino también como rudimentos de comercio de esclavos y de explotación humana. Así lo atestigua la carta escrita por Vasco Núñez de Balboa al rey desde Santa María de Darién, que en un párrafo dice:

(...) "Estos indios que cogen oro lo traen en grano como lo cogen para fundir y lo rescatan con este cacique Dadaive; dáles en precio por rescate indios mancebos y muchachos para comer e indias para que sirvan a sus mujeres (...). Este cacique Dadaive tiene gran fundición de oro en su casa, tiene cien hombres a la continua que le labran oro (...)".

No obstante, esta servidumbre precolombina era más suave para los indios que a la que posteriormente los sometieron los españoles, pues los esclavos del régimen prehispánico podían conservar ciertas posesiones, como una casa, y no estaban obligados a servir continuamente a su señor, sino cuando éste los llamaba; por otra parte, mientras que con los españoles el hijo de una esclava era siempre esclavo, antes de la llegada de éstos, los hijos de las esclavas indias nacían libres.

Con los conquistadores españoles empeoró la situación de los esclavos. Veamos ahora los inicios de la incorporación del indio al régimen occidental de servidumbre: el primer traficante de esclavos fue el mismo Almirante, quien, al ver que el oro que había prometido a los monarcas tardaba en encontrarse, se procuró otros medios para compensar los gastos de la colonización, entre ellos, sobre todo, el de la venta de esclavos indios, cuyo importe se utilizaría para suministrar semillas, ganado y otros medios de subsistencia a los territorios ultramarinos.

En un principio, Isabel la Católica permitió tal actividad, y, en cédula dada el 12 de abril de 1495, autorizó para vender en Andalucía a los primeros esclavos llegados de las Indias. Sin embargo, al día siguiente, salía una orden dirigida al obispo de Badajoz para que se suspendiese la venta hasta que los Reyes hubiesen consultado a teólogos y canonistas sobre la legitimidad de esta acción; en esta orden se dice: "Nos queríamos informarnos de letrados, teólogos y canonistas si con buena conciencia se pueden vender éstos por esclavos o no". Planteada la consulta en una Junta, el 20 de junio de 1500, se promulga una real cédula en la que se condenan las actividades de hacer esclavos y de traficar con ellos, declarándose libres a los indios que hasta entonces se habían vendido en España, ordenándose que los indios habían de ser considerados como vasallos libres de la Corona de Castilla y devueltos a su tierra. Pese a que posteriormente se volvería a los principios de aceptación de una cierta esclavitud al permitirse, (20 de febrero de 1534), el sometimiento de los indios caribes, araucanos y mindanaos, que eran los más salvajes y rebeldes a la dominación española, la postura de la Corona fue casi siempre antiesclavista, manteniendo la tesis de que los habitantes pacíficos de América debían ser considerados como súbditos libres.

Esta actitud fue parte esencial del sistema de gobierno de la monarquía española, en parte por evitar el gran poder que adquirían los poseedores de indios, que atentaba contra la centralización política que se pretendía y, en parte, por acatar el mandato de evangelización efectuado en las bulas pontificias, que considera a los indios como seres racionales. Este problema -la naturaleza del indio y su racionalidad - es la cuestión básica para todo el posterior desarrollo de las teorías sobre cómo tratarlos y si era lícito esclavizarlos; por lo tanto, la respuesta que se dio fue determinante en la actitud de la Corona y en la política que se siguió. Los españoles, y los europeos en general, se preguntaron desde su llegada a América si los indios, con sus costumbres repugnantes y escandalosas para la mentalidad occidental, eran seres racionales, capaces de aceptar la fe cristiana y, en consecuencia, capaces de la civilización. Generalmente, se aceptó su humanidad y su carácter racional, a pesar de las voces de los que mantenían ideas opuestas - como, por ejemplo, Fernández de Oviedo, quien llega a llamarlos perros salvajes. (25)

Desde la Corona, presionados por los religiosos españoles, los más severos e insistentes críticos del triste estado de sus propias colonias, se legisló en favor del indio, pero América estaba muy lejos de España, y los encomenderos hacían caso omiso de las leyes, como denuncia Las Casas. El acato, pero no cumplo se hizo frase famosa con el correr de los tiempos por lo real y verídico.

La encomienda es un derecho concedido por merced real a ciertos conquistadores, por el que un grupo de familias indígenas estaban al servicio de dicho señor, beneficiándose éste de su trabajo y de sus vidas, recibiendo a cambio protección e instrucción religiosa. La encomienda apareció en el inicio de la colonización. Constituyó un sistema de trabajo forzoso institucionalizado. El término encomienda lo utiliza el rey Fernando al autorizar a Diego Colón para que regule el repartimiento de los aborígenes en 1509, pero no sería de carácter vitalicio para distinguirlo de la esclavitud. Con ello se intenta cristianizar a los nativos y obtener de ellos provecho material y económico, pero la encomienda, de hecho, fue una esclavitud disfrazada.

Cuando Cortés solicita permiso a Carlos V para establecer encomiendas en la Nueva España, México, el emperador le dice: "yo os mando que en esa tierra no hagáis, ni consintáis que se hagan Departamentos - encomienda, ni depósitos de indios, sino que los dejéis vivir libremente como nuestros vasallos viven en nuestros reinos de Castilla", y aduce los argumentos de la reducción de los indios en la Española, y otras islas, debido al mal trato y demasiado trabajo al que han sido sometidos.

Cortés le contesta que ha mantenido sus instrucciones reales en secreto y sin implantar, porque los conquistadores están endeudados en extremo, pues han financiado la guerra contra el imperio azteca con sus fondos; y la única manera de seguir la conquista y colonización es permitiéndoles que obtengan ganancias del trabajo y servicio indígena. Y llega a la osadía de querer hacerle ver que la encomienda es una institución benéfica para los mismos indios: "encomendándolos, de la manera que yo los encomiendo, son sacados de cautiverio y puestos en libertad.... porque sus reyes y señores indígenas son crueles y sanguinarios tiranos". Carlos V cede, con la condición de que traten bien a los indígenas, 1526.

El Consejo de Indias impide que se determine la perpetuidad de la encomienda que, por fin, fue eliminada por Felipe V, en 1720.

Fray Toribio de Benavente, Motolinía, escribe la Historia de los indios de la Nueva España, componente de los "Doce", primera misión franciscana que llegó a la Nueva España (México), el 13 de mayo de 1524. Los caciques y señores de México, según Bernal Díaz del Castillo, le pusieron el sobrenombre de Motolinía, que quiere decir el fraile pobre, la antítesis del español conquistador, frecuentemente avaro, violento y deshonesto con los indígenas. Al llegar Cortés y su gente a México encuentran un mundo perfectamente organizado, una gran civilización. La conquista conlleva el derrumbe de esta maravillosa estructura político social, de su cultura. Todo sucumbió ante el fanatismo, ignorancia e intolerancia destructora del invasor. En el Tratado primero, capítulo primero de su libro citado, evocando a Moisés en Egipto, habla de diez plagas:

"Hirió Dios y castigó esta tierra y a los que en ella se hallaron, así naturales como extranjeros, con diez plagas trabajosas.

La primera fue de viruelas... y la trajo un africano herido de viruelas que se comenzaron a pegar a los indios, que nunca la habían tenido, morían como chinches a montones, otros de hambre, debido a la enfermedad. Después un español vino herido de sarampión que también pasó a los indios, muriendo muchos.

La segunda plaga fue los muchos que murieron en la conquista. Dice que murieron más que en Jerusalén, cuando la destruyeron Tito y Vespasiano.

La tercera plaga fue una gran hambre, debido a la guerra, por la falta de maíz.

La cuarta plaga fue de los calpixques, o estancieros, cobradores de tributos de los conquistadores, simples labradores castellanos, que se han enseñoreado de esta tierra y mandan a los señores principales naturales de ella como si fuesen sus esclavos, y nunca otra cosa hacen sino mandar, y por mucho que les den nunca están contentos, doquiera que están todo lo enconan y corrompen, hediondos como carne dañada, y que no se aplican a hacer nada sino a mandar. Son zánganos que comen la miel que labran las pobres abejas, que son los indios.... En los años primeros, eran tan absolutos estos calpixques (cobradores y mayordomos de las granjas) en maltratar a los indios y en cargarlos y enviarlos lejos de su tierra, y darles otros muchos trabajos, que muchos indios murieron por su causa y a sus manos, que es lo peor.

La quinta fue los grandes tributos y servicios que los indios hacían. Por miedo les daban todo cuanto tenían, oro incluido, y el de los templos; pero como los tributos eran cada ochenta días, "para poderlos cumplir vendían los hijos (ennegrecido nuestro) y las tierras a los mercaderes; y faltando de cumplir el tributo, hartos murieron por ello, unos con tormentos y otros en prisiones crueles, porque los trataban bestialmente, y los estimaban en menos que sus bestias".

La sexta plaga fue las minas de oro...; que los esclavos indios que hasta hoy han muerto en ellas no se podrían contar. Y fue el oro de esta tierra como otro becerro por dios adorado, porque desde Castilla le vienen a adorar pasando tantos trabajos y peligros; y ya que lo alcanzan, ruego a Nuestro Señor que no sea para su condenación.

La séptima plaga fue la edificación de la gran ciudad de México. Es la costumbre de esta tierra no la mejor del mundo, porque los indios hacen las obras, y a su costo buscan los materiales, y pagan los pedreros y carpinteros, y, si ellos mismos no traen que comer, ayunan. Todos los materiales traen a cuestas; las vigas y piedras grandes traen arrastrando con sogas, y como les faltaba el ingenio y abundaba la gente, la piedra o viga, que había menester cien hombres, traíanla cuatrocientos. Y tienen por costumbre de ir cantando y dando voces, y los cantos y voces apenas cesaban de noche ni de día por el gran fervor que traían en la edificación del pueblo los primeros años.

La octava plaga fue los esclavos que hicieron para echar en las minas. Fue tanta la prisa que en algunos años dieron en hacer esclavos, que de todas partes entraban en México tan grandes manadas como de ovejas, para echarles el hierro; y no bastaban los que entre los indios llamaban esclavos, que ya que según su ley cruel y bárbara algunos lo sean, pero según ley y verdad casi ninguno es esclavo. Mas por la prisa que daban a los indios para que trajesen esclavos en tributo, tanto número de ochenta en ochenta días, acabados los esclavos, traían los hijos y los macehuales, que es gente baja como vasallos labradores, y cuantos más haber y juntar podían, y traíanlos atemorizados para que dijesen que eran esclavos. Y el examen, que no se hacía con mucho escrúpulo, y el hierro que andaba bien barato, débanles por aquellos rostros tantos letreros, además del principal hierro del rey, tanto que toda la cara traían escrita, porque de cuantos era comprado y vendido llevaban letreros, y por esto esta octava plaga no se tiene por la menor.

La novena plaga fue el servicio de las minas, a las cuales iban de sesenta leguas y más a llevar mantenimientos de los indios, cargados. Y la comida que para sí mismos llevaban, a unos se les acababa en llegando a las minas, a otros en el camino de vuelta antes de su casa, a otros detenían los mineros algunos días para que les ayudasen a batir el oro; o los ocupaban en hacer casas y servirse de ellos, adonde acabada la comida, o se morían allá en las minas, o por el camino; porque dineros no los tenían para comprarla, ni había quien se la diese. Otros volvían tales que luego morían, y de éstos y de los esclavos que murieron en las minas fue tanto el hedor que causó pestilencia, en especial en las minas de Guaxaca, en las cuales media legua a la redonda y mucha parte del camino, apenas se podía pasar sino sobre hombres muertos o sobre huesos. Y eran tantas las aves y cuervos que venían a comer sobre los cuerpos muertos que hacían gran sombra al sol, por lo cual se despoblaron muchos pueblos así del camino como de los de la comarca. Otros indios huían a los montes, y dejaban sus casas y haciendas desamparadas.

La décima plaga fue las divisiones y bandos que hubo entre los españoles en México, con sus respectivos ajusticiamientos y destierros: peleas, riñas, tiros entre los conquistadores, poniendo paz los frailes.

A todos nos agradaría que todo esto fuese un sueño, al máximo una pesadilla, pero nunca una realidad histórica. Que pudiésemos decirle a Motolinía, el fraile pobre, que lo soñó, o que hizo novela y no historiografía...

La política práctica de la conquista con el indígena ha sido de integración: cristianizarlo, castellanizarlo, europeizarlo...; extraerlo de su comunidad y convertirlo en criado doméstico, peón de hacienda, en minero...; en desarraigarlo de sus costumbres, su religión, valores..., creándoles un vacío existencial e imponiéndoles por la fuerza, bestialmente, otra religión, civilización y forma de vida. Se cometió un etnocidio (todos los actos que conducen a la degradación de la cultura indígena). Se trata de una integración, previa la destrucción cultural del indígena. No se practicó una elemental ética de respeto con el indígena y su hábitat. Gravísimo error antropológico.

Los cronistas de Indias: Pedro Mártir de Anglería, clérigo milanés, que escribió la Historia de las Indias en décadas, que llama océanas, 1526; Gonzalo Fernández de Oviedo en su General y real historia de las Indias, 1535 (1a. parte); Francisco López de Gomara, Historia general de las Indias, 1552, y Bernal Díaz del Castillo con su Historia verdadera de la conquista de la Nueva España, 1632, -leyó a López de Gomara pero no estaba de acuerdo con él, de ahí el título de su obra- escribieron la historia de los vencedores y desde su óptica, interpretando y racionalizando la gesta hispana, en este caso, siempre desde el prisma del poder. Son empleados de la Corona, de los conquistadores, de los virreyes y colonizadores, y miembros de la Iglesia, y para ellos trabajan y para ellos escriben. Se dan beneméritas voces indigenistas, defensores de los aborígenes: Montesinos, Bartolomé de las Casas y los padres dominicos de La Española..., que estremecieron con sus voces el sistema de encomiendas y el maltrato dispensado a los indígenas por los conquistadores, primero, y por los colonizadores, después.

La brevísima relación de la destrucción de las Indias de Bartolomé de Las Casas es la crítica más representativa contra los conquistadores y colonizadores españoles, al ser terriblemente crueles con los indígenas, a los que maltrataron e hicieron trabajar, llenos de codicia, hasta conseguir el exterminio de grandes masas de la población.


 

EL SERMÓN DE MONTESINOS

 

Pronto empiezan las denuncias contra la actividad de los encomenderos y de los colonizadores en general, que serán trasladas a España y darán pie a la toma de medidas legislativas al respecto. Este proceso se inicia, todavía en suelo americano, con el sermón de Montesinos –que recoge no sólo la postura particular de este fraile sino la de los dominicos y defensores del indígena en su totalidad –, y que es el detonante para que la polémica sea llevada a la Corte.

Ocurrió así: en diciembre de 1511, un domingo antes de Navidad, el dominico fray Antonio de Montesinos predicó en La Española un sermón, comentando el texto bíblico: Ego, vox clamantis in deserto (Yo, voz que clama en el desierto), en el que, ante el gobernador Diego Colón, los oficiales reales y los colonizadores que asistían a la misa dominical, protestó públicamente contra el comportamiento de sus compatriotas españoles con relación a los indígenas. El texto del sermón dice así:

Para os los dar a conocer (los pecados contra los indígenas) me he subido aquí, yo que soy voz de Cristo en el desierto de esta isla, y, por tanto, conviene que con atención, no cualquiera sino con todo vuestro corazón y con todos vuestros sentidos, la oigáis; la cual vos os será la más nueva que nunca oísteis; la más áspera y dura y más espantable y peligrosa que jamás no pensasteis oír...

Esta voz dice que todos estáis en pecado mortal y en él vivís y morís, por la crueldad y tiranía que usáis con estas inocentes gentes. Decid, ¿con qué derecho y con qué justicia tenéis en tan cruel y horrible servidumbre a estos indios?, ¿con qué autoridad habéis hecho tan detestables guerras a estas gentes, que estaban en sus tierras mansas y pacíficas, donde tan infinitas de ellas, con muertes y estragos nunca oídos, habéis consumido? ¿Cómo los tenéis tan opresos y fatigados, sin darles de comer ni curarlos de sus enfermedades, que de los excesivos trabajos que les dais incurren y se os mueren y, por mejor decir, los matáis por sacar y adquirir oro cada día?, ¿qué cuidado tenéis, cuando tenéis quien los doctrine, y conozcan a su Dios y Creador, sean bautizados, oigan misa, guarden las fiestas y los domingos? Éstos, ¿no son hombres? ¿No tienen ánimas racionales?, ¿no sois obligados a amarlos como a vosotros mismos? ¿Esto no entendéis, esto no sentís?, ¿cómo estáis en tanta profundidad de sueño tan letárgico dormidos? Tened por cierto que, en el estado en que estáis, no os podéis más salvar que los moros o turcos que carecen y no quieren la fe de Jesucristo.

Este apasionado sermón provocó la reacción de los españoles que, a la salida de misa, se concentraron delante de la casa del gobernador Diego Colón para protestar contra aquella declaración que, según ellos, cuestionaba la autoridad de los monarcas españoles. El vicario fray Pedro de Córdoba intentó acallarlos, diciendo que las opiniones expresadas por Montesinos eran las de toda la congregación dominica en La Española, de las que éste había sido sólo el portavoz; no obstante, prometió que, al domingo siguiente, Montesinos volvería a tratar el mismo tema en su sermón, con lo cual los colonizadores pensaron que se retractaría y pediría excusas. Lejos de esto, el próximo sermón de Montesinos fue todavía más tajante, reafirmándose en todo lo ya dicho y amenazándolos con negarles la confesión y la absolución si persistían en su postura de infligir malos tratos a los indios, diciéndoles que podían dar cuenta de todo esto a las autoridades españolas. Comienza así la llamada lucha por la justicia en América.

La reacción que provocó en España fue doble: por una parte, el provincial de los dominicos en España, fray Alonso, condenó la actitud de los dominicos de La Española, acusándola de estar inspirada por el demonio, ya que, por donación pontificia, los reyes españoles tenían iure belli (por derecho de guerra) dominio sobre aquellas islas, y los amenazó con excomulgarlos si continuaban manteniendo esta postura. Por otra parte, el rey Fernando escribió a Diego Colón, considerando que los repartimientos eran lícitos según el derecho humano y divino, pidiéndole que persuadiera a Montesinos para que se retractara, y que, en caso de que no lo hiciera, lo enviara a España para ser castigado. Esta orden la recibió el gobernador el día 20 de marzo de 1512, haciéndose la amonestación el día 23 del mismo mes (26).

Pese a todo, el sermón de Montesinos fue el detonante para que se planteara en términos filosóficos y morales el problema de la esclavitud de los indios, e influiría en la formulación del pensamiento español y acarrearía, además, diversas acciones, como fue la convocatoria de la Junta de la que saldrían las Leyes de Burgos.


 

LA BESTIALIDAD INDÍGENA

 

Los pueblos indígenas se preguntaban si los españoles eran humanos o divinos. Moctezuma los tenía por dioses, por eso vaciló en defenderse con fatales consecuencias. Los indígenas peruanos los llamaron divinos por considerarlos hijos del Cielo.

Los araucanos, según Alonso de Ercilla, los tenían por dioses también, lo que facilitó las primeras victorias de los españoles.

Y los taínos, en Boriquén, ahogan a Salcedo para descubrir que los españoles son mortales, y después encontraron que también eran muy avaros, además de crueles.

Los españoles se cuestionaban, al contrario, la humanidad o bestialidad de los indígenas: "estos indios son como animales que hablan", "hombrecillos, apenas hombres", "carentes de humanidad", "animales irracionales", "incapaces de nuestra religión", "gente bestial, sin juicio ni entendimiento, llenos de vicios y abominaciones", "dotados de una racionalidad inferior". "Todos son bestiales e incapaces y así viven y mueren bestialmente", antropófagos algunos, sodomitas otros, etc., etc.; todo para deducir que no se pueden autogobernar y que necesitan regímenes de trabajo obligatorio, esclavitud, y encomiendas.

Las Casas, otros teólogos, canonistas y el Papa Pablo III reconocen la plena humanidad del indígena e insisten en el respeto a su libertad íntegra individual y colectiva. "Nos..., considerando que los mismos indios son verdaderos hombres..., decretamos y declaramos con nuestra autoridad apostólica que los referidos indios..., aunque se encuentran fuera de la fe de Cristo, no han de estar privados de su libertad...ni deben ser reducidos a servidumbre...", Papa Pablo III, 1537.

Los conquistadores y los frailes son totalmente intolerantes en aceptar la diversidad religiosa. Las religiones de los aborígenes, para los católicos hispanos, son falsas, productos del diablo, que conllevan infidelidad e idolatría, adoración a falsos dioses. La única verdadera y legítima es la católica ortodoxa, desde Ramón Pané, en el inicio de la conquista, hasta Gerónimo de Mendieta. Pané identifica los cemíes de los taínos con demonios, en lo que coincide Pedro Mártir de Anglería.

La tesis de Mártir de Anglería no sorprende a ninguno de sus lectores, pero sí cuando también Las Casas comparara la visión de la religiosidad taína con el engaño diabólico.

"(Los arahuacos) no tenían ídolos, sino raros, y éstos no para los adorar por dioses, sino por imaginación que les ponían ciertos sacerdotes, y a aquéllos el diablo...No hacían ceremonias exteriores, ni sensibles, sino muy pocas, y éstas se ejercitaban por aquellos sacerdotes que ponía por sus ministros el demonio...", Las Casas.

En otro pasaje de la Apologética historia sumaria, Las Casas desarrolla una visión más compleja de la idolatría, la cual contiene tres momentos:

1. procede de un impulso a conocer y venerar a Dios, inherente al ser humano (la inclinación natural a la latría).

2. dicho apetito por la divinidad se distorsiona por la acción perversa de los demonios (convirtiéndose en idolatría).

3. esta parodia de la auténtica adoración se arraiga por medio de la costumbre.

En otra sección, Las Casas hace un apunte teológicamente interesante: que los nativos americanos tenían cognoscimiento particular del verdadero Dios, sin aclarar cómo lo habían obtenido. "Y a él acudían con sus sacrificios, culto y veneración... pero, el capital enemigo de los hombres, Satanás, en vínculo fatal con la abundancia de los pecados y la falta de una continuidad doctrinal, los condujo por los caminos errados que el demonio les mostraba..." No puede Las Casas liberarse de su ortodoxa visión católica y, en última instancia, considera la idolatría como "plaga universal del linaje humano", a sus ritos y ceremonias tilda de "heces" y a sus mitos les llama "ficciones y patrañas".

La idolatría debe eliminarse totalmente, en eso concuerda con sus otros colegas misioneros, pero exclusivamente mediante la predicación persuasiva y razonable y el ejemplo paciente de genuina vida cristiana, excluyendo la violencia. (27).

Felipe II, respaldado por el Santo Oficio (La Inquisición), prohibió que se escribiese sobre la cultura indígena, 1577. Los mitos cristiano-católicos son utilizados como válidos y eficientes instrumentos políticos en el Encuentro de los tres Mundos.

Lo político y religioso se mezclan, hasta se confunden, en esta guerra santa y cruzada del Nuevo Mundo, y en su utopía.


 

HOLOCAUSTO INDÍGENA

 

"Las estadísticas demográficas pierden su frialdad habitual y se tornan pavorosas en la América indígena del siglo dieciséis. De acuerdo con Sherburne Cook y Woodrow Borah, la población indígena mexicana se redujo de aproximadamente 25.200.000 (veinticinco millones doscientos mil) en 1518, a 1.370.000 (un millón trescientos setenta mil) en 1595. Noble David Cook calcula que el número de habitantes nativos del Perú descendió de 9.000.000 (nueve millones) en 1520, a 1.300,000 (un millón trescientos mil) en 1570. Mellafe sostiene que a la llegada de los castellanos a La Española, 1592, habría cerca de 100.000 nativos; en 1570, apenas llegaban a 500. En San Juan, en el 1538 apenas si quedaban aborígenes. En un intento por salvar a los indígenas antillanos, verdadera especie en extinción, la Corona emite, como parte de las Leyes Nuevas de 1542, la orden de que se les exima de pagar tributo y se garantice su buen trato:

"Es nuestra voluntad y mandamos que los indios que al presente son vivos en las islas de San Juan y Cuba y la Española, por agora y el tiempo que fuere nuestra voluntad no sean molestados con tributos ni otros servicios reales ni personales ni mixtos más de como lo son los españoles que en las dichas islas residen y se dejen holgar, para que mejor puedan multiplicar y ser instruidos en las cosas de nuestra santa fe católica..." (28).

Resulta un esfuerzo inútil y tardío. Con mayor tino, Oviedo apunta a la cercana extinción de los aborígenes caribeños: "Poco hay que hacer en esta isla (La Española) y en las de Sanct Juan, é Cuba, é Jamáyca, que lo mismo ha acaescido en ellas, en la muerte e acabamiento de los indios..." No es algo que le perturbe mucho la conciencia ni le quite el sueño. Los indígenas de Puerto Rico, Santo Domingo y Cuba pasaron a ser curiosidades etnológicas del pasado, piezas de museo. Correctamente enuncia Zavala el infortunado resultado: "La teoría y las leyes protectoras llegaron tarde para socorrer a los indios de las Antillas. El choque de la raza española con la indígena aniquiló ésta...Lo tristemente irónico es que tales "teoría(s) y las leyes protectoras surgieron justamente como protesta ante la inclemente condición de los nativos de las ínsulas caribeñas".

El eminente historiador de la cultura latinoamericana, Pedro Henríquez Ureña, ha descrito este descenso poblacional drástico como tragedia étnica. El historiador cubano Fernando Ortiz lo califica de democidio. Efrén Córdova habla de un proceso de genocidio no deliberadamente deseado, pero increíblemente efectivo... El teólogo peruano Gustavo Gutiérrez lo llama colapso demográfico. Nicolás Sánchez Albornoz habla de desastre demográfico. El profesor británico R. A. Zambardino lo cataloga como una de las mayores catástrofes demográficas conocidas. Aún más categóricamente, el científico norteamericano William M. Denevan afirma: El descubrimiento de América fue seguido por el posiblemente mayor desastre demográfico en la historia. (29).


 

LA CRUZ Y LA ESPADA

 

"La ligazón ente ambas se muestra ejemplarmente en el relato que los mayas chontales hacen de la ejecución de Cuauhtémoc. Los españoles se convencen de que su sometimiento es fingido y que planea una revuelta armada. Deciden, por lo tanto, darle muerte. Pero antes de hacerlo, toman la precaución religiosa de bautizar al monarca azteca. De esta manera, el sacramento cristiano se une a la violencia conquistadora. Se mata el cuerpo del caudillo al mismo tiempo que se intenta redimir su alma. Al rey Inca, Atahualpa, también se le bautiza antes de ejecutársele; en su caso, el sacramente sirve para moderarle el suplicio, de la hoguera al garrote. Tras su ejecución es enterrado como cristiano, con las ceremonias litúrgicas apropiadas (el Gobernador, con los otros españoles, lo llevaron a enterrar a la iglesia con mucha solemnidad, con toda la más honra que le pudo hacer).

El bautismo sirve de irónico intercambio: la salvación eterna del alma a cambio de la muerte temporal del cuerpo. En el caso de Atahualpa se une la adoración a Mamón: como rescate inútil de su vida, el monarca indígena entrega a Francisco Pizarro una enorme cantidad de oro, trágico anticipo de las riquezas que podrán adquirir los españoles si doblegan y avasallan a los nativos". (30).

Atahualpa y los suyos fueron atrapados sorpresivamente, tras haber rehusado el monarca la exhortación a aceptar la fe cristiana hecha por el fraile Vicente de Valverde. Según un relato quechua:

"Entra...fray Vicente en la mano derecha una cruz y en la izquierda el breviario. Y le dice al dicho Atahualpa Inca que también él es embajador y mensajero de otro señor, muy grande,

amigo de Dios, que fuese su amigo y que adorase la cruz y creyese en el evangelio de Dios y que no adorase nada, que todo lo demás era cosa de burla. Responde Atahualpa Inca y dice que no tiene que adorar a nadie, sino al sol que nunca muere...y a dioses (que) también tienen su ley: aquello guardaba...Fray Vicente dio voces y dijo: ¡Aquí, caballeros, contra estos indios gentiles, que son contra nuestra fe! Y don Francisco Pizarro y don Diego de Almagro, de la suya, dieron voces y dijeron: Salgan, caballeros, contra estos infieles, que son contra nuestra cristiandad..."

El cronista español de la conquista del Perú y secretario personal de Francisco Pizarro, Francisco de Jerez, relata esta escena de forma diferente en sus detalles: admite sin embargo, que la orden de atacar a Atahualpa y a sus guerreros se dio después que Valverde le comunica a Pizarro que el cacique inca había echado por tierra la sagrada Escritura. Al grito mesiánico de Santiago, la caballería y artillería castellanas atacan sorpresivamente y logran ahuyentar y matar a muchos guerreros y aprisionar al monarca indígena.

Pizarro, entonces, le explica la causa providencial y religiosa de su victoria:

"Venimos a conquistar esta tierra, porque todos vengáis en conocimiento de Dios y de su santa fe católica..., y porque lo conozcáis y salgáis de la bestialidad y vida diabólica en que vivís...

Y si tú fuiste preso, y tu gente desbaratada y muerta, fue porque... echaste en tierra el libro donde estaban las palabras de Dios, y por esto permitió nuestro señor que fuese abajada tu soberbia, y que ningún indio pudiese ofender a ningún cristiano".

El que porta la cruz se transforma en legitimador del que usa la espada; el requerimiento a la conversión, en sentencia de muerte.

Alonso de Ercilla relata, en su famoso poema épico La Araucana (1569-1589), la conversión y suplicio final de Caupolicán, último de los grandes caudillos araucanos sublevados contra España. Su súbita aceptación de la fe católica, tras ser derrotado y arrestado, causa enorme alegría entre los españoles, quienes, tras instruirle en su nueva religión, bautizarle y celebrar su conversión, proceden, no obstante, a ejecutarle de manera atroz: empalado y asaeteado.

"Pero mudóle Dios en un momento

obrando en él su poderosa mano,

pues con lumbre de fe y conocimiento

se quiso bautizar y ser cristiano;

causó lástima y junto gran contento

al circundante pueblo castellano,

con grande admiración de todas gentes

y espanto de los bárbaros presentes.

Luego, aquel triste, aunque felice día

que con solemnidad le bautizaron

y en lo que el tiempo escaso permitía

en la fe verdadera le informaron,

cercado de una gruesa compañía

de bien armada gente le sacaron

a padecer la muerte consentida

con esperanza ya de mejor vida."

"Por otro lado, la pugna entre la cruz (frailes y eclesiásticos defensores de los indios) y la espada (conquistadores y colonizadores) constituye uno de los capítulos más interesantes en la larga y laberíntica relación entre la Iglesia y el Estado, el poder espiritual y el terrenal, el señorío y el sacerdocio. Fueron múltiples las ocasiones en que los evangelizadores trataron de redimir el alma del americano nativo sin recurrir al encadenamiento de su cuerpo". (31).

Max Planck, físico célebre por su descubrimiento de la revolucionaria teoría cuántica, Premio Nobel, en su Autobiografía científica, expone: Una nueva verdad científica no triunfa porque se convenza a sus oponentes y se les haga ver la luz, sino porque éstos acaban muriendo y nace una nueva generación que está familiarizada con ella.

Los árboles, a veces, nos impiden ver el bosque.


 

EL INCONSCIENTE COLECTIVO

 

"La masa no se emancipa nunca de los mitos", Jung. (32).El conjunto de imágenes extrañas, con las que se expresan las mitologías de todos los pueblos y épocas, forma lo inconsciente colectivo, heredado en potencia por todo individuo. La base creadora es, por doquiera, la misma psique humana y el mismo cerebro humano que, con variaciones relativamente mínimas, funciona de idéntico modo en todas partes, nos revela Jung. Freud habla del incesto como conflicto individual y raíz esencial del formidable mito: La leyenda de Edipo. La madre es capaz de inspirar al hijo una pasión tan devoradora como inconsciente, que podría trastocar trágicamente su vida. Ayer y hoy Edipo sigue viviendo y parece ser, afirma Jung, que entre los conflictos elementales humanos existe una identidad que está más allá del tiempo y del espacio; un vínculo de indisoluble comunidad nos une con el hombre arcaico; el problema de Edipo es inmortal. Las imágenes oníricas persisten y han de entenderse simbólicamente. En Egipto y Caldea hubo oniromancia (adivinar el porvenir por medio de los sueños). José interpreta los sueños del Faraón, Daniel los de Nabucodonosor. En todas las épocas y pueblos trascendentes y proféticos, se habla de sueños, de guerras y calamidades, de paz y prosperidad, que los dioses envían a los humanos. En medio de imágenes abundantes y contradictorias aparentemente, existe un claro sentido en cada sueño, pero hay que interpretarlo. Los sueños son simbólicos, pensamos en palabras, que son símbolos, y en imágenes. El lenguaje es producido por el pensamiento y produce pensamiento.

El pensamiento dirigido, o pensamiento verbal, es el instrumento de la cultura que proporcionó la capacidad de adaptación del ser humano a su medio y creó la ciencia y técnicas modernas.

Los arcaicos, que sentían veneración por el cosmos divino, y que poseían elevados conocimientos en matemáticas, materia mecánica, e incomparables destrezas artísticas, no sintieron la necesidad de pasar a la técnica mecánica, a los principios de máquinas sencillas, al cambio de la materia inanimada para producir y reproducir artificialmente sus procesos naturales, crear máquinas, en una palabra. La mano barata de los esclavos y su tendencia a la veneración del cosmos divino, ritos cósmicos, se lo impidieron. No estaban entrenados en el pensamiento dirigido, sí en el asociativo o reproductivo, y no pudieron pasar del diletantismo a la técnica actual de máquinas; jugaban con imágenes y sentimientos; la imagen sigue a la imagen, el sentimiento al sentimiento, es el soñar. El sueño libera tendencias, es terapéutico, y mantiene activa la psique mientras dormimos. El pensamiento dirigido usa la lingüística en un intento de adquirir, adaptar y transformar la realidad; es productivo. El pensamiento asociativo, el sueño, se aparta de la realidad, es refractario a toda adaptación, libera tendencias subjetivas, es improductivo; y está dirigido por motivos inconscientes.

La escolástica, según Jung, "que si bien extraía sus temas de las fantasías del pasado, sometía el espíritu a la disciplina dialéctica del pensamiento dirigido. El único éxito que aguardaba al pensador era el triunfo retórico en la controversia y no una transformación visible de la realidad".

Sus temas eran realmente fantásticos - si los ángeles orinan o no, de que habla Tomás de Aquino, y cuántos ángeles caben en la punta de un alfiler..., y el problema metafísico del conocimiento de lo incognoscible (de la divinidad) - pero con su disciplina dialéctica influyó en el espíritu científico moderno, aunque dotó a la palabra, símbolo del lenguaje, de un significado absoluto, equivalente a la que los arcaicos, sólo mediante una valoración mítica, habían dado a sus logos. La escolástica estableció las bases de la sublimación intelectual, condición indispensable del espíritu científico y de la técnica moderna, según Jung. "No somos más inteligentes y enérgicos que los antiguos, es el acervo de nuestro saber lo que ha cambiado, no nuestra inteligencia; se ha enriquecido nuestro saber, mas no nuestra sabiduría. Toda la energía y el interés que el hombre moderno invierte en la ciencia y en la técnica, consagrábala el antiguo a su mitología".

La actividad del espíritu del hombre arcaico obraba por antonomasia artísticamente; más que lo real, era el cómo del mundo real lo que les importaba, adaptarlo estéticamente a fantasías y esperanzas subjetivas; algo parecido a lo que hace el cristianismo. No les interesaba la idea de infinitud de Giordano Bruno, ni los descubrimientos de Kepler y su impacto en la humanidad moderna.

El pensamiento arcaico se contentaba con ver al sol como el gran padre del mundo y del cielo, y a la luna como madre fecunda.

Todo es antropomórfico, o teriomórfico (33), hombre o animal. Todo correspondía a fantasías subjetivas, como lo hace el pensamiento del niño. Ellos, los arcaicos, le ponían alas o pies al sol; los niños animan, les dan vida a sus juguetes; ambos viven en un mundo de fantasías, maravilloso. El pensamiento del niño es muy similar al mitológico, de tipo arcaico. También en sicología la ontogénesis corresponde a la filogénesis: el pensamiento infantil y el sueño son repeticiones de anteriores etapas de desarrollo; en sueños se rehace la tarea de la humanidad primitiva. El mito es un pariente del sueño. Los mitos podrían corresponder a residuos desfigurados de fantasías deseosas de pueblos enteros, a sueños seculares de la primitiva humanidad. Por eso se ha calificado al mito como sueño colectivo de un pueblo. El mito sería un vestigio de la vida anímica infantil del pueblo, y el sueño es el mito del individuo. Por lo tanto, se podría deducir, según Jung, que la época que creó los mitos pensaba de la misma manera que hoy lo hace el sueño.

Por eso son pocos los individuos que logran desembarazarse de los mitos. La masa no se emancipa nunca de ellos; el instinto del mito siempre perdura aletargado, que reviven y explotan los líderes religiosos. El conocimiento desmitificador pocos lo alcanzan. No olvidemos que en la antigüedad la fantasía era una verdad legítima y universalmente reconocida. Lo que hoy tenemos en el fondo de la fantasía, estuvo a plena luz antaño. Parece ser que el mito está emparentado con los productos de lo inconsciente.

Cuando el niño se emancipa de la familia, transforma el amor intenso que sentía por su padre en forma superior del padre, la autoridad, los padres de la Iglesia, y el dios-padre; y de la madre, a la Virgen y vírgenes, con sus ritos y sus cultos. El arquetipo es una estructura psíquica, inconsciente en sí, pero que posee realidad independiente de la actitud de la conciencia.

La imago paterna se proyecta sobre la divinidad, sobre Dios. Dios es padre, el tema central del Nuevo Testamento. Los puertorriqueños dicen con naturalidad: "Si así lo quiere papa Dios", no papá, sino papa. Por lo tanto, la divinidad-padre representa una proyección sicológica. Las categorías humanas, incluso las teologías escolásticas, no sirven para definir lo divino, que como el agua se escapa de la canasta de mimbre. Y las relaciones no tienen que ser necesariamente de padre-hijo; de creador creado; de causa primera y efecto; de ente necesario y ente contingente; de acto puro y potencia...Cuando de la realidad divina se trata, es pobre el intelecto humano y vacía la semántica. Dios no tiene sexo para ser padre ni madre. No necesita sirvientes ni esclavos, porque no puede ser un tirano o jefe. No podemos hablar de Dios sin proyectar categorías antropomórficas, teriomórficas, o cósmicas, relaciones interpersonales o con el ecosistema; toda la teología es una proyección psicológica y quidquid recipitur ad modum recipientis recipitur (lo que se capta se adapta a la capacidad y modo del que lo recibe), dice un adagio escolástico; el ser humano es la medida, ya lo había dicho Protágoras.

Se llegó a pensar que la máxima consagración religiosa era la unión sexual con ese dios, y que el semen constituía la esencia y la fuerza del dios. El falo llegó a ser un símbolo sagrado digno de culto. Quetzalcóatl, Mesoamérica, crea al hombre de las cenizas de huesos fecundados por su semen.

En la teología católica, se habla de desposorios místicos, sublimados, pero desposorios. Los impulsos de poder, erotismo y sexualidad invaden la vida humana, los antiguos los captaban con naturalidad y los proyectaban en lo sacro. En los primeros siglos de nuestra era, según Jung, la descomposición moral provocó una reacción moral incubada en las tinieblas de las clases más bajas del pueblo, la cual se expresó, del modo más puro en los siglos II y III, en las dos religiones antagónicas: el cristianismo, por una parte, y el mitraísmo, por la otra. Estas religiones aspiraban, precisamente, a una forma de comunidad más elevada, bajo el signo de una idea (logos) proyectada (hecha carne), con lo cual, podían utilizarse para la conservación de la sociedad todas aquellas fuerzas instintivas más poderosas del hombre, que antes lo lanzaban de una pasión a otra, y que los antiguos atribuían a la influencia de astros malignos o al hado.

Nietzsche habla de la moral de resentimiento, originada en el pueblo bajo, en lo que ambos coinciden.

En general, el sentido de los misterios consistía en sustraerse a la coacción de los astros, utilizando poder mágico. La plegaria servía para deshacer los inextricables nudos de los hados, mitigar las tempestades del destino y entorpecer los fatales cursos de los astros. La fuerza del destino se hace intolerable cuando va en contra de nuestra voluntad; por eso nos enseñan a someternos a la voluntad de la Moira, hado, o destino, que supera incluso a los dioses. Hasta los héroes responden al destino en la mentalidad arcaica. Ya estaba predicha y predeterminada la venida del Mesías en el mundo judío, por ejemplo, que llegó ya para los cristianos, pero no para ellos.

La religión, como poder mágico, intenta eliminar los golpes del destino y soslayarlos, de ser posible; poder mágico, pero poder. La finalidad y sentido del cristianismo y del mitraísmo están claros: "el sojuzgamiento moral de los impulsos animales que se catalogan de malos y pecaminosos. Y se obliga a confesar los pecados unos a otros." (Epístola de Santiago 5,16). Así, afirma Jung, se impide eficazmente que éstos caigan en el inconsciente y mantienen viva la conciencia de los conflictos de conciencia.

El Redentor será el terapeuta sobre quien transferimos los conflictos de conciencia, "llevó nuestros pecados en su cuerpo sobre el madero", Pedro 2,24. Se evita así que la represión y el olvido del pecado sean más torturadores y traumáticos. Se alivia la carga traspasándola al dios que tiene todas las soluciones. La figura divina es una imagen síquica, un complejo de representaciones de naturaleza arquetípica, que la fe identifica con un ente metafísico. La labor de la educación cristiana debilitó el instinto animal, propugnó el apartamiento de este mundo y la preparación para el más allá. Es como una especie de castración.

El símbolo es como una resistencia al instinto, ya que los instintos desordenados llevarían al ser humano a su perdición si el símbolo no les diera forma. La formación de símbolos, religiosos incluidos, tiene que ver con los procesos instintivos.

El mito religioso es una de las mayores creaciones de la humanidad. Procura a los hombres seguridad y fuerza para no ser agobiados por lo enorme del universo. Los símbolos, considerados desde el punto del realismo, no constituyen verdades exteriores. Son psicológicamente verdaderos, pues sirvieron y sirven de puente que conduce a todas las grandes conquistas de la humanidad. La verdad psicológica no implica necesariamente la metafísica. Los símbolos transforman la libido, además de actuar sugestiva y convincentemente. Producen fe, esa fe que puede venir de la vivencia, pero normalmente proviene de la autoridad de la tradición que suele producir indolencia espiritual, cómoda inercia, y que genera retroceso cultural, además de una deteriorada infantilización del creyente en su fe. (34).

El padre personifica la ley que pone coto al instinto; contra el hijo surge la ley paterna posible, el incesto. Y el padre, en cuanto ley moral, es en el hijo un factor psíquico objetivo y subjetivo. Y como lo mejor es enemigo de lo bueno, toda innovación radical constituye una infracción del viejo derecho tradicional, que puede constituirse en un crimen que acarrea la muerte. Esta puede ser la sicología de los comienzos del cristianismo en su polémica con la ley judaica. Indudablemente, a los ojos de los judíos, Jesús viola el derecho. No sin razón es el segundo Adán. Así como el primer Adán hizo posible la conciencia gracias a su pecado, o sea gracias a haber comido del árbol, así también el segundo Adán estableció la necesaria relación con un dios fundamentalmente diferente. (35).

Para expiar el pecado de Adán, se cuelga una víctima cruenta en el árbol de la vida. El colgamiento de las víctimas en árboles era una costumbre ritual muy extendida, por ejemplo, en la mitología germánica. En algunos casos, el rito prescribe que la víctima sea atravesada por una lanza.

De Odín se afirma:

"Sé que colgué del árbol, sacudido por el viento, nueve noches seguidas, atravesado por la lanza, consagrado a Odín, yo mismo a mí mismo".

La cruz es, ante todo, árbol de la vida y, por tal razón, símbolo materno. El mito del héroe exige una concepción y nacimiento muy diferentes a los naturales y normales. Será el viento fecundador, o la estrella caída, o el ángel asexuado.

En el nacimiento milagroso de Buda, la reina Maya soñó que:

"Una estrella del cielo, de seis puntas, espléndida y brillante como una perla tornasolada, y cuyo signo era el elefante de seis colmillos blancos como leche de kamadhuk, se precipitaba por el vacío, penetrando en su útero por la derecha e iluminando todo su ser". "Por tierras y mares soplaba un viento de desconocida frescura". Símbolo teriomórfico, el elefante que engendra a Buda.

En el caso de Jesús, el de María, el símbolo teriomórfico es el ángel y la paloma

El héroe no llega al mundo como un mortal común. Tiene dos madres, una la real, la otra la simbólica que es semi divina o extraordinaria. El primer nacimiento lo hace hombre, el segundo, semidiós inmortal, o dios. Mueren y vuelven a nacer. Cristo será el sol místico. Su nacimiento y concepción serían virginales, murió y, para los creyentes, resucitó.

Hasta no hace mucho, aun la gente con grandes conocimientos creía en agentes síquicos, capaces de influir en nuestro entendimiento y en nuestras vidas: magos, brujas, espíritus, demonios, ángeles y hasta dioses. Al magnífico desarrollo científico y técnico, por un lado, corresponde, por otro, una aterradora falta de sabiduría e introspección. Es verdad que nuestras doctrinas religiosas hablan de un alma inmortal; pero son muy contadas sus palabras amables para con la psique humana real que, si no mediase la gracia divina - según la teología católica - iría a la perdición eterna. Siempre se ha expresado en los mitos la coexistencia de lo masculino y lo femenino en el mismo cuerpo, por eso se habló del ánima o alma. La verdadera historia del espíritu, según Jung en Sicología y religión, no se conserva en los libros doctos, sino en el organismo vivo, anímico, de cada individuo.

Nuestra psique es muy compleja y desconocida aun hoy, en el 2011, somos sujetos y objetos de nuestra psique al mismo tiempo, y no poseemos un punto de Arquímedes para percibirnos desde afuera, y no nos es posible distinguir a la psique de sus manifestaciones.

Los temas arquetípicos, imágenes primarias, provienen probablemente - según Jung - de aquellas creaciones del espíritu humano transmisibles, no sólo por tradición y migración, sino también por herencia. Y que esas imágenes primarias, arquetipos, poseen invariablemente un carácter colectivo, que es común a pueblos enteros o por lo menos a épocas determinadas, producidas por la condensación de innumerables procesos semejantes entre sí.

Podría ser como el sistema axial de un cristal que predetermina la formación cristalina en el agua madre, sin poseer él mismo existencia material. El sistema axial determina la forma concreta del cristal.

"El supuesto de la existencia de dioses o demonios invisibles constituye una formulación de lo inconsciente sicológicamente adecuado, aun cuando se trata de una proyección antropomórfica", Jung, Sicología y religión.

La relación entre tipo y tiempo es indiferente. La vida de Cristo, por ejemplo, es en alto grado arquetípica, en igual medida representa la vida del arquetipo. Pero como el arquetipo constituye el supuesto inconsciente de toda vida humana, su vida evidente revela la vida fundamental, secreta e inconsciente de todo individuo, o sea, que lo que acontece en la vida de Cristo se da siempre y por todas partes.

Cristo es el tipo del dios que muere y se transfigura. Pero la muerte de Dios no es un símbolo exclusivo cristiano; en la antigüedad se celebraba la búsqueda de Core, y en el presente se repite la búsqueda que sigue a su muerte cuando fallece un Dalai- Lama. Cuando se ha perdido el valor que se piensa como máximo, que da vida y sentido, surge la búsqueda. Esa muerte o pérdida tiene que repetirse de continuo; comparada nuestra ligazón con el tiempo, la vida síquica del arquetipo es intemporal.


 

AFORISMOS JUNGUIANOS

 

Todas las aserciones religiosas son irracionales. Cuando se deja una forma de adaptación, debe haber otra que la reemplace so pena de regresar a la barbarie; la moral transcendente debe ser sustituida por una inmanente. (Una ética de respeto al mundo, al yo y a los demás, añadimos).

El arquetipo, elemento estructural de la psique, es la base del símbolo que actúa sugestiva y convincentemente en virtud de la propia energía específica del arquetipo, y es productor de fe que termina por apoyarse en la autoridad de la tradición con el peligro de inercia cómoda y sin ideas, que desemboca en un retroceso de la cultura y constituye una regresión síquica a la niñez. El símbolo, convertido en dogma, pierde energía y se vacía de contenido vital.

Los símbolos funcionan como transformadores, puesto que transfieren la libido de una forma inferior a una superior. El sentimiento le atribuye a esta función los máximos valores.

Los guardianes de la verdad simbólica, las religiones, han perdido eficacia ante la ciencia. La patente inverosimilitud de la verdad simbólica es lo que impide creer en ella, porque habla más al sentimiento que al entendimiento. La humanidad sintió el deseo de someter el mundo real, tangible y perceptible por los sentidos, a otra realidad espiritual tan enteramente distinta, nos dice Jung.

El mito y el símbolo pertenecen a la esencia de la vida humana y jamás desaparecen de la realidad síquica, son, pues, consustanciales al ser humano.

En todas las culturas se descubren sistemas psíquicos en acción que se hallan en cierta oposición con lo puro instintivo.

Los arquetipos son formas universalmente existentes y heredadas cuyo conjunto constituye la estructura del inconsciente. Cuando Cristo habla a Nicodemo del espíritu y del agua está utilizando fascinantes y típicas representaciones simbólicas.

De los procesos instintivos se deriva la fuerza motriz del símbolo; el símbolo da forma a los instintos.

Yahvé es celoso de su mujer Israel y la quiere preservar de la fornicación con dioses extraños.

El inconsciente es mitológico y sus contenidos están cargados de valores cósmicos.

El mundo de los arquetipos de Jung se parece al mundo de las Ideas platónicas. Los arquetipos son transpersonales y no participan del tiempo histórico del individuo, sino del tiempo de la especie, esto es, de la vida orgánica.

Por eso las religiones crean imágenes que convierten en símbolos del inconsciente colectivo, con dimensiones fuera de proporción, que se hacen muy difíciles de erradicar en el proceso desmitificador.

Los mitos, en cierto sentido, constituyen los sueños colectivos de las tribus, igual para Freud que para Jung. Freud sembró esta idea en la Interpretación (1900), y la desarrolla en Acerca de los sueños (190l): "El simbolismo onírico se extiende mucho más allá de los sueños: no es privativo de ellos, sino que ejerce un influjo igualmente dominante en las representaciones que aparecen en los cuentos de hadas, en los mitos y leyendas, en los chistes y en

el folclor".

Otto Rank, The Myth of the Birth of the Hero (1909), afirma:

"el mito es un sueño de las masas del pueblo". Karl Abraham en Dreams and Myths (1909): el mito es "un fragmento que se ha conservado en la vida síquica infantil de la raza, y los sueños son los mitos de los hombres". Freud añadiría que los mitos son sueños colectivos, el complejo de Edipo, por ejemplo. Freud escribía "parece muy probable que los mitos, por ejemplo, sean las reliquias deformadas de las fantasías del deseo de naciones enteras, de los sueños seculares de la juventud de la humanidad". Para Jung los mitos son el producto más maduro de la juventud de la humanidad. Se habla de mente colectiva que puede además tener sueños. Durkheim, sociólogo francés, 1858-1917, también habla de representaciones colectivas. Las ideas religiosas se producen mediante una síntesis de mentes individuales en una acción selectiva, con vida colectiva. Pero Jung va más allá y habla del inconsciente colectivo y de la raza humana como si fuera una persona, con entidad propia, que crece desde la infancia a la edad adulta.

Lo individual y lo colectivo, el I (lo privativo) y el Me (lo colectivo), integradores del Yo, de Mead; ¿dónde termina uno y empieza el otro? Realmente se entrecruzan.

Jung, en su teoría del inconsciente colectivo, contempla que todos los seres humanos poseen unas mismas tendencias innatas para formar una serie de símbolos generales, y que estos símbolos se manifiestan a través del inconsciente en los mitos, sueños y folclor. Existen símbolos comunes en todas las culturas que han de tener el mismo origen colectivo general: la madre tierra, el sabio anciano, el niño divino, dios, el sol, el ánima, el agua, el renacer, la inmortalidad... Se ataca a Jung de tener más cercanía al pensamiento mitológico-simbólico que al racional y lógico, y que quizá sus símbolos no sean tan universales como piensa.

Piaget opina que los símbolos generales de Jung podrían ser, en teoría, el resultado de un proceso común de asimilación simbólica, acaecido durante la infancia. Por lo tanto, los símbolos no serían hereditarios, ni productos del inconsciente colectivo.

Los arquetipos de Jung tienen una dirección instintiva de formar tales representaciones simbólicas, como la de los pájaros en hacer sus nidos y sus cantos; o el de las hormigas a organizarse en colonias; o el de las abejas en colmenas; la migración de las aves y el desove de los peces...Los modos del pensamiento pueden ser tan innatos como los del comportamiento, neuronas y células genéticamente determinadas se afirma que existen.

Ernst Cassirer piensa que las fantasías religiosas y los mitos se crean mediante la expresión de símbolos que conllevan una concentración de significados y emociones. El mito pertenece a la esfera de la afectividad y de la voluntad; es producto de la emoción, del temor, de la esperanza, del deseo y hasta del terror. Su común denominador es la sacralización. De manera análoga Jung: "La mentalidad primitiva no inventa mitos, los vive. Los mitos son revelaciones originales de la psique preconsciente, la manifestación involuntaria de acontecimientos inconscientes". Todo lo contrario a la teoría de que los mitos se crean mediante la emisión de símbolos fecundadores. Quizá se creen los contenidos y se hereden las estructuras y predisposiciones; ambas teorías podrían ser ciertas. Hay mitos vivos y mitos muertos, estáticos y dinámicos, de origen (etiológicos) y de aparición... (36).

Para Maurice Godelier: "Los mitos nacen espontáneamente en la intersección de dos redes de efectos: los efectos en la conciencia de las relaciones de los hombres entre sí y con la naturaleza, y los efectos del pensamiento sobre estos datos de representación a los que hace entrar en la maquinaria compleja de los razonamientos por analogía". (37).


 

SÍMIL CIBERNÉTICO

 

El ordenador o computador se compone del hardware y del software, como se dice en los manuales básicos. El hardware consta de los componentes físicos y de todo el equipo asociado. El software se refiere a los programas escritos para el computador. Las dos ramas se interrelacionan y se complementan. Las instrucciones se le dan al hardware en códigos que deben ser descodificados o traducidos por éste para su intelección. El programa es una lista de instrucciones que se le dan al hardware para que realice las tareas de procesamiento de datos requeridos. El computador es una máquina programable; recibe entradas y produce salidas; procesa información y la almacena. Los circuitos electrónicos se incorporan en un chip de silicio, llamado microprocesador, que a su vez se ubica en un tablero de circuitos. La computadora se usa, hoy día, en tareas que requieren imaginación e introspección, que tradicionalmente habían sido realizadas por seres humanos, lo que se conoce como inteligencia artificial.

La definición biológica de la inteligencia como acción práctica, aptitud de adaptarse al medio, es decir, a las realidades concretas de la situación, o es un destello de inspiración (insight) – intuición- o la habilidad del homo faber (hombre obrero)con su capacidad tecnológica para captar el funcionamiento de un instrumento. La inteligencia conceptual, la de los filósofos clásicos, se reduce al análisis lógico del concepto, juicio y raciocinio. Nace con el lenguaje y se desarrolla mediante la reflexión y la capacidad de abstracción, generadora de un universo mental. Es la inteligencia simbólica la que capta las relaciones pensadas. No sólo se adapta al medio (la biológica), sino que lo transforma (ciencia y técnica); se adapta y adapta.

La inteligencia pura es una abstracción, no existe, pues siempre se da la interferencia con la afectividad, con el saber adquirido y con las aptitudes específicas. La inteligencia común podría consistir en una aptitud para captar determinadas relaciones.

En todo embrión del ser humano existen montajes hereditarios que funcionan desde el nacimiento hasta la inteligencia práctica del niño, reflejos hereditarios, hardware.

Los arquetipos podrían formar parte del hardware, ya que son formas de complejos innatos, estructuras preformadas, sistemas de disponibilidades funcionales, asertivos y reaccionales, porque los arquetipos, según Jung, son comunes a la naturaleza humana y se expresan bajo la forma de símbolos a los que incumbe el papel de traducir en imágenes las energías de la potencia psíquica vital. Estos símbolos universales de los fondos comunes de las culturas y de las mitologías humanas constituyen el patrimonio colectivo de la humanidad.

La inteligencia práctica y la conceptual, en cuanto contenidos, serían el software, pero en cuanto a aptitudes también serían parte del hardware. La interacción dinámica de ambos, la sinergia del software y del hardware conduce a la creación y transformación de símbolos e imagos.

Los adoctrinamientos en su fijación conducen al fundamentalismo. El pensamiento libre desemboca en la relatividad de las ideas y en la creatividad y riqueza simbólica. La programación es la clave de la sumisión -alienación- o de la autoafirmación -rebelión- y de la autorrealización. Atención a los programadores vitales, planificadores de la vida de los demás a través del contenido de los símbolos, que podrían ser más adquiridos que heredados, Piaget y Jung al mismo tiempo.


 

BIOLOGÍA DE LA BENEVOLENCIA

 

Hoy, en los círculos científicos, se habla de la biología de la benevolencia. Es lo opuesto a la imagen del feroz guerrero en plan de ataque, en el que puede observarse: estrés del sistema de circuitos con altos niveles de hormonas de lucha o huida como el cortisol y la epinefrina, el ritmo cardiaco se acelera, también asciende la presión sanguínea y el azúcar, y cesa la actividad gastrointestinal.

Es el estado de catabolismo fisiológico.

En la imagen de la Madonna, o la virgen amamantando a su hijo, el anabolismo reemplaza al catabolismo, acumulación en vez de separación. Suben los niveles de insulina para extraer mejor el azúcar y almacenarla en las células. Abundan las concentraciones de ácidos gástricos y las hormonas como la gastrina, que ayudan a una digestión eficiente y a una transferencia de energía de los alimentos al cuerpo y a la leche materna.

El comportamiento de afiliación requiere un substrato hormonal y neural, una activación de todos los circuitos tan complicados como los mecanismos que controlan la habilidad del cuerpo para luchar contra su adversario o para huir del peligro. La biología tiene que ver con los rituales de reconciliación de los chimpancés y otros primates no humanos, en que se envuelven, después de las luchas que amenazan los nexos sociales, en gestos como extender la mano, abrazarse, rascarse, o besarse en la boca.

Una teoría de la evolución del comportamiento social es que el sistema nervioso evolucionó en los mamíferos más allá del conjunto de la vértebra espinal "vagal" y por debajo del nervio vago inteligente, que vinculó la emoción con las expresiones vocales (laringe y faringe) y faciales, factor básico en el comportamiento social complejo de los humanos. (The New York Times).

 


EL GRAN TEATRO DEL MUNDO

 

"Que toda la vida humana

representación es".

La alegoría y la historia, el simbolismo, el pensar hondo, la dramática humana, la poesía y la música, todo se entrelaza en el auto calderoniano, filosófico-teológico. La vida es una representación escénica. Ya en Las leyes y Filebos, Platón compara a los seres humanos con actores, más bien marionetas, en las manos del Creador; y se habla de la tragedia y la comedia de la vida.

En Calderón, la vida es una comedia en la que sólo cuentan las buenas obras conducentes a una eternidad feliz.

(AUTOR) "Yo a cada uno el papel le daré que le convenga".

"Seremos, yo el Autor, en un instante:

Tú el teatro, y el hombre el recitante".

El Autor impone el papel a cada uno, exigiendo obediencia. Y el mundo sigue a Dios sin penetrar en sus decisiones que son inescrutables. Calderón, con sus barrocos conceptismos y culteranismos, su gran riqueza de metáforas de tipo gongorino, sus complicadas escenografías recargadas de ornamentación, barrocas, llenas de despliegues de sorprendentes trucos escenográficos, apariciones sobrenaturales, castillos que viajan por los aires, y la danza y la música, logra espectáculos insuperables teatrales. Existe un motivo central al que se subordinan los elementos dramáticos.

En técnica teatral, se ajusta a los cánones del Barroco:

Sentido hiperbólico de las imágenes.

Abundancia del elemento metafísico.

Referencias a la mitología.

Desmesurado sentido de las pasiones y gestos de los protagonistas.

La áspera violencia del paisaje, antítesis del bucolismo clásico.

Los personajes son a veces meros símbolos de conceptos abstractos.

El aspecto moral está determinado por el estoicismo y la tradición cristiana. El alma exige la autonegación del cuerpo, corrupto por el pecado y carcelero del alma inmortal.

En teología responde a la neo escolástica de los jesuitas.

El honor está por encima de la vida humana, y la lealtad al rey se antepone a la vida.

El rey:

"es de materia tan frágil

que con una acción se quiebra

y se manca con el aire".

El rey como proyección de Dios. En el tema del libre albedrío, tema recurrente en todas las teologías de su época, sigue Calderón la tesis del padre Molina, defensor de la libertad humana frente a la predestinación calvinista. Las pasiones, los demás seres,

"sólo el albedrío inclinan

no fuerzan el albedrío".

El valor de la existencia humana es negativo:

"¿Qué es la vida? un frenesí;

¿Qué es la vida? una ilusión,

una sombra, una ficción,

y el mayor bien es pequeño;

que toda la vida es sueño,

y los sueños, sueños son", (Segismundo)

Pero "aun en sueños, no se pierde el hacer bien".

La teología del desengaño.

El procedimiento alegórico se aplica no sólo a los personajes, encarnación de conceptos abstractos, a veces, la Hermosura, el Mundo, el Pensamiento, la Discreción..., sino también a las escenas de la misma obra. La Creación, el Paraíso, el Pecado original, la Redención, la Gracia, son temas de sus autos sacramentales, todos en la línea tomista tradicional, más bien neo tomista jesuítica.

"Al teatro pasad de las verdades,

que éste el teatro es de las ficciones".

La libertad del ser humano y su conexión con la presciencia, el conocimiento previo que Dios tiene de todo lo humano y divino, se tornan incompatibles. Lutero lo había afirmado categóricamente: si Dios conocía previamente el futuro del hombre, éste no podía ser libre.

Calderón sintetiza la edad teológica en su crepúsculo, pensamiento teológico medieval que en España llega hasta el Barroco, y anuncia con su clarividencia poética lo que será el pensamiento humano secularizado.

Es el gran antiteatro de este mundo, en el que se asignan papeles que se deben representar y se exigen responsabilidades por la mala representación. El ser humano es:

"polvo de tus pies", "sino porque

considero que fui nacido en pecado".

"Castigo y premio ofrecí

a quien mejor o peor

representase, y verán

que castigo y premio doy".

"Polvo salga de mí, pues polvo entraron"

"Corta fue la comedia".

Pero tiene más visos de tragedia... La tragedia del ser humano, marioneta en manos de un Autor, que asigna papeles según su Justicia distributiva y que, después de convertir este acto humano vital en mera representación teatral, "que todo la vida humana representación es", castiga y premia.

Castiga al que reivindicó la vida y la autorrealización humana, que se negó a ser marioneta y luchó contra los dioses para ser autor y actor del drama, tragedia o comedia de su vida.

Premia a los que sacrificaron su cuerpo, a los que fueron sembradores de tristezas y hecatombes, a los pobres existenciales, carentes de todo, menos de esperanza, a los que se negaron a sí mismos. Y premia también a los detentadores del poder, del poder sacro, aniquiladores de la vida, manipuladores de mitos, creadores de sistemas -de sistemas dogmáticos, sistemas de creencias sobre ideas, de estigmas y tabúes sobre libertades, de frenos sobre aceleradores vitales- sacerdotes de la antivida y de la muerte.

Cuestiones bizantinas ocuparon la mente de grandes teólogos y filósofos, descuidando las Ciencias con premeditación y alevosía, si el hombre puede ser libre cuando Dios, al ser omnisciente, sabe de antemano lo que cada ser humano va a hacer. Ríos y ríos de tinta se escribieron sobre el tema, utilizando una variable que desconocemos totalmente: Dios, y que nunca podemos ni aprehender, y menos comprender, y fue el tema de siglo XVI y XVII. La Reforma interviene: Lutero y Calvino; y hasta participa el Concilio de Trento: existe la presciencia divina y la libertad humana; pero ¿cómo conciliar ambos términos contrarios y contradictorios?

Los dominicos, con Báñez, se inclinan por la presciencia y gracia divina, y elaboran la teoría de la premotio physica, premoción física, según la cual era necesaria una acción de la gracia de Dios para que la criatura humana pudiese operar; el ser humano sin la ayuda de Dios no puede nada, "nada puedo sin la gracia de Dios". Nunca lo humano descendió tan bajo, ni el antihumanismo fue mayor.

Los jesuitas, con Molina, son partidarios de la libertad humana, y para explicarlo inventan la teoría del concursus simultaneus, concurso simultáneo. Dios coopera con el ser humano, cuando éste decide actuar. Olvidaron que se trataba del pensamiento mítico, fabulador, de la fe y no de la razón y, obcecados en el pensamiento simbólico, o por miedo a la Inquisición (camisa de fuerza intelectual y vital) terminaron por condicionar al condicionante, a Dios, que dependería de la acción humana para actuar. Como le obligarían a crear el alma humana, cuando surge el feto. Son proposiciones científicamente absurdas, lo mítico los confundió y lo interpretaron como científico, pero sin posibilidad de verificación científica. Hay que reconocer que se trataba de mentes muy bien dotadas, pero dirigidas por la Tradición y por la Institución eclesial a la que sirvieron incondicionalmente. Los mitos y la estructura eclesiástica poseyeron sus conciencias y entraron servilmente en su dinámica. El adoctrinamiento, desde la más tierna infancia, haría el resto. Resultaba muy difícil buscar alternativas fuera de esa sociedad fundamentalmente teocrática y mítica. La secularidad o laicismo, nos lo recuerdan los expertos en mitos, es un hecho muy reciente y todavía en ciernes, en flor. Los obligatorios rituales reforzaron el contenido mítico del inconsciente durante siglos, para ser más precisos, milenios.

(MUNDO)

Y para que desde ti

a representar al mundo

salgan y vuelvan a entrarse,

ya previno mi discurso

dos puertas: la una es la cuna

y la otra es el sepulcro.

Y para que no les falten

las galas y adornos juntos,

tendré prevenido a punto

al que hubiere de hacer de rey,

púrpura y laurel augusto;

al valiente capitán,

armas, valores y triunfos;

al que ha de hacer el ministro,

libros, escuelas y estudios.

Al religioso, obediencias;

al facineroso, insultos;

al noble le daré honras,

y libertades al vulgo.

Al labrador, que a la tierra

ha de hacer fértil a puro

afán, por culpa de un necio, (38)

le daré instrumentos rudos.

A la que hubiere de hacer

la dama, le daré sumo

adorno en las perfecciones,

dulce veneno de muchos. (39)

Porque es papel de desnudo,

porque ninguno después

se queje de que no tuvo

para hacer bien su papel

todo el adorno que pudo,

pues el que bien no lo hiciere

será por defecto suyo,

no mío. Y pues que ya tengo

todo el aparato junto,

¡venid, mortales, venid

a adornaros cada uno

para que representéis

en el teatro del mundo!

(. . .)

(REY)

Ya estamos a tu obediencia,

Autor nuestro, que no ha sido

necesario haber nacido

para estar en tu presencia.

Alma, sentido, potencia,

vida, ni razón tenemos;

todos informes nos vemos;

polvo somos de tus pies.

(. . .)

(AUTOR)

Así mi ciencia previene

que represente el que viva.

Justicia distributiva

soy, y sé lo que os conviene.

(. . .)

(POBRE)

Si yo pudiera excusarme

de este papel, me excusara

cuando mi vida repara

en el que has querido darme;

y ya que no declararme

puedo, aunque atrevido quiera,

le tomo, mas considera,

ya que he de hacer el mendigo,

no, señor, lo que te digo,

lo que decirte quisiera.

¿Por qué tengo que hacer yo

el pobre de esta comedia

¿Para mí ha de ser tragedia,

y para los otros no?

¿Cuando este papel me dió

tu mano, no me dió en él

igual alma a la de aquél

que hace el rey? ¿Igual sentido?

¿Igual ser? Pues ¿por qué ha sido

tan desigual mi papel?

Si de otro barro me hicieras,

si de otra alma me adornaras,

menos vida me fiaras,

menos sentidos me dieras;

ya parece que tuvieras

otro motivo, Señor;

pero parece rigor, perdona decir cruel,

el ser mejor su papel

no siendo su ser mejor.

(. . .)

(AUTOR)

En la representación

igualmente satisface

el que bien al pobre hace

con afecto, alma y acción

como el que hace al rey, y son

iguales éste y aquél

en acabando el papel.

Haz tú bien el tuyo, y piensa

que para la recompensa

yo te igualaré con él.

El cómo se interpreta el papel tiene más importancia que el papel asignado. El Autor ha escrito la obra, elige a los actores para los respectivos papeles, y después los juzga. Demasiada concentración de poderes. Si Él lo hace todo, suyo sería el fracaso, por no elegir bien a los autores y distribuir mal los papeles: "soy, y sé lo que os conviene". Todo está decidido de antemano. Por lo tanto, la teología de Dios, según Hartman, excluye la antropología del hombre, su libertad. Calderón no puede evitar que la inocencia de Dios quede en entredicho. "Obrar bien, que Dios es Dios" constituye un perpetuar el temor como factor determinante de la creencia en Dios y del obrar bien. Dios es alfarero, autor, legislador y juez.

"Un dios que imputa a la arcilla formada el fracaso de su proyecto creador, deja de ser tanto justo como misericordioso, aun cuando asegure que la Ley de la Gracia asista, con sus apuntes, a su criatura", Schajowicz, Mito y existencia.

La promesa de futuro, el más allá, justifica la estratificación social rígida y el cumplimiento de papeles asignados. La razón vital y moral reside en Dios y en la promesa de la vida eterna.

"Obrar bien, que Dios es Dios" y "que toda la vida humana representación es". Denigración de esta vida en aras del más allá. "En acabando el papel todos seremos iguales", pero mientras no; las castas y los estamentos sociales tendrán origen divino, según la teología calderoniana. Y la libertad sería una utopía; lo teológico impregna lo político y lo social y los moldea en cuadriculación.

Se da la manifestación de símbolos míticos a favor del rey. La imagen del rey es arquetípica, proyección del dios-rey. El mito de la creación subyace. Estamos predestinados por el creador a ser marionetas y peones en su divino jugar.

Calderón es un fiel exponente de las ideas teológicas de su tiempo, impregnadas de imágenes y símbolos míticos del pensamiento arcaico, que la Institución eclesiástica arrastra hasta el siglo XXI. La protesta del pobre está llena de matices "prometeicos":

"Pero parece rigor

perdona decir cruel,

el ser mejor su papel

no siendo su ser mejor".

No obstante Calderón anuncia lo que será el pensamiento secularizado.


EL ANTICRISTO O LA MALDICION SOBRE EL CRISTIANISMO

DE NIETZSCHE

Friedrich Nietzsche se constituye en el mayor vitalista de la Historia al denunciar y atacar todo lo que oprime al ser humano y al proponer el ideal del superhombre, el ser humano totalmente libre.

El Anticristo, en un principio, formaba parte, junto con El crepúsculo de los ídolos, del proyecto: La voluntad de poder, pero esta obra nunca llegó a buen puerto. Es en el 1888 cuando aparece como obra independiente, pero que no sería publicada hasta el 1895, previamente mutilada por sus discípulos. Es, sin duda, su gran obra, la de su plena madurez, poco antes de la llegada de sus terribles depresiones y de sus graves problemas mentales que lo desconectan de la realidad, desde el ’89 hasta el 1900.

"¿Se ha entendido de verdad la famosa historia que está al comienzo de la Biblia, acerca de la angustia infernal de Dios frente a la ciencia?...No se la ha entendido", se pregunta y se contesta Nietzsche. Nos habla del mito del pecado del conocimiento, del árbol del bien y del mal y de su prohibición de comer de él, porque su alimento (el conocimiento, la ciencia) nos haría dioses, conocedores del bien y del mal; y que la ciencia acarrea el crepúsculo de los dioses, siempre apoyados en mitos y no en la ciencia.

El genio de Nietzsche, profundo conocedor del cristianismo y del luteranismo, se adentra en sus esencias, sin miedo a los tabúes de lo sacro para poder entender su "Dasein"(ser-ahí), su ser en tiempo y en su sociedad, y descubrir la decadencia de la vida y de todos los valores que el cristianismo acarreaba consigo desde sus inicios y que conducen al nihilismo.

" Definición del protestantismo: la hemiplejía del cristianismo- y de la razón", había escrito Nietzsche. Lutero, obsesionado patológicamente por su salvación, encuentra en la fe paulina el remedio de su salvación. Y buscando la liberación de las autoridades eclesiásticas, cosa loable, obliga a los luteranos a someterse a una autoridad más tiránica, la de un Dios que exige la completa sumisión del ser humano. Es imprescindible tener presente esta lucha para entender el Anticristo.

Es el Anticristo un continuo diálogo con la interpretación paulina del cristianismo, así como con el intento de Lutero de volver a los orígenes del cristianismo. Sabemos que el mundo, para Pablo, es malo por naturaleza y que está sometido a potencias demoníacas, como lo es la carne, carcelera del espíritu y contra la que hay que luchar en busca de la liberación del alma. Pero, heridos de muerte por el pecado heredado, nada podemos sin la gracia de Dios. Dios es el único salvador posible del ser humano; salvación por la fe, para Lutero y predestinación para Calvino; pero sólo sabemos si estamos predestinados por el éxito económico alcanzado. He aquí la paradoja, que estudia Max Weber en su obra La ética protestante y el espíritu del capitalismo, que sin importarles un comino el capitalismo, éste surge como consecuencia de su doctrina.

Los judíos esperaban un libertador político del poder romano, el Mesías. Pero Jesús no puede realizar esas expectativas y entonces cuando Pablo habla de "la redención de la muerte por Cristo", manteniendo siempre el desprecio por el hombre (ser humano) y por el mundo: pesimismo existencial. Esta vida no sólo no sirve, sino que es un obstáculo, un lastre, una rémora; ésta es la concepción paulina y, por herencia, la cristiana del mundo, del hombre y de la vida. Es precisamente por eso que a Nietzsche lo que más le interesa es: la exaltación de la impotencia y maldad radicales del hombre, patrocinadas también por la Reforma de Lutero: " Destruir, desarraigar y aniquilar toda la sabiduría y justicia de la carne…"

"Bajo el desplazamiento operado por el cristianismo paulino, la depravada naturaleza del hombre y su absoluta falta de libertad para realizar lo justo a través de sus acciones constituye la causa efectiva de la enfermedad humana. Una ‘patología’, valga la expresión, que constituye el trasfondo judaico de la moral cristiana, así como el presupuesto que imposibilita comprender el fenómeno de la ética griega", que es directiva y no preceptiva y castigadora como la cristiana.

El problema viene ya desde Zoroastro, su Zaratustra, cuando claramente se postula, opone y contrapone el espíritu y la materia, con todas las valoraciones a favor del espíritu y todas las maldiciones contra la materia ya demonizada y que el Cristianismo, desde Pablo, asumió con toda naturalidad para la gran desgracia del ser humano y de la Humanidad. El genio filólogo lo descubre, lo delata y lo ataca. La moral cristiana, obvio, se apoya en estos principios valorativos. Todo lo que tenga que ver con la materia, lo que realmente constituye el mundo y lo humano, es malo; es un visceral anti humanismo. Por eso afirma: "El descubrimiento de la moral cristiana es un acontecimiento que no tiene parangón posible, una verdadera catástrofe". El cristianismo defiende los valores de la decadencia, de la igualdad en la miseria y en la desdicha, de la pasividad, del destino, de la frustración y de la fatalidad. La psicología cristiana interpreta lo sensible, o sea el cuerpo, como mundano, terrenal, efímero, pasajero y aparente. Hasta el mismo "Dios" carece de los atributos griegos de voluntad de poder, de energía enervante, de fuente de inspiración.

Antes, en el mundo griego, Zeus representaba un pueblo, su fuerza, su poder. Ahora es un Dios bueno y moralista. Es la decadencia. "El Dios bueno y el demonio son productos de la decadencia". De Dios salió el Dios de los pecadores, de los enfermos, el Salvador y Redentor. ..

Desde el Jehová, Dios de Israel, llegamos al Dios cristiano, espíritu puro absoluto, cosa en sí, "ens a se". "La ruina de Dios. Dios se transformó en la cosa en sí". Es el más bajo nivel descendente del tipo divino, que entra en contradicción con la vida. ¡Casi dos mil años y ni siquiera un Dios nuevo!, exclama Nietzsche.

El sentimiento de no placer sobre el placer es la causa de esta religión con su respectiva moral. "Un pueblo que conserve la fe en sí mismo tiene también un Dios que le pertenece". En ese Dios, ante quien sacrifica, proyecta la sensación de placer que le produce el sentimiento de su poder. Así la religión es una forma de gratitud: lo admira en lo bueno y le teme en lo malo, es amigo y enemigo. Pero, cuando un pueblo decae en porvenir y en libertad, su Dios se metamorfosea, se convierte en bueno, aconseja la paz del alma y el amor al prójimo, es un moralista.

El pecado, el concepto más nauseabundo que utiliza el cristianismo para degradar al máximo al ser humano y hacerlo totalmente dependiente del sacerdote, es el narigón, en el lenguaje nietzscheriano, que acarrea, como secuelas necesarias, los sentimientos de culpa, remordimiento y castigo. Fue un montaje del "orden moral del mundo", inventado –según Nietzsche- contra la ciencia, contra la liberación del hombre del poder del sacerdote. Lo que se necesita es al sacerdote. ¡Fuera los médicos! Lo que se necesita es un salvador… Los conceptos de culpa y de castigo, incluidos los de la gracia, redención y perdón, son mentiras de cabo a rabo, exentas de toda realidad psicológica. Han sido inventados para destruir en el hombre el sentido de las causas: representan un atentado contra el concepto de causa y efecto…

Dice que Pablo: "deshonra la sabiduría del mundo". Lo que preocupa a Nietzsche- y sabe que Pablo es el artífice del cristianismo- es la profunda injusticia del cristianismo por su incomprensión de la vida como problema, ya que el cristianismo es incapaz de situarse en el mundo real o en la historia, al dirigirse hacia el no lugar de la gracia y al más allá, la otra vida. Además es incapaz de criticar y menos de transformar el mundo, sólo pretende demonizarlo y envilecerlo con la moral de esclavos que patrocina. La moral de los esclavos es una moral de resentidos que privilegia la igualdad en las desgracias y en la miseria, la compasión, la dulzura y la paciencia. Es propia de los oprimidos y de los débiles que desprecian esta vida y se refugian en un imposible más allá, que es lo que realmente les importa. En contraposición está la moral de los señores, de las individualidades superiores, que afirma la vida, la voluntad de poderío. El desacuerdo o no coincidencia entre el ideal cristiano y la realidad ha constituido el factor dinámico de tensión, frustración y resentimiento que ha abocado a los cristianos al nihilismo.

La moral cristiana para Nietzsche es una terrible fuerza engañadora que, como el pecado, ha corrompido a la humanidad; es la gran mentira de la vida, de la historia, de la sociedad. Su crítica a la religión y la moralidad es radical y devastadora. Encarna el símbolo del Anticristo al escribir a un amigo: "que soy uno de los más terribles enemigos del cristianismo, y que he encontrado un modo de ataque del que ni Voltaire tuvo la menor idea".

La propuesta de Nietzsche parte de esta destrucción de la moral, de su crítica a la religión, y afirma sin ambages la muerte de Dios

‘Desde que se inventó el concepto Naturaleza en oposición al concepto Dios, natural se hizo sinónimo de despreciable, y todo ese mundo de puras ficciones tiene su base en el odio contra lo natural, contra la realidad", afirma Nietzsche.

No hay moral, hay morales; no hay verdad, hay verdades. Lo bueno es lo que eleva en el hombre el sentimiento, la voluntad de potencia, la potencia en sí. Todo aquello cuyas raíces residen en la debilidad es malo.

La dicha es vencer las resistencias, prosigue.

El cristianismo patrocina lo débil y fracasado, rechaza al hombre fuerte, con potencia. Pascal pensó que su razón estaba pervertida por el pecado original, cuando en realidad fue el cristianismo el que la pervirtió.

La compasión hace que el dolor se torne contagioso. Schopenhauer tenía razón cuando afirmaba: "La vida es negada por la compasión, la compasión es la práctica del nihilismo". Aristóteles consideraba la piedad como un estado de peligrosísima morbosidad, que se curaba con la tragedia esporádica.

El sacerdote es para Nietzsche el negador, el calumniador y envenenador de la vida por oficio. "Y si acontece que los teólogos extienden las manos, a través de la conciencia de los príncipes, o de los pueblos, hacia el poder, no hay que dudar, la voluntad del fin, la voluntad nihilista propende a la dominación".

"El concepto del mundo verdad y el concepto de la moral como esencia del mundo, los dos errores más dañinos que han existido, volvían a ser, si no demostrables, imposibles de refutar, gracias a un sutil escepticismo. La razón, el derecho a la razón, no tiene gran alcance. Se hizo de la realidad una apariencia, un mundo mentiroso, y la esencia( la verdad y la moral) se tornó realidad. El triunfo de Kant fue un triunfo de teólogo. Kant, al igual que Lutero y que Leibniz, no fue más que un freno para la integridad alemana, ya débil de por sí".

Todo lo que no es una condición vital es perjudicial para la vida. Una virtud idea, como quería Kant, es peligrosa. "La virtud, el deber, el bien en sí, el bien con el carácter de impersonalidad, de regla general, no son otra cosa que utopías que expresan la degeneración, la debilitación última de la vida". El Anticristo también es un libro anti protestante y, por tanto, anti kantiano.

El bien y la virtud se definen cultural y vitalmente. No existe un solo imperativo categórico, ni abstracto. Todo lo abstracto es manipulable y puede ser destructivo. Los teólogos, también los políticos, usan y abusan, como instrumentos de poder, de estos conceptos abstractos. En el nombre del deber..., ¿de qué deber? La ciencia sólo nos dice lo que es, no lo que debe ser, que pertenece al mito. El análisis moderno del conocimiento hace imposible una ética cognoscitiva: el conocimiento no comprende elementos normativos y, por lo tanto, no se presta a una interpretación de la ética. El conocimiento no puede ofrecer directrices, y la ética es normativa e imperativa.

El sacerdote siente que "tiene deberes sagrados, por ejemplo, el de hacer mejores a los hombres, el de salvarlos, el de procurar su bien. Cuando se lleva a la Divinidad en el corazón y se es portavoz de imperativos supra terrenales, semejante misión coloca al que se la atribuye fuera de las evaluaciones derivadas exclusivamente de la razón, se santifica a sí mismo con semejante misión y se convierte en tipo de una jerarquía superior. Al sacerdote no le interesa la ciencia. ¡Está muy por encima de ella! Y el sacerdote ha reinado hasta ahora y ha determinado el concepto de lo falso y verdadero", de lo bueno y de lo malo, podríamos añadir.

Hoy día, no nos empeñamos en que el ser humano descienda del espíritu, ni de la Divinidad; lo hemos vuelto a colocar entre los animales, de donde desciende el más inteligente de los animales, y nuestra espiritualidad es una prueba de ello. Y es el que se desvía más peligrosamente de sus instintos.

En el cristianismo, la religión no está en contacto con la realidad; tampoco la moralidad. No hay más que causas imaginarias y efectos imaginarios: el pecado, la salvación, la gracia, la expiación, el perdón de los pecados. Relaciones imaginarias. Una sicología imaginaria: el arrepentimiento, la voz de la conciencia, la tentación del espíritu maligno, la presencia de Dios. Una teología imaginaria: el reino de Dios, el juicio final, la vida eterna, - sigue afirmando Nietzsche.

El budismo es más realista que el cristianismo. El budismo no dice: lucha contra el pecado. El budismo afirma: lucha contra el dolor. La oración y el ascetismo están desterrados; nada de coacciones, ni de imperativos categóricos. Buscan la alegría, la vida al aire libre, recomienda precauciones contra los licores espiritosos y contra todos los estados afectivos que crían bilis y encienden la sangre. El ser bueno es favorable para la salud. No así el sentimiento de venganza y resentimiento: la enemistad no pone fin a la enemistad, dice un adagio budista. Plantean objetivamente los problemas. El egoísmo en el budismo se convierte en un deber. El fin supremo es la calma, el control de deseos. La perfección es el estado normal de los budistas. Buscan la limpieza del cuerpo. En la religión de Cristo, "recházase la carne y se rechaza la higiene a título sensual; la Iglesia es enemiga declarada de la limpieza. La primera medida cristiana, después de la expulsión de los moros españoles, fue la clausura de los baños públicos; sólo en Córdoba había doscientos setenta", afirma Nietzsche. La crueldad contra uno mismo y con los demás, el odio a los incrédulos y disidentes, las guerras de religión, las cruzadas y las inquisiciones son elementos cristianos. "Necesitó el cristianismo las ideas y valores bárbaros para adueñarse de las multitudes bárbaras: tales son el sacrificio de los primogénitos, la consumición de sangre en la cena, el desprecio de la inteligencia y de la cultura, el tormento bajo todas sus formas corporales y espirituales, la gran pompa del culto".

El budismo es una llamada a la paz y la serenidad, es sensible al dolor, crea razas buenas y espirituales. "La verdad y la fe son dos mundos de intereses muy distintos el uno del otro, dos mundos de oposiciones, se llega a cada uno por caminos completamente opuestos". La fe desprecia la razón o la subordina, que es lo mismo, la investigación científica, el conocimiento. La fe se apoya en argumentos de autoridad, de un Dios que habló a través de un hombre, el hagiógrafo, que interpreta su mensaje y lo pasa a los demás, que lo tienen que creer. La esperanza, considerada entre los griegos como el peor de los males, el que quedó en el fondo de la caja de Pandora, es una de las virtudes teologales del cristianismo, la esperanza del más allá, consuelo de los pobres y de los que padecen.

Todos los sentimientos humanos exigen contrapartes humanos o humanizados, jóvenes, guapos, atractivos. El Adonis griego, el Jesús judío; la nacida de la espuma del mar, Afrodita; la Virgen de Murillo, joven, bella. "El amor que lo sufre todo, que lo soporta todo". "El Amor es aquel estado en que el hombre está más propicio a ver las cosas diferentes de lo que son en realidad".

El cristianismo no fue una reacción contra el espíritu israelita, fue su conclusión, según la fórmula de Jesús: la salvación viene de los judíos. Los judíos, colocados ante el dilema de ser o no ser, optaron por el ser a toda costa, pues esto exigía la falsificación de todo lo que es realidad, así en el mundo interior como en el exterior. Subvirtieron la religión, el culto, la moral y la psicología para convertirlos irremisiblemente en lo contrario de lo que constituía su natural valor, afirma el autor de La genealogía de la moral. Toda la moral judeocristiana es vengativa, de grupos marginados; es todo lo contrario a una moral ascendente de la vida. Para Pablo, el non plus ultra del genio de comediante, creador del cristianismo, y para la casta sacerdotal, la decadencia no es más que un medio para conseguir el poder. ¿Qué es la moral judía o cristiana?, se pregunta el filósofo. "Es el azar que ha perdido su inocencia, la desgracia envilecida por la idea del pecado, el bienestar convertido en peligro y tentación, el malestar fisiológico intoxicado por el gusano que carcome la conciencia..."

¿Qué es el orden moral?, sigue preguntándose. "Que existe, de una vez y para siempre, una voluntad que decide todo lo que el hombre debe hacer y no hacer; que el valor de un pueblo o de un individuo se mide según obedece peor o mejor la voluntad de Dios. Esta voluntad de Dios influye de un modo casi decisivo en los destinos de un pueblo o de un individuo, es decir, que castiga o recompensa según el grado de obediencia". Frente a esta lastimosa mentira, la realidad dice: "Unos sujetos parasitarios, los sacerdotes que abusan en nombre de Dios, prosperan a costa de todo lo sano de la vida, llaman reino de Dios a un estado de cosas en que el sacerdote es quien determina los valores, llaman voluntad de Dios a los medios que utilizan para alcanzar o conservar este estado de cosas, con un frío cinismo miden los pueblos, las épocas, los individuos según se hayan doblegado ante la voluntad sacerdotal o se hayan resistido a ella". Todo en torno a la fórmula obediencia o desobediencia a Dios, lo que es lo mismo al sacerdote o a la ley, y se llama virtud o pecado; todo un tejido de sumisión al sacerdote varón, que es el único que puede celebrar la eucaristía, perdonar pecados, redimir. "Los pecados son necesarios para toda sociedad organizada sacerdotalmente"; son los instrumentos del poder, por eso los inventan, si no los hay.

El imperativo: niégate a ti mismo (negación contra asertividad)," el que quiera venir en pos de mi, niéguese a sí mismo, coja su cruz y sígame". Este mandato de niégate a ti mismo constituye la raíz y fundamento de la psicología cristiana.

Y, puestos a negar, terminó el cristianismo negando la realidad judía. Es todo un fenómeno surrealista y fantástico. El grupo de Jesús de Nazaret terminará odiando a los que lo mataron. Y ¿contra quién se rebeló el fundador y promotor del movimiento? No fue contra la corrupción de la sociedad, sino contra la jerarquía social, la casta sacerdotal, sus privilegios, su orden...Y no se lo podían perdonar, ni se lo perdonaron, como tampoco los de ahora perdonan que se atente contra sus privilegios y su poder. La historia se repite trágica y paradójicamente. Aquel anarquista, que excitaba a las multitudes, era un delincuente en una sociedad apolítica y por eso murió en la cruz, ajusticiado, por su delito, no por los pecados de los demás. "Murió por sus pecados, dice Nietzsche, y no hay razón alguna para pretender, como se ha pretendido, que muriese por redimir los de los otros". El "Jesús, rey de los nazarenos", así lo prueba.

Confiesa haber leído pocos libros tan difíciles de entender como los Evangelios.

Friedrich Wilhem Nietzsche era hijo de Karl Ludwig Nietzsche, pastor protestante. "No resistáis al mal es la frase más profunda de los Evangelios, y hasta, en cierto sentido, su clave". La incapacidad de oponer resistencia se convierte en su moral: Amar al enemigo, poner la mejilla, devolver bien por mal... La buena nueva, la vida verdadera, no se promete ya que está en vosotros. "Cada hombre es hijo de Dios - Jesús no acapara absolutamente nada para sí -, y como hijos de Dios, todos los hombres son iguales".

"El reino de Dios reside en vosotros mismos".

"Aquel mundo raro y enfermizo en el cual nos introducen los Evangelios, mundo que parece tomado de una novela rusa y en el que los desechos de la sociedad, las enfermedades nerviosas, y la imbecilidad pueril parecen haberse dado cita, ese mundo no tuvo más remedio que deformar el tipo".

El Profeta, el Mesías, el hacedor de milagros es una mezcla de lo sublime, lo morboso y lo infantil. El mito se explica por razones de guerra y de propaganda. La veneración, cuando es sectaria, borra en los venerados los rasgos típicos, originales, su idiosincrasia. Es la magia de la apologética.

Nietzsche, (1844-1900), escribió El Anticristo, su última obra, doce años antes de su muerte, y es la expresión más enérgica, neta y exponencial de su pensamiento tardío. Es una transmutación de todos los valores y una maldición sobre el cristianismo, con subtítulos consecutivos después de tachar el primero y ser eliminado el segundo. El Anticristo se publicó sin subtítulo en el 1895. La jerarquía eclesiástica y sus sacerdotes en general, siempre hubo honrosas excepciones, decían en los seminarios, centros de formación de la futura élite sacerdotal, que Nietzsche ya estaba loco cuando escribió El Anticristo, pero ni la locura ni la depresión son creativas, sólo la nostalgia y la lucidez mental. El Anticristo sólo pudo ser escrito por un genio, Nietzsche.

La novela Los demonios de Dostoievski sostiene que Dios es un atributo de la nacionalidad. Los Prolegómenos a la historia de Israel, del famoso orientalista J. Wellhausen, ayudan a entender pre-figuradamente la manipulación que los sacerdotes hicieron del texto del Antiguo Testamento y la tergiversación que haría Pablo, el rabino, de la vida y doctrina de Jesús. Ma religion, de Tolstoi, sugiere la comparación entre el cristianismo primitivo y el anarquista, y hace fijarse en la frase evangélica: "no resistáis al mal". La vida de Jesús de Renán, que cataloga a Jesús de héroe y genio ( Si no fue dios, mereció serlo) y provoca la ira de Nietzsche, quien llama a Renán: "bufón en cuestiones sicológicas". Todos influyeron en El Anticristo.

El arquetipo del idiota es el príncipe Mischkin de la novela de Dostoievski, El idiota, "una mezcla de sublimidad, enfermedad e infantilismo", como diría Nietzsche. En este contexto Jesús fue llamado idiota, en referencia al Jesús tipo.

"Ese hombre del futuro, que nos redimirá del ideal existente hasta ahora, y asimismo de lo que tuvo que nacer de él, de la voluntad de la nada, del nihilismo, ese toque de campana del mediodía y de la gran decisión, que de nuevo libra la voluntad, que devuelve a la tierra su meta y al hombre su esperanza, ese Anticristo y Antinihilista, ese vencedor de Dios y de la nada, alguna vez tiene que llegar...", La genealogía de la moral de Nietzsche. Aquí se encierra la totalidad del proceso, la clave del Anticristo.


 

COSMOVISIÓN BUDISTA

 

El género humano es único por su capacidad de infelicidad, el sufrimiento lo invade casi todo, pero ya acostumbrados a nuestro compañero de viaje, que a veces ni lo sentimos, jugamos en la búsqueda de la felicidad.

Buda, seis siglos antes de Jesús, nunca admitió tener ningún don especial, ni inspiración divina, ni ser sacerdote-profeta elegido por Dios, ni maestro del mundo. Se apoyó en todo momento en el análisis y comprensión de nuestra propia mente. El infortunio y la infelicidad de esta vida quedan compensados por un futuro feliz, pleno a través de la reencarnación, aunque escuelas tibetanas ponen en tela de juicio la felicidad en las próximas reencarnaciones que podrían ser no humanas. De todas las formas, la energía del pensamiento, sentimiento y sensación, se desplaza hacia otros niveles más útiles de la creación, cuando la muerte acontece, pero inseminará, de nuevo, el plano material en búsqueda de formas de orden desarrolladas. El Dalai Lama es considerado como reencarnación de sus predecesores, pero no utilizan la idea de alma. El mensaje budista original no cree en ninguna deidad paternal a la que satisfacer ni en ninguna figura salvadora a la que rezar. Tampoco cree en dioses exigentes a los que hay que complacer con rituales complejos ni en cultos para asegurarse la divina protección. La clave está en nuestra naturaleza mental y emocional, en los modelos de comportamiento originados por ésta; y la salvación consiste en nuestra capacidad de purificar y transcender esa naturaleza en un perfecto humanismo. La decadencia es inherente a todas las cosas compuestas.

BUDA-AMIDA

De arte japonés.

 

Las tres áreas de la impermanencia son: vejez, enfermedad y muerte. La senda del ascetismo no conduce a ninguna parte. La profunda meditación es la que conduce a la completa iluminación, después de experimentar y transcender todos los niveles de la mente, lo que en el budismo se conoce con el nombre de nirvana.

Aunque Buda no se ocupó demasiado de los problemas socio- políticos de la época, sí rechazó la institución de las castas, armazón del sistema social hindú, por generador de prejuicios y de explotación. No toleraba la ignorante y temerosa reverencia de los creyentes a sus bramines, que usaban y abusaban de su estatus en la cumbre de la jerarquía religiosa, y ponía en tela de juicio sus doctrinas y especulaciones metafísicas, porque no conducían al fin del sufrimiento, que es la Iluminación. La vida nunca es como a nosotros nos gustaría que fuese. Hay una incorregible perversidad en la vida que frustra todo deseo de que todo vaya perfectamente bien, que desemboca en un realismo pero no en un pesimismo. Es optimista su visión de las posibilidades de la conciencia, o mente humana, en busca de la paz imperturbable de la Iluminación, libre de doctrinas basadas en el peso del pecado y de la culpa.

Existen felicidades y goces en este mundo, el problema es que no son permanentes, porque están sujetos al constante cambio, son inconstantes. Nada, absolutamente nada de este universo fenoménico es eterno. Y anhelamos la seguridad de la permanencia, pero no está en el exterior, que es parte del constantemente cambiante calidoscopio de la vida. Tampoco el remedio está en retrotraernos en un mundo interior. El error de la esencialidad equivocada nos envuelve y atenaza. Las tres marcas: vejez, enfermedad y muerte, están ahí y estarán. El fin del sufrimiento es la Iluminación, el nirvana, una especie de nada cósmica en la que se extingue toda vida real. Es la máxima felicidad, paz, libertad, inmutable estabilidad...

Son definiciones sicológicas, no metafísicas, ni ontológicas. Se habla, quizá, de un yo transpersonal. Se debe trabajar en lo que favorezca la paz, el entendimiento, y la felicidad, más que en lo que conduce al éxito económico, estatus y poder altos.

La clave de la plenitud mental justa está en vivir el presente, no arrepentirse del pasado y no obsesionarse con un sombrío futuro. El remordimiento y la culpa no tienen aquí cabida. Busca más el establecimiento de una actividad mental hasta que la mente se disuelva en la infinitud. La meta es lograr el fin del sufrimiento.

Defiende la tolerancia religiosa y, aunque ha sido una religión proselitista, nunca creó inquisiciones, cruzadas, guerras santas, ni declaró herejes... Paz y tolerancia fueron sus lemas. Pero ni el budismo se salvó históricamente de la guerra, a pesar de su teoría de la no violencia.

Los reyes budistas de Birmania, en el siglo XI, organizaron expediciones devastadoras a las tierras vecinas en búsqueda de escrituras e imágenes valiosas. Birmania, Tailandia y Camboya lucharon entre sí durante siglos. La escuela tibetana, en el siglo XVII, de la que desciende el líder reencarnado Dalai Lama, luchó para imponer su hegemonía sobre sectas rivales. Y muchos monasterios contaban con su propio ejército de monjes-soldados...

El budismo, como otras religiones, ha sido utilizado para encubrir ambiciones personales militares y, como excusa, para revivir ancestrales conflictos político-económicos.

En tiempos modernos, monjes budistas se unían a levantamientos populares contra la opresión en Vietnam, Sri Lanka y Tíbet.

"El desarrollo del proceso histórico a través de un tiempo lineal, como la expansión de una alianza con la figura de una deidad parental, principales pilares sobre los que se asienta la visión ortodoxa judeocristiana, podría muy bien haber sido un mito tribal ventajoso o reconfortante, pero a los ojos del budista no hace la suficiente justicia a las complejas y extraordinariamente ricas realidades de la vida cósmica. Esto, como el Mahayana se complace en explicar, evoluciona en incontables ciclos, incontables universos, a través de incontables eones de tiempo y en incontables formas. Limitar la irrupción de la verdad a un lugar, momento, cultura, o credo concreto, es tan fútil como tratar de "atrapar el aire en dos lenguas de fuego’". (41).

"Hasta nuestros días, la cultura humana ha estado determinada, en su mayor parte, por perspectivas pertenecientes sólo a las dos primeras etapas de la vida: la infancia que se caracteriza por la dependencia, y la adolescencia que se caracteriza por la reacción hacia el extremo opuesto, la independencia. Lo que nos espera es la etapa más difícil: la adultez. La verdadera adultez se caracteriza por la trascendencia de sí mismo. Y ése es el camino de Buda". (42).

"¿Es necesario haber visto la vejez, la enfermedad y la muerte para retirarse del mundo?", se pregunta Cioran, y añade: "El gesto de Buda es un exagerado homenaje a las evidencias...A su renuncia le falta la paradoja. Cuando se tiene razón no hay ningún mérito en abandonar la vida. Buda, según Cioran, no experimenta la paradoja de vivir en conflicto interno con todo y tener argumentos contra la soledad. La vía de Buda está diseñada a medida de los mortales.... Habrá sido también Buda un maestro? Ha sistematizado demasiado su renuncia, demasiadas consecuencias en sus amarguras. Seguro que él condenaría el extravío de quien arrastra su nada entre los mortales y no entendería cómo en el vacío del mundo aún sonreímos a la vida. Porque no ha conocido determinadas cimas de la infelicidad, ha vivido y muerto consolado, como cualquier hombre ajeno a la fatal tentación de la vida, a la seducción de la nada, de la existencia y del Nirvana fortificante de cada instante". (43).

Cioran añade que Buda fue demasiado ingenuo.

¿Cómo es posible la conciencia de la nada unida al amor de la vida? Se pueden construir utopías con sólo mirar las flores y el paraíso podría ser así un apéndice de la botánica. "Los atardeceres tienen algo de la belleza de una alucinación". "El devenir es un deseo inmanente del ser, una dimensión de la nostalgia. Nos hace inteligible el sentido de un «alma» del mundo". "La nostalgia expresa más directa y dramáticamente la imposibilidad del hombre de fijar su destino". (44).

La reencarnación presupondría algo que no muere en el ser humano y la eternidad del sufrimiento, el infierno aquí. Los sistemas son sólo conatos de explicación. Son sólo recetas que no curan el mal esencial, la nada; quizá el nirvana se identifique con la nada, a pesar de Buda.

En el teatro del mundo, en el drama y a veces tragicomedia de la vida con sus respectivas máscaras que la sociedad nos impele a llevar, en las calles de cada día de las grandes ciudades del mundo en las que el sufrimiento es un caminante más, en las páginas de la guerra y en la densidad negra de la noche de los campos de concentración es improbable que penetre la iluminación budista. Ante las cámaras de gas no es posible eliminar la angustia, realizar la superación, alcanzar la paz mental, derivar en el nirvana a no ser que sea el de la locura para des concienciarse de la trágica realidad. Podría ser que la teoría de metas de la sicología norteamericana pecara de demasiado optimismo; quizá estemos mucho más condicionados de lo que pensamos en nuestras fantasías de poder y que la felicidad sea un arte muy difícil en un universo, en el que prevalecen las transacciones de juegos de trampa y acecha el dolor, más sicológico que físico, en situaciones límite.

A Buda, no sólo le falta la paradoja de Cioran, sino la vivencia de la tragedia, que eludió en su condición de príncipe y con su doctrina de la reencarnación. Aunque, sin duda, la praxis de superación mental del budismo hubiera evitado nuestras guerras y campos de concentración, o dificultado, o atenuado. Los instintos de los artífices belicistas son primarios, elementales e irracionales, además de antihumanos y muy rentables económicamente; esos líderes, a los que las masas seguimos, nos hacen entrar en la última edad del hombre en Hesíodo: en la quinta, la edad del hierro, integrada por seres humanos mediocres, avaros y belicosos.


EL VACÍO SEMÁNTICO DE BECKETT

 

El hombre griego, en tiempos de Esquilo y Heráclito, encontró lo trágico al inventar la tragedia. El teatro fue el hilo conductor de la tragedia en la conciencia. Para Samuel Beckett, la teología de la muerte de los dioses es el nudo gordiano de lo trágico: es el abandono de los hombres por parte de los dioses. Para la pareja protagonista de Esperando a Godot, lo trágico es estar aferrados a un viejo con barba blanca, esperando, a su vez, que los abandone.

Es la lógica de la destrucción; la conciencia trágica está condenada al nihilismo sin posibilidades de fiestas y utopías. Beckett se une a Reich y Marcuse para subvertir los cimientos del discurso occidental, en el que el eros es reprimido por el logos, la lógica de la satisfacción por la de la dominación, el principio de placer por el principio de realidad. Se enfrenta a lo que subyace a todo lenguaje: la cuestión del poder. Gorgias, el sofista griego, decía que quien tenía la palabra tenía la espada.

La palabra estaba destinada desde el inicio - en el principio existía el verbum, la palabra - para influir en el intelecto y en la conciencia, aunque realmente fue la acción. El lenguaje, como vehículo de persuasión, queda convertido en un arma de poder, de dominio, sobre los demás seres humanos. Evidenciar el vacío semántico, descubrir los mecanismos retóricos, desnudar la apología, es atacar al poder y la manipulación del poder.

Desde su postura de marginación, satiriza Beckett la religión por su falsa función redentora; y la misma ciencia que conlleva avance y progreso, por la obligación de decidirse.

Hablando de Prometeo escribe: "Pues entre mí y ese miserable que se burló de los dioses, inventó el fuego, desnaturalizó la arcilla, domesticó el caballo, en una palabra obligó a la humanidad, espero que no haya nada en común".

Sólo la muerte le inspira seriedad y respeto: "Siempre me ha entristecido reincidir, pero la vida está hecha de reincidencias, al parecer, y la misma muerte debe ser una especie de reincidencia, no me sorprendería lo más mínimo", Beckett, Molloy.

"En lo que a mí respecta, siempre he preferido la esclavitud a la muerte, o mejor dicho, a la ejecución. Porque la muerte es una condición de la que nunca he podido formarme una representación satisfactoria y que por tanto no puedo figurar legítimamente en el balance de los males y los bienes. (...) Pero para haceros entrar hasta donde llegaba la confusión de mis ideas respecto a la muerte, os confesaré, francamente, que no excluiría la posibilidad de que fuera todavía peor que la vida, en tanto condición", Molloy.

Beckett cuestiona, marginándose en el orgullo que permite la indiferencia y el escepticismo más absolutos, la posibilidad misma de la literatura, y busca romper con la tradición literaria, permaneciendo en su interior al mismo tiempo. "Y parece que aquí nada se mueve, ni se ha movido nunca, salvo yo, que tampoco me muevo cuando estoy aquí, sino que miro y me hago ver. Sí es un mundo acabado, pese a las apariencias, su fin le dio origen, empezó al acabar, ¿me expreso con bastante claridad?, Molloy.

"Soy palabras, estoy hecho de palabras, de palabras de los demás...palabras, soy todas esas palabras, todas esas extrañas palabras, este polvo de verbo, sin suelo en el que posarse", El Innombrable.

El centro motriz del discurso artístico "beckettiano" es éste: El ser humano arrojado con violencia desde o hacia algún lugar.

El retorno a la casa es como representación simbólica de la matriz. "Pero que nadie busque símbolos donde no los hay", Watt (45).

"Incluso las palabras te dejan, con eso está dicho todo", Relatos


 

AFORISMOS DEL PENSAMIENTO ACIAGO DE CIORAN

 

Émile Michel Cioran: Rasinari, (Rumanía), 1911 - París, 1995. En sus obras ataca las ideologías, religiones y filosofías creadas por los seres humanos para justificar su comportamiento.

Dios, realidad que se busca, (como el alma, la inmortalidad..., añadimos)

Los hombres son, en general, objetos, diría Cioran, por eso sienten la necesidad de que exista Dios. Cuando los hombres han hecho el paso del objeto al yo, Dios es superior al hecho de ser o de no ser. Y es aquí cuando el yo y Dios se convierten en una realidad que se busca.

Ante la tragedia de la muerte, ser feliz, inmortalmente feliz, es un deseo universal por lógico, o por el instinto de conservación y perpetuación. Pero al pensar en la muerte, en la nada, existen convicciones de que la muerte es absolutamente segura, y no tenemos ni un solo argumento, que no sea mítico, que nos demuestre seriamente la inmortalidad del ser humano. Ante esto hay dos caminos: o aceptar la realidad cual es, y para eso hay que estar maduros o en el proceso de, o aceptar la inmortalidad como una terapia positiva ante la angustia de la muerte. La elección es libre, como el deseo de morir es válido instrumento para convertirnos en dueños de nuestra propia muerte.

Quizá, algún día seremos demasiado maduros para no tener ningún credo.

La eternidad supone previamente un tiempo corrompido y depravado. Y del estado de pecado, nace la necesidad de Dios.

Desde que Eva despertó a Adán del sueño de la perfección inútil, buscamos nuestra propia humanidad. Dios es el modo más favorable de prescindir de la vida. El primer acto de sabotaje fue la creación. Y el ser humano vive la tragedia de un animal constantemente insatisfecho que habita entre la vida y la muerte. Así es Cioran.

Corona la faena poética: "Al cielo no le sirven las virtudes, sino los pecados". El narigón de que nos habla Nietzsche, el pecado. Y la moral, un cúmulo de oportunidades desaprovechadas.

"El deseo de morir podría ser una sutileza de nuestro orgullo; en vez de caer en víctimas del desastre esencial, deseamos convertirnos en dueños de nuestra tragedia. Con el deseo de morir, morimos nuestra muerte y así nos deslizamos hacia ella como hacia nosotros mismos. Se trata un poco de saborear el gusto por la muerte para no ser atormentados por su agonía y el olor de los musgos de la extinción, actitud joven en los crepúsculos".

"En Dios sólo hay que ver una terapéutica contra el hombre", El ocaso del pensamiento.

De ahí la lógica conclusión de la sugerencia de la muerte de los dioses. Y la eternidad no sería accesible si el tiempo no estuviera corrompido y depravado.

"Pero Dios ha prestado muy pocas cosas a la vida para que yo tenga algo que buscar en su desierto".

"La teología no ha podido esclarecer hasta ahora quién está más solo: si Dios o el hombre. Ha venido la poesía. Y he comprendido que es el hombre..."

 

"La existencia del mal convierte al Todopoderoso en un Absoluto decrépito. El devenir ha engullido su misterio y su poder".

Cuando el hombre no piense en divinizarse, sino en ser sólo hombre, entonces empezará la verdadera historia. Y sólo entonces no habrá en su mente nunca más sitio para ningún credo. "Seremos demasiado maduros para tener ideales".

"El sentido del hombre es asumir el sufrimiento de Dios. Por lo menos, desde el cristianismo en adelante".

Lo que hace al pecado superior a la virtud es un exceso de sufrimiento y de soledad. Del estado de pecado nace la necesidad de Dios, del miedo a sí mismo. Al cielo no le sirven las virtudes, sino los pecados. Con el perdón del irracional pecado vendrá el confort de lo Absoluto. Pero la inteligencia es la ruina del pecado, de lo infinito y de lo absoluto. "La moral se pierde por su falta de misterio". Desde que Eva despertó a Adán del sueño de la perfección inútil, buscamos nuestra propia humanidad.

Cioran, el autor de La tentación de existir, fue un amante del vacío, un apasionado de los crepúsculos. Los constructores de sistemas le producen náuseas. Es un apóstol del fragmento y del aforismo. La vida es un espectáculo del vacío. Maestro de la desesperanza y de la lucidez. Moralista del amoralismo, paradójico del bien y el mal, misántropo empedernido, nostálgico del paraíso perdido. "El experimento hombre ha fracasado. Se encuentra en el callejón sin salida". Y ¿Dios? "Dios es el modo más favorable de prescindir de la vida".

Era tan receloso de los dioses que dijo: "La creación fue el primer acto de sabotaje". Después, y por esto, vendría la sumisión y el culto y la manipulación de los sacerdotes. Los dioses murieron con Nietzsche.

"Que la vida no tiene sentido, lo he dicho en todos los tonos, no voy a calumniarla una vez más".

Cioran, ahora En las cimas de la desesperación, sigue el juego de sus lúcidos aforismos desmitificadores.

Solos en la vida, nos preguntamos si la soledad de la agonía no es el símbolo mismo de la existencia humana.

La creación es una preservación temporal de las garras de la muerte.

La vida crea la plenitud y la vacuidad, la exuberancia y la depresión; ¿qué somos nosotros ante el vértigo que nos consume hasta el absurdo?

Vivo porque las montañas no saben reír ni las lombrices cantar.

La preocupación por el sistema y por la unidad no ha sido, ni lo será nunca, una característica de los que escriben en los momentos de inspiración.

Una perfecta unidad, la búsqueda de un sistema coherente, son la prueba de una vida personal pobre, esquemática e insulsa, carente de contradicciones, de gratuidad, de paradojas.

El ser humano, ¿no vive acaso la tragedia de un animal constantemente insatisfecho que habita entre la vida y la muerte?

No experimentar las contradicciones de manera dolorosa es alcanzar la alegría virginal de la inocencia, permanecer cerrado a la tragedia y al sentido de la muerte.

La inconsciencia es una condición esencial de la felicidad. La existencia del espíritu es una anomalía de la vida. ¿Cómo se puede concebir la vida sin el cuerpo?, ¿cómo se puede imaginar una existencia autónoma y original del espíritu?

Nadie ha podido decir hasta hoy qué son el bien y el mal.

Los valores morales han dejado de constituirse en el terreno de la vida para cristalizarse en una región transcendente, no conservando más que débiles contactos con las tendencias vitales e irracionales, por eso la moral es contradictoria. La realidad es irracional en esencia.

La eternidad liquida las satisfacciones y los placeres superficiales, liquida también las virtudes, las buenas acciones y los actos morales. La eternidad no conduce al triunfo del bien, ni al del mal: lo anula todo. Condenar el epicureísmo en nombre de la eternidad es una actitud absurda. La nada nos devorará, indiferente e irremediablemente, y para siempre. Todo placer insatisfecho es una ocasión desperdiciada para siempre. Toda la moral no tiene más objetivo que transformar esta vida en una suma de ocasiones desperdiciadas.

El entusiasmo hace descubrir una forma particular del amor y revela una manera nueva de entregarse al mundo.

Los teólogos sostienen que la forma primordial del amor es el amor dei (amor de Dios), los demás no serían más que sus pálidos reflejos... Algunos panteístas de tendencias estetizantes optan por la naturaleza, y los estetas por el arte. Para los adeptos a la biología es la sexualidad como tal, sin afectividad; para algunos metafísicos, por último, es el sentimiento de identidad universal.

En La Caída del Tiempo, critica, por igual, a todos los profetas y políticos que sólo pueden respirar en un estrado. El hombre político renuncia a la conciencia.

En Breviario de podredumbre fustiga las convicciones como drogas de gentes alienadas.

"La vida y yo somos dos líneas paralelas que se encuentran en la muerte". "La vida es lo que habría sido yo, si no me hubiera esclavizado la tentación de la nada", El ocaso del pensamiento.



 

JESÚS, EL HOMBRE

 

Qumrán, lugar donde se descubrieron los Rollos del Mar Muerto (1947), arroja nueva luz sobre los misterios del cristianismo. La secta de Qumrán y los primeros cristianos se reunían diariamente para celebrar una comida sagrada con pan y vino, pero sólo participaban los ya iniciados. Practicaban el celibato y la propiedad en común, además del bautismo como rito de iniciación. Ambos grupos coincidían en la venida apocalíptica, precursora de una nueva era mesiánica. Eran los esenios y los primeros cristianos. Los autores de los rollos emplean términos comunes con significados especiales. La palabra verdad, por ejemplo, emet en hebreo, se refiere a sus propias doctrinas: hombres de la verdad, los que recorrieron el camino de la verdad, y no a la verdad en general. El sacerdote impío era el sacerdote rival. La mujer en un matrimonio esenio era virgen antes de su primera ceremonia de boda, y si en esta época de noviazgo quedaba embarazada, se podía decir que una virgen había concebido. Los ángeles son hombres del rango de levitas, ya que se creía que los sacerdotes y los levitas eran la encarnación de seres celestiales, dioses y ángeles. Los sacerdotes de rango inferior eran espíritus. El lenguaje simbólico generará futuros problemas semánticos en los exégetas cristianos. Las palabras terminarán significando lo que deseamos que signifiquen, y no siempre nos entendemos hablando el mismo idioma. No se puede obviar la técnica del pesher que equivale a interpretación, significado, comentario y explicación en su texto y contexto histórico cultural determinado.

Todos los sacerdotes de la familia de Anás usaban los títulos de Padre y Dios, porque se entendía que actuaban como encarnación de Dios al recibir limosnas y plegarias, y al bendecirlos en nombre de Dios. En este contexto se podría entender aquella frase de Eleazar Anás: Debo participar de acuerdo con las doctrinas de mi Padre.

El tímpano occidental de Santa Fe de Conques

Se representa el Juicio Final. La figura poderosa de Dios Juez centra la escena,

que incluye grupos de personajes cuya animación no queda disminuida por su

disposición plana.

Según la teóloga Barbara Thiering, 1995,"María, José y Jesús eran personas reales y miembros de un movimiento religioso que combinaba ideales elevados con prácticas estrictas. Vivían una vida humana real, y su vida religiosa participaba activamente del desarrollo histórico de su secta. Si se han transformado en imágenes religiosas, en personas irreales, ello debe atribuirse a la imaginación humana más que a la realidad; y esto no es de extrañar, ya que se trata de un proceso bien conocido en los asuntos humanos. Para unos, las imágenes satisfacen una necesidad, y cuestionarlo sería doloroso; para otros, ir más allá de las imágenes para encontrarse con la realidad representa una etapa de crecimiento". (46).


 

UNA MUERTE FRUSTRADA

 

Cuando se subió a Jesús a la cruz, se le ofreció, según Mateo, vino mezclado con veneno (vinagre, vino descompuesto), pero lo rechazó. Después de las palabras del salmo: "Dios mío, Dios mío, ¿por qué me has abandonado? -quizá, una increpación a Anás por su traición- aceptó la bebida con veneno que lo dejó inconsciente, "entregó el espíritu". Atados al madero, la circulación bajaba y se les dañaban los órganos internos; era una agonía larga, lenta y cruel en extremo. El veneno mezclado con vino se ofrecía para terminar, pronto, los intolerables sufrimientos. Según la teóloga australiana, Jesús no murió en la cruz, sino que se recuperó de los efectos del veneno y permaneció con ellos, se casó con María la Magdalena y tuvo hijos. Una tumba vacía no comprueba una resurrección. El entusiasmo del día de la Pascua sólo prueba que los discípulos creían en la resurrección, argumento sicológico. Los Evangelios se contradicen en la narración de los hechos de la tumba vacía. La historia de la resurrección, sigue diciendo, fue propagada por un hombre que entiende bien la necesidad religiosa de un mito. Así, se podría atraer a gentiles, que creían en la idea helenística de la inmortalidad del alma. Ya Nietzsche hablaba de la dificultad de leer y de entender los Evangelios.

"El que tiene miedo necesita de quien depender, como el débil de un soporte. De ahí que ya el espíritu primitivo creó la doctrina religiosa, encarnada en el mago y el sacerdote, a causa de la más profunda necesidad psicológica. Extra Ecclesiam nulla salus (fuera de la Iglesia no hay salvación) sigue siendo hoy una verdad válida para quien pueda volverse y prenderse a ella. Para los pocos que no pueden, sólo queda depender de un ser humano: una dependencia a la vez más humilde y más orgullosa, un soporte más débil y más fuerte, diría yo, ¿qué decir del protestante? Él no tiene iglesia, ni sacerdote, tiene sólo a Dios, pero Dios mismo se le torna dudoso". (47). En honor a la verdad también hay que decir que dentro de la Iglesia tampoco hay salvación, sino esclavitud impuesta por los mitos, los dogmas y los prejuicios y estereotipos ancestrales.

"Las antiguas religiones, con sus símbolos ridículos y sublimes, benévolos y siniestros, no nacieron del aire sino de esta alma humana que también ahora, en este momento, vive en nosotros. Todas esas cosas, esas formas primordiales, viven en nuestro interior, y en cualquier momento pueden irrumpir con violencia, especialmente en forma de sugestión colectiva, contra la cual el individuo está indefenso". (48).

Cuando Jung habla del alma se refiere a la psique humana. Nuestra sicología consciente individual surge de un originario estado de inconsciencia y por lo tanto de indiferenciado como si fuera una participación mítica, la consciencia de diferenciación en una tardía adquisición de la humanidad; y la diferenciación es la condición esencial de la conciencia, según Jung.

Riesman en La muchedumbre solitaria nos recuerda la tipología por el factor direccional: los dirigidos por la tradición, los dirigidos por los otros, y los auto-dirigidos. Sólo éstos últimos marcan sus propias metas y seleccionan los adecuados objetivos para alcanzarlas. Otros programan, para los teledirigidos (por la tradición y por los otros), las metas y los objetivos con subliminales símbolos e imágenes arquetípicas; se fija así su infantilismo y ausencia de crecimiento, el hombre masa manejable.


 

SE DESCUBRE LA TUMBA DE JESÚS

 

Seis urnas funerarias están ocultas en el Departamento de Antigüedades de Israel y en una de ellas, grabada en cincel, se lee: "Aquí descansa Jesús, el hijo de José". Las restantes pertenecen a María, José, María Magdalith, Mateo y Judás, hijos de Jesús. Se trata, parece ser, de los osarios del Redentor y de la Sagrada Familia, según el arqueólogo Dubois. Es cierto que todos esos nombres son muy comunes en tierras bíblicas, es la combinación de tales patronímicos lo que llama fuertemente la atención. No era una tumba de plebeyos que se enterraban en fosa común, sino un sepulcro elegante, pero que no estaba situado en el Monte de los Olivos, como correspondería a su rango, sino en el borde del desierto, en tierra de renegados. Podría ser que el Sumo Sacerdote los considerase herejes, motivo suficiente para que no reposasen en la comunidad hebrea aquellas osamentas. Yosef Gat, el descubridor, en Archeological News, determinó que las urnas datan del año 70 de la era cristiana, cuando el Templo de Jerusalén fue destruido. Sólo queda probar la identidad genética de los huesos a través del ADN. Dos meses después del hallazgo, Gat moría de un fulminante ataque al corazón.

 

El retablo del cordero místico

Pintado por los Hermanos Humberto y Jan Van Eyck para la Iglesia de San Bavón

de Gante por encargo del regidor Joos Vijd, quedó terminado en 1432. La belleza

de las figuras se realza con las ricas telas y los paisajes que sirven de fondo. Esta

obra es el paradigma de toda la pintura de la escuela flamenca pues en ella se

dan las principales características de dicha escuela: la sensación de profunda

perspectiva, que consiguen, por ejemplo, con la ayuda de líneas convergentes en

un punto lejano; el uso de la pintura al óleo que les permite una mejor miniaturización,

y la maestría con que saben reflejar los detalles de los objetos.

Este rutilante descubrimiento de que Jesús fue enterrado junto a sus familiares, como cualquier hidalgo hebreo, significa que no murió en la cruz, que su resurrección podría ser un mito y que los demás dogmas de la Iglesia pertenecerían también al pensamiento mítico. Se confirmaría la tesis de que Jesús se habría casado con la Magdalena y tenido hijos, como afirman hoy día algunos teólogos cristianos, a manera de ejemplo, la australiana Barbara Thiering, en su libro Jesús, el hombre.

La figura de Jesús desata hoy en el mundo científico mundial furiosa polémica, como le sucedió en su tiempo, al predicar la Buena Nueva en los montes de Galilea: ¿Dios o apóstata? ¿Profeta o blasfemo? ¿Santo o impostor?

Los seis osarios fueron hallados en el barrio de Talpiot, al sureste de Jerusalén en el 1980, pero, por motivos múltiples y no claros aún, no se les ha podido aplicar la prueba de ADN, que cambiaría en 180 grados la historia del cristianismo y desmoronaría todos sus dogmas. Pablo de Tarso había dicho: "Si Cristo no resucitó, vana es vuestra fe", I Cor. 15,14.

Según el investigador bíblico John Crossan, el auténtico Jesús fue un predicador campesino que defendía la resistencia pacífica frente al dominio romano y que criticaba el servilismo de las clases altas judías, especialmente de los fariseos, además del materialismo de su entorno. Para el filósofo alemán Bloch, no fue el Sermón de la Montaña, sino la promesa de la vida futura, la vida eterna, la que garantizó el triunfo del cristianismo, religión de pobres que se consolaban con el más allá. Pedro, según Ludermann, sería el urdidor de la historia de Jesús resucitado con la consiguiente sugestión colectiva del pueblo cristiano. La historia real de Jesús ha sido siempre oscurecida por mitos y dogmas fundamentalistas. Y lo que hoy leemos y creemos en muy poco coincide con lo que realmente sucedió; se trata de una nueva realidad transformada, tergiversada, mitificada. "Aquí descansa Jesús, el hijo de José", epitafio orlado por una cruz en forma de trébol. (49).

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

REFERENCIAS BIBLIOGRÁFICAS

1.- La letra ennegrecida ("bold") de las citas textuales es siempre, a través de este trabajo, del autor del mismo.

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